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El poder vuelve a estar vacante

La Santacrucificación Nacional va “por todo” hacia el abismo.

Jorge Asis - 3 de julio 2012

Editorial

El poder vuelve a estar vacanteescribe Jorge Asís
especial para JorgeAsísDigital

París

– ¿Qué sentido tiene para Cristina destruirlo a Scioli?

Place Dauphine. En la Isla de La ciudad. Ni la «rive gauche» ni «la droite». En el centro, entre dos brazos del Sena.
La derecha de la izquierda y la izquierda de la derecha.
Es el lugar exacto para hablar, entre amigos, de «asuntos internos» del peronismo. Con algún francés presente, bastante informado sobre la Argentina.
La pregunta, después de todo, es previsible. La avanzada extra(ordinaria) del cristinismo sobre Daniel Scioli, el gobernador de la provincia (inviable) de Buenos Aires, y -sobre todo- Líder de la Línea Aire y Sol.

En trazo grueso, explico, transcurre algo más ordinario que la propia ofensiva. Ningún desafío conceptual para la ciencia política.
Se trata de la lucha, demasiado anticipada, por el poder, que vuelve a estar vacante.

Final de la Monarquía Democrática

Cristina, Nuestra César, tiene que irse, invariablemente, en 2015.
Es la protagonista, y la víctima principal, de la dinámica de funcionamiento impulsada, oportunamente, por Néstor Kirchner. El Furia, su marido extinto.
El ejercicio del poder que no admite la gestación de continuadores.

El ejemplo inspirador, en la dinastía, es Santa Cruz.
Después de doce años de hegemonía, los Kirchner dejaron una provincia arrasada. Imposible de ser manejada a la distancia. Ni a través de Acevedo, que tuvo un tardío brote de dignidad. De Sancho, «El Pavo», ni del esquivo Daniel Peralta.

El poder vuelve a estar vacanteLa «Santacrucificación nacional» del kirchnerismo logró imponer la democracia monárquica, electoralmente legitimada. Pero que no admite siempre las extravagancias imaginativas para la sucesión. Como aquella audacia concretada de El Furia, quien en 2007, ante una sociedad entregada, con la clase dirigente con los pantalones bajos, se atrevió a delegar el cetro en su señora esposa, que es, desde entonces, Nuestra César. Ampliamente reelecta, en 2011. Como consecuencia involuntaria de la muerte de quien se disponía a recuperar el trono.

Ocurre que la dinastía de los Kirchner está agotada.
No hay lugar para más extravagancias. Nadie se encuentra en condiciones sanguíneas de heredarla.
Ninguno de los chicos. Bastante grandulones para la vida, sin el menor encanto para la política. Aunque se obstinen en presentarlo al pobre Máximo como el jefe político imaginario de La Cámpora. La gravitante estructura integrada por un conjunto ambicioso de ganadores de sueldos.

Tampoco Alicia, la cuñada de Nuestra César, contiene atributos que resulten cautivantes para los desconcertados numerólogos del Frente Encuestológico de la Victoria.
Ante la cercanía de la abdicación, los merodeadores vocacionales de la corte instalan la necesidad de encarar una reforma constitucional. Artilugio que sólo se entiende como lo que es. La manera de preparar el territorio para la reelección de Nuestra César. Demencia que a los ganadores de sueldos, y portadores de ventajitas, les garantice, si no la eternidad, por lo menos cuatro años más de continuidad. Para la consagración del modelo ilusorio.
El disparate es movilizado por la desesperación de los que sienten que el poder se les diluye. Y que se tienen que ir. En el mejor de los casos, hacia sus casas.

Riesgo Scioli

El poder vuelve a estar vacanteEs aquí donde emerge, precisamente, el riesgo Scioli.
Aunque se esmere hasta la sobreactuación, y exhiba enternecedoras muestras de lealtad, Scioli es detestado en la corte.
La diferencia se acepta apenas en el marketing del plano sexual. Pero la diferencia se rechaza en el plano político.
Misteriosamente, como consecuencia acaso de su «fe, esperanza, e ir siempre para adelante», fotografiado con Tévez, Moyano o Montaner, el Líder de la Línea Aire y Sol registra aún altos índices de aprobación.
La vigencia de Scioli, para el cristinismo, representa el fracaso del modelo (que no existe). Aunque Scioli se obstine en representar la fantasía. E invoque pruebas innecesarias de su acompañamiento, en las peores circunstancias.
Como le dijo Sergio Massa:
«No nos quieren, Daniel, resígnate, ni a vos ni a mí».

Por lo tanto Scioli, para el cristinismo, tiene que ser irresponsablemente exterminado. Aunque, en la destrucción eventual, caiga también la provincia inviable. Y al «ir por todo» se suiciden. Y se deslicen por la generosidad del abismo.

Place Dauphine

El poder vuelve a estar vacanteQue se lo quieran cargar a Scioli, por ser considerado el enemigo, vaya y pase. Es hasta aceptable, explico en la terraza que da a la Place Dauphine. Un tema de ellos, interno. Se espantan de su propia creación. Pero nada justifica que estos animales vayan contra la integridad de la provincia de Buenos Aires.
Al articulista aquí le brota, inexorablemente, Avellaneda. Ciudad natal.
Lo peor es que la devastadora ofensiva contra Buenos Aires es instrumentada por los bonaerenses del gobierno. De aplauso fácil. Obedientes que aprueban, genéricamente, y sin mayor convicción, los caprichos de la dinastía en retirada. Parecen estar, incluso, de adorno.
Desde Julio Alak, que administró La Plata, durante varios lustros. Hasta Julián Domínguez, que tiene el proyecto de gobernar la provincia. O Florencio Randazzo, que fue el baluarte que tuvo Felipe para destruir, por orden de Kirchner, a Eduardo Duhalde, el enceguecido que posibilitó la Santacrucificación que agoniza.
Duhalde -explico- fue el último hombre fuerte que aceptó gobernar Buenos Aires, con la garantía financiera que no cuenta el gobernador actual.
Dos millones de dólares diarios del Fondo del Conurbano. Puede testimoniarlo Aníbal.

El poder vuelve a estar vacanteDe todos modos, la ofensiva berreta sobre Scioli sirve también para discutir la cuestión esencial. La ecuación Nación-Provincia de Buenos Aires.
El federalismo, a mi criterio, debe reconstruirse a partir (y desde) la provincia de Buenos Aires, que representa el problema nacional.
Y los gobernadores deben instruir, a sus senadores y diputados, para acabar con la Ley de Emergencia Económica.
Es el instrumento de tortura que facilita los suplicios. Y que legitima que los gobernadores, con los calzones bajos, deban esmerarse para cobrar aquello que simplemente les pertenece.
Agrego: Si la Argentina se encuentra en «Emergencia Económica» es sólo porque está gobernada por una manga de irresponsables.
Otros, más enfáticos, aportan, para identificarlos, adjetivos más fuertes.

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