Diplomacia interna para lo que queda del gobierno de transición
El gobierno de La Doctora que preside Alberto Fernández ya casi no existe. Es un paréntesis que se cierra paulatinamente.
El gobierno de La Doctora que preside Alberto Fernández ya casi no existe. Es un paréntesis que se cierra paulatinamente.
El desastre es colectivo. La mala política es sepultada por la catástrofe de la economía.
Con la sucesión de goles en contra, el congelamiento de precios y hasta el caos inmobiliario mapuche, los peronistas van...
Los despelotes internos transcurren durante la hegemonía de la peste, que diluye hasta los fracasos.
Sorprende el reclamo de la Intervención Federal.
En plena peste. Es una tontería, más que un acto de mala fe.
Para llamar a elecciones anticipadas o anunciar, en marzo, el desembarco popular de La (Agencia de Colocaciones) Cámpora.
Con la cesión del rango, La Doctora queda estampada como la lideresa de la Revolución Imaginaria.
En vez de sentar las bases vulgares del capitalismo tolerable, prefieren ahuyentan a los inversores que tampoco existen.
Los gobernadores también lo empoderan. Con la tecnología del silencio. Estampados en la pared.
La multiplicada centralidad de la miseria venció, con amplitud, a la estética de la producción.
Ya no le sirve -Alberto- ni a La Doctora ni a Clarín. Y faltan más de tres años.
Multiplicados peronistas quedan fuera del juego y con la medialuna enarbolada. Sin tazas donde mojarlas.
ALberto es de inmanencia peronista pero de escenografía radical. Un epígono voluntario de Raúl Alfonsín.
Buenos Aires, La Provincia Inviable, marca otra vez la diferencia.