
Vicentín, tortillas y mondongos
Vicentín no es una tasca gallega especializada en tortillas y mondongos. Como el Vicentín de La Coruña.
Vicentín no es una tasca gallega especializada en tortillas y mondongos. Como el Vicentín de La Coruña.
21 de junio de 1980. Me entregaban, en Editorial Losada, calle Alsina, el primer ejemplar.
Escenario de pugna ideológica entre degradados. Populistas y neoliberales unificados por el fracaso. Destino común.
Circulación escandalosa de listas de espiados. La banalidad agregada del “espionaje a los propios”.
Con la severa agudización de la desigualdad. Con la nostalgia por la grandeza perdida que nunca existió.
Las elecciones legislativas se imponen como el chequeo general que examina el estado de un gobierno.
La sociedad eligió, para representarla, a los sinvergüenzas. Son más confiables.
“Estar cerca del Presidente es mejor que ser ministro del Presidente”.
En la mitad del río colmado de pirañas, Alberto no puede cambiar. Jugado con las teorías equinas de Guzmán.
Pese a la sensibilidad del sector más lícitamente asustado de la población.
El estancamiento compulsivo de la sociedad dejaba pronto de ser un instrumento. Para ser el objetivo.
La prioridad consiste en salvar vidas. Acto reconocido de grandeza. La economía, después de todo, ya es una causa perdida.