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El destino de Los Inmolados

La onda de degradar a los opositores. Binner, Alfonsín, Rodríguez Saa, Duhalde, Carrió, Solanas.

Oberdan Rocamora - 30 de mayo 2012

Artículos Nacionales

El destino de Los Inmoladosescribe Oberdán Rocamora
Redactor Estrella, especial
para JorgeAsísDigital

El hit del otoño consiste en maltratar deportivamente a «la oposición».

La imposibilidad de superar al gobierno -vice-presidido por Boudou- produce la fácil conveniencia de degradar, en bloque, a «los opositores».
«La sociedad harta que espera» (cliquear) dista de perdonarles que no sepan representar la magnitud del hartazgo, mal complementado por la ansiedad.

Pero «los opositores» que, en octubre de 2011, compitieron con Nuestra César, se inmolaron.
Y el destino de Los Inmolados no es precisamente brillante.
«La sociedad harta» ni siquiera les reconoce el valor de haberla enfrentado. Repaso.

Laberinto de Binner

Hermes Binner, el John Wayne de «El Hombre Quieto», el segundo distante, es de los que registra mayores signos de vitalidad.
Subsiste en un laberinto, con ostensibles dificultades para moverse.
Debió haberse convertido, numéricamente, en el «líder de la oposición». Y conformarse por haber impuesto, en Santa Fe, como sucesor, al gobernador Bonfatti, El Pelado.
El destino de Los InmoladosPero por la virulencia presupuestaria, y por impulsos derivados de la voluntad, Bonfatti se esmera en el acercamiento explícito con Nuestra César. En el país del falso federalismo, la cordialidad le permite abonar puntualmente los sueldos. Aunque deba exhibirse, de manera aprobatoria, en las kermeses improvisadas por el poder central.

La excesiva dependencia estructural condiciona el comportamiento de Binner. Se le diluye la jefatura conquistada. Le queda grande la chapa del líder (le queda, en realidad, imposible).
El Hombre Quieto, en el laberinto, tiene que escoger. Entre proyectar su figura contestataria, y alejarse del gobernador, en desmedro de su provincia. O arrugar, como corresponde, para no arriesgar la integridad cotidiana de Santa Fe.
Es como si Binner fuera, en definitiva, otro Scioli. Pero sin la ficticia ventaja de cobijarse dentro del oficialismo.
Triunfa la prudencia. Entonces Binner se queda quieto. A Nuestra César no se la puede inquietar.

Aparte, si Binner abre la boca de más, o si Bonfatti no la aplaude con dignidad, el Frente Demoledor de la Victoria le aplica la mayoría parlamentaria. Angustias del socialismo real.
Se explica que Bonfatti pase inadvertido entre las delirantes alocuciones presidenciales. Como si fuera otro Uribarri, Gioja, o un Béder Herrera más. Del montón.

La Perrada

El destino de Los InmoladosEl tercero, Ricardo Alfonsín, El Alfonsinito, tampoco pudo reponerse.
No sólo por la desastrosa alianza con Francisco De Narváez, el Caudillo Popular, el efímero vencedor del 2009.
(Narváez se encuentra en condiciones de disputar el cetro del político desperdiciado. Con verdaderos titanes del derroche como José Octavio Bordón, o Ricardo López Murphy. Saldos y retazos de admirables capitales personales).
El Alfonsinito se desgasta entre las contradicciones de su identidad, perfectamente explotadas por el cesarismo.
Mientras tanto se impone, en el partido radical, la desertificación conceptual.
Y gracias al desastre de Boudou, El Descuidista, emerge, paulatinamente, el Cleto Cobos.

Aún sin estridencia -y ante el estupor mayoritario- algunos radicales de La Perrada estudian enrolarse en el macricaputismo.
Imantados, incluso, detrás de Mauricio Macri, El Niño Cincuentón que tuvo, en 2011, el dudoso acierto de recular. Sin inmolarse todavía.
Hoy Mauricio produce, insólitamente, mayor entusiasmo entre los radicales en banda, que entre La Perrada de los peronistas desencantados. Los disidentes con Nuestra César (sobre todo porque no los llama).

El destino de Los InmoladosEl cuarto, Alberto Rodríguez Saa, el Artista Plástico promisorio del Estado Libre Asociado de San Luis, sobrevive capitalizado por un mérito gigantesco. Nada tiene para perder.
Espera insistir en el 2015 (o cuando sea). Se dedica al embellecimiento imposiblemente personal. A forjarse un físico esbelto. Y contenerse con la actuación teatral.

La caída de Cartago

Por su parte Eduardo Duhalde, el Piloto de las Tormentas (generadas), auténtico fundador del kirchnerismo nacional, opta, como Nuestra César, por el aislamiento.
Pero en el pozo inerte de la derrota. Sin deparar, siquiera, el misterio de ninguna sorpresa.
Como un magrebí, después de la Caída de Cartago. Ante los escombros del imperio que se intentó forjar.

Las elecciones, en la democracia argentina, se inventaron, en el fondo, para que Jorge Altamira exhiba los atisbos de su formación dialéctica, por los canales de cable. Con mayor encanto, incluso, que el realizador Fernando Pino Solanas, el peronista cinematográficamente cultural, que se redescubre en las dificultades del progresismo.
Solanas es otro Macri, pero de izquierda. Que desistió de ser candidato a presidente y tiene que explicar demasiado la jugada.
Y quien explica, en política, pierde. Sobre todo después de las caídas de Cartago.

Debajo de la promoción, en descenso directo, cierra la serie el Cartago personal de la señora Elisa Carrió.
«La empresaria de la demolición que no sabe nunca qué hacer con los escombros que produce».

El destino de Los InmoladosDespojada, traicionada. Soberbia en el derrumbe, Carrió prosigue con los compilados auto-referenciales.

«El fenómeno Carrió tiene que ver con la predicación», como describe técnicamente Ignacio Zuleta.
«Como una oradora sagrada del siglo Diecinueve. Es un fenómeno cultural, que utiliza los medios, pero para influir políticamente».

Oberdán Rocamora
para JorgeAsisDigital.com

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