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Construcción colectiva de La Celebridad

Mariano Macri lo raspa a El Ángel Exterminador. Como lo raspa la Croacia de Bolivia o el Correo.

Carolina Mantegari - 20 de julio 2021

El Asís cultural

Construcción colectiva de La Celebridadescribe Carolina Mantegari
del AsisCultural, especial
para JorgeAsisDigital.com

1.- Espera del Operativo Clamor

Arriesgar la tesis:
El Hotesur del Correo, el espionaje disparatado, la Croacia de Bolivia y el rencor de Mariano, raspan apenas a Mauricio Macri, El Ángel Exterminador.
La conclusión se inspira en el método de construcción política del personaje de referencia.
El Ángel desconcierta a los profanos. Nada tiene en común con la concepción del liderazgo tradicional. Ni con el arte de conducir.
Lo suyo dista de ser la jefatura estricta del territorio.
Ni la fortaleza que brinda el manejo de cientos o miles de funcionarios.
Tampoco por el brillo de la oratoria ni por el respeto reverencial que proporciona el prestigio. Al contrario.
Lo que resulta sustancial para cualquier político del montón aquí se reduce a un detalle menor.
El Ángel construye poder político (o lo pierde) desde su condición de Celebridad.
Mientras se aparta, el Ángel paciente espera el Operativo Clamor.
No quiso ser diputado por el Maxikiosco ni senador por Córdoba.
«Presidente o Nada».

2.- Autoritario perfecto

Mariano Macri se presenta como su víctima.
Trata de demoler aquello que precisamente a Mauricio lo caracteriza. La condición de “Exterminador”.
Es lo que, en simultáneo, lo sostiene. Y hasta lo legitima.
Construcción colectiva de La CelebridadUn vacilante Mariano lo masacra a Mauricio en “Hermano”, breve ensayo confesional de Santiago O’Donnell.
O lo desenmascara, en el bisemanario Perfil, durante la entrevista prolongada del pensador Jorge Fontevecchia.
Pero a través de Mariano, tanto O’Donnell como Fontevecchia, explican a Mauricio. Lo traducen.
“O estás conmigo o sos mi enemigo”, sintetiza Mariano con dramatismo. Lejos de degradarlo, a Mauricio lo complementa. “Defrauda como socio. No cumple como político”. Consta que hasta fue cruel con Franco, el Macri que valía, su padre. Significa que lo promueve como el autoritario perfecto.

Lo que destruye a cualquier ser vulgar, a la Celebridad le resbala.
O se le perdona. Porque la Celebridad absorbe el efecto negativo hasta anularlo.
Cualquier ciudadano que lícitamente lo detesta y suplique por verlo preso, se interesará por saber cómo será su vida cotidiana en la cárcel.
Por saber qué come. Cómo duerme. Si tal vez sufre.
Mientras tanto se espera la reconquista de la libertad. La ceremonia fría de la revancha.
Es el privilegio, tal vez la ventaja, de ser Celebridad.

3.- Costa Esmeralda

La acumulación de desventuras coyunturales del Ángel induce a imaginarlo con la desesperación del varado.
Ansioso por la necesidad de ingresar al avión en el aeropuerto de Zurich para regresar a la patria.
Pero la Celebridad dista de distraerse en la fundación utilitaria de la FIFA.
Construcción colectiva de La CelebridadSe encuentra en la plácida reposera del yate blanco que bordea la Costa Esmeralda.
O en el Resort situado frente a una playa de Cerdeña.
Con la familia cerca (la interna principal está controlada).
Sin descubrir a la argentina ligeramente despreocupada (que lo votó) y lo contempla sin saludarlo. Con los senos al sol.
Para convertirse en la fuente de la cronista lejana que, desde el invierno de Buenos Aires, se ocupa de las penurias amontonadas de la Celebridad.

4.- El Producto Desperdiciado

En su momento, Oberdan Rocamora supo definir a Mauricio Macri como el “Buen Producto Desperdiciado”.
Debían agregarle al producto sustancialidad política.
Pero se conformaron con los “focus”, con el marketing, y con cumplir con la agenda lamentable de los grandes medios.
Reiterar las características del producto desperdiciado mantiene un sentido relativo.
Basta con esbozar el aspecto físico del galán maduro.
Sexagenario conservado con esmero que se inclina por la modernidad liberal de occidente.
Con los datos de la biografía que admite el costado deportivo.
La consagratoria presidencia de Boca Juniors que le facilitó el unánime reconocimiento nacional.
La condición de secuestrado. La portación de romances con mujeres fosforescentes.
El arrastre familiar de la riqueza generada por el padre italiano, diseñado aún como un Padrino.
Construcción colectiva de La CelebridadAunque El Macri que valía haya sido el astuto emprendedor con prestancia de visionario, que conocía los secretos de asociarse con el Estado.
O tal vez era un Palo Blanco, solo cuando correspondía. Como en el inicio del Correo.

5.- La gracia de ser inmune

A la Celebridad no lo sepulta el misterioso negocio con linaje familiar.
“Kirchner nos expropió los activos y nos clavó con los pasivos”.
O el sistema inofensivo de delación informativa confeccionado por improvisados.
O el servicio puntual, en materia de recursos, a las autoridades del país que lo favoreció con el préstamo inútil que sirvió para paralizar al gobierno del adversario.
O con el odio obsesivo de Mariano que desprecia al Ángel como a Gian Franco, el otro hermano. Ocurre en muchas familias, aunque no sean icónicas.
En especial mientras se disputa el poder familiar. Cuando el Macri que de verdad valía, por envejecimiento, dejaba el liderazgo vacante.

Tampoco a la Celebridad lo afecta el distanciamiento, aún no explotado mediáticamente, con el “amigo de la vida”.
El solidario que le administró hasta la financiación de los divorcios, y mantuvo a las ex mujeres en el ámbito de la confidencialidad.
O se movilizó, con vueltas infinitas, con un portafolio colmado, para liberarlo del secuestro.
Una relación histórica con millones de dólares de por medio que atraviesa un escenario transitorio de desencuentro, espantosamente real o simplemente tergiversado.

Construcción colectiva de La CelebridadA la Celebridad, en definitiva, le corresponde la extraña gracia de ser casi inmune. Que la adversidad acumulada apenas lo raspe.
Es la lógica consecuencia de la construcción colectiva de los que siguen su trayectoria con curiosidad, rencor o envidia.
Fuentes -todas- de inexorable atención.
Al cierre del despacho, otro amigo lo reclama para contenerlo por los posibles efectos de las declaraciones de Mariano al pensador Fontevecchia.
“Que diga lo que quiera, hay que dejarlo que hable, importa un…”.

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