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Fales robados en las favelas de Río

General Pozzi. General Milani. El suicidio del sargento Solis. El Ejército en problemas.

Jorge Asis - 10 de marzo 2011

Artículos Nacionales

Fales robados en las favelas de RíoBatallón de arsenales 603 San Lorenzo, Fray Luis Beltrán, Santa Fe.
Es donde se afanaron 400 fusiles. «Fales» confirma la Garganta.

La desaparición de los Fales derivó en el pretexto utilitario. Para desprenderse del General de Brigada Alejandro Luis Pucheta.
Pucheta es (era) Jefe del Comando de Adiestramiento y Alistamiento. Pero antes estaba a cargo de los Arsenales.
Hasta hoy nadie se hace cargo del afano. Se lo factura a la gestión Garré, en el ministerio de Defensa. Pero salpica también la gestión Puricelli, el sucesor.

El doctor Marcelo Bailaque, que se encuentra a cargo del Juzgado Federal Nº 4, de Rosario, mantiene la competencia jurídica en el escándalo contenido.
El jurista -Bailaque- tiene que evaluar, por si no bastara, las características de un suicidio. Casualmente, del encargado del depósito, adonde se apilaba el armamento a afanarse.
El sargento Hernán Diego Solís fue autocondecorado con un balazo en la cabeza. Tenía dos hijos.
Fuentes extrajudiciales indican que, antes del extremo límite de cohetearse, Solís habría producido un documento revelador. Se presume que, con frases claras y dolientes, Solís decidió clarificar las causas de semejante determinación. Infortunadamente, el Portal aún no tuvo acceso a la misiva. El juez Bailaque la guarda, dicen, celosamente.

Degüellos

El pobre Puceta, hasta diciembre, era un coronel feliz. Había ascendido recientemente a General. Por indicación del General Luis Alberto Pozzi, mal apodado el «De Vido de Bendini».
Es -Pozzi- nominalmente Jefe del Estado Mayor General del Ejército.
Pozzi no clausura el reprochable hábito de facilitar la baja, o el pase a la disponibilidad, de los generales que le fueron más leales. Cercanos.
Antes, con información producida, le habían volteado otros dos generales que le respondían. Degollados por distintas relaciones políticas.
A Prieto Alemandi, sin ir más lejos, lo rajaron por haber compartido un presunto café con el vicepresidente Cobos. Hoy Prieto riega nostálgicos geranios en su balcón.
Fales robados en las favelas de RíoA Bruera, alias Tanguito, lo desplazaron por duhaldista.
Aún suele evocarse, en las tertulias de casinos, cuando la señora ministro Garré, mal apodada la Ministro Cabernet, lo cruzó, a Tanguito, en algún ágape social. Le dijo:
«Muchos asados usted con el Momo Venegas. Mucho asado».
Y dicen que Bruera le respondió:
«Pero ministro, yo fui adonde usted me mandó. Acuérdese».
Era inútil, Tanguito ya estaba perdido. Carecía de perdones.

Política de exportación

Trasciende que los «Fales» robados reaparecieron entre las favelas dramáticas de Río de Janeiro.
Fue después del copamiento militar del ejército brasileño. Con armamento tan sofisticado como el vestuario.
Por instrucción de la presidente Dilma, los militares brasucas se disponen, con arrojo, a persuadir, a su sociedad, que aún sirven. Para algo. Menos virtual que para el estudio de alguna hipótesis de conflicto (ya nunca más con la Argentina, porque cuesta tomarla con seriedad).
Para resolver un conflicto, es necesario, en principio, asumirlo.
La plaga del narcotráfico carcome a la sociedad brasileña. Se devoraba al Estado. Lo exterminaba.
Para actuar, en Brasil no hacía falta criminalizar la falopa. Para parafrasear el lineamiento humanitario del combate nacional.

La reaparición de los fusiles santafesinos, entre las favelas cariocas, deja a la Argentina, como país, para la misma miseria. Se comporta como una vecina escasamente confiable.
El escándalo (aún contenido) mantiene la magnitud del despelote generado por aquellos fusiles tristemente noventistas. La chatarra aparecida en Ecuador.
Llamativa política de exportación. De Estado, signada por la coherencia.

Yo no fui

Fales robados en las favelas de RíoAl enterarse de los escándalos, que tornan algo entretenida a la institución devastada que nominalmente conduce, Pozzi suele colocar el grave rostro de «yo no fui».
Del perro al que aman compulsivamente, mientras mira poéticamente hacia la luna.
Dista Pozzi de ser el portador meticuloso de información clasificada. Adicción que caracterizó a varios de los antecesores.

«Milanesa lo pasa al cuarto a Pozzi, lo puentea», confirma otra Garganta.
En los altos niveles del Ejército devaluado, lo apodan Milanesa al General César Milani.
Es -Milani- el titular de Inteligencia. Crédito del Portal. Desde aquí siempre se apostó por su consagratoria evolución.

La pasión por la permanencia instiga a Pozzi a evitar, razonablemente,  la gestación de las olas mediáticas. Pueden arrastrarlo.
Aunque difícilmente Pozzi pueda durar hasta más allá de mayo. Es cuando le vence el Plazo Fijo otorgado por Milanesa. Ver «Los Campos» (cliquear).
Sin embargo, merced a la divulgación interesada del Portal (que aquí se juega frontalmente para Milani), tal vez el Ministro Puricelli prefiera mantenerlo activo a Pozzi. Aunque no le sirva para atajar ningún penal.

Juntitos juntitos

Pero son Pozzi y Milani, los dos juntitos, los que hoy hacen la plancha.
Por ser el Ejército una institución nada gravitante, aún les alcanza, a Pozzi y Milani, para quedarse. Aunque ambos hayan propasado (juntitos) su propio límite.
Los Fales robados que emergen de las favelas impiden que puedan quedarse -juntitos, juntitos- lo más panchos.
Fales robados en las favelas de RíoEl escándalo surge en la gestión Pozzi. Es políticamente el responsable. Pero debe aceptarse que Inteligencia tiene también que pagar, de vez en cuando, alguna factura. Asumir sus responsabilidades.
La tarea de prevención tendría que ser, al menos, tan importante como el lúdico espionaje interno.
Las desgastantes «caminadas», casi absurdas, sirven, apenas, para saber con quién come determinado General. Con quién se acuesta determinado ministro. Por qué al funcionario ascendente lo llaman Balín y se encierra en un cuarto del Hotel Intercontinental, con otro hombre. O quién, en definitiva, gorrea a tal almirante.
Mientras tanto, dispendiosamente, desde los generosos buracos del Estado, se afanaba con transitoria impunidad. Los cientos de Fales. Para los narcotraficantes baratos de las favelas que envenenaban al pueblo del Brasil.

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