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La candidez de Voltaire

Alberto, con Zapatitos, desafía a Claver Carone y a Donald Trump.

Osiris Alonso DAmomio - 9 de agosto 2020

Artículos Internacionales

La candidez de Voltaireescribe Osiris Alonso D’Amomio
Geopolítica, especial
para JorgeAsisDigital.com

En diplomacia, las reglas no escritas carecen de validez.
La importancia tradicional funciona hasta que deja de funcionar.
Es el caso del BID, Banco Interamericano de Desarrollo.
Desde 1959, la presidencia del BID es ocupada por latinoamericanos.
Pero para la renovación de autoridades del 11 de septiembre, Donald Trump, The Fire Dog, decidió que el candidato a presidir sea Mauricio Claver Carone, El Cubanito.
Es Claver Carone el norteamericano que conoce la región.
Es hijo de cubano. Para la izquierda castrista un “gusano”. Atributo perceptible en sus posturas sobre la divisoria Venezuela.
Destruido país, Venezuela emerge como una fuente permanente de conflictos para la Argentina de Alberto Fernández, El Poeta Impopular.
Quien para colmo presenta a su propio candidato para presidir el BID.
Se trata de Gustavo Beliz, Zapatitos Blancos, máximo cultor del honestismo.
Zapatitos lució sus magníficas dotes para la transparencia en el gobierno transformador de Carlos Menem, El Emir. Fue fundador de Nueva Dirigencia.
Como también en el ciclo inicial de la Revolución Recaudatoria de Néstor Kirchner, El Furia.
Hasta la chiquilinada de mostrar una fotografía por televisión.
Fue cuando arrastró al Furia hacia un momento de decisión:
“Stiuso o yo”.
Explicablemente, entonces Stiuso le resultaba al Furia de mayor utilidad.
Hoy Zapatitos brilla sigilosamente en la digna opacidad del gabinete de Alberto.
Es el visionario dedicado a la estrategia. Al «más allá» de la coyuntura. Frecuentador permanente de la residencia de Olivos y principal asesor.

Claver Carone versus ZapatitosLa candidez de Voltaire

Como gran principista tradicional, Alberto se lanza en la cruzada.
Se empeña en obstaculizar el diseño de Trump. Pero brotan las contradicciones. La identidad de animador de la Estudiantina de Puebla.
Justamente, cuando deben discutirse condiciones con el Fondo Monetario Internacional.
Es el organismo multilateral que Trump maneja, con una aplicación, desde su celular.
La desastrosa inversión electoral ni siquiera le sirvió para que triunfara un instrumento clave para su estrategia.
Mauricio Macri, El Ángel Exterminador.
No obstante, por la continuidad jurídica del Estado, Alberto tiene que hacerse cargo de la deuda que se produjo, exclusivamente, para vencerlo.
Por portación de vicepresidenta indeseable. La Doctora.
Pero la necesidad de acordar también con el Fondo no implica -para Alberto- comportarse como el estadista educado y ubicado.
Prefiere (inspirado acaso en Santiago Cúneo, El Moderado) enfrentarlo a Trump.
Significa confirmar la postulación de Zapatitos contra El Cubanito.
Y apoyarse en el utilitario cuento de la pandemia para aplicar su táctica, basada en la perversidad ejemplar.
Consiste en aplazar la elección de septiembre del 2020 para marzo del 2021.
Con la esperanza que Joe Biden desmantele el proyecto de reelección de Trump. Y la candidatura del Cubanito Claver Carone, súbitamente, se desinfle.
Se asiste a la candidez del optimista típico de Voltaire (leer «Candide»).
Sorprende Alberto como el definitivo optimista que apuesta por los servicios de Thomas Shannon, el Lobbista Alquilado.
Como si el Lobbista Alquilado pudiera enternecer al Fire Dog, y a sus funcionarios descartables como jeringas.
Alberto demuestra, con coraje, por qué razón es el líder unánime de Parte. La poderosa expresión del Randazzismo (sin Randazzo).
Juega fuerte. Y como indica la milonga:
“Y si he perdido pago y me voy”.

Un Rodríguez por otro

En México, Alberto supone mantener a su mejor aliado continental. López Obrador, AMLO, quien hasta lo ayudó con su llamado a Larry Fink, de BlackRock, para que apoyara el gol del canje.
La candidez de VoltaireAntes de asumir, en México, Alberto almorzó con Claver Carone, que llegó acompañado del argentino enigmático.
Una presencia, la del argentino enigmático, que irritó también al canciller Felipe Solá, Gran Cuadro del Felipismo.
“¿Qué hacés acá?”, le preguntó Felipe.
“Siempre dispuesto a dar una mano”, respondió el enigma.
Los mitificadores de la gloria de Alberto pregonan que Claver Carone, en aquel almuerzo, le pidió un gran favor a Alberto.
Pero que Alberto le hizo dos.
El favor consistía en interceder, con su influencia intelectual, ante Nicolás Maduro, a los efectos de liberar a un ciudadano americano.
Y Maduro, por la gratuidad del mismo precio, le liberó dos.
Por lo tanto Alberto tomó después como una ingratitud que Claver Carone se fuera sin saludarlo durante la kermesse de la asunción.
El Cubanito se retiró indignado por la presencia, en la delegación venezolana, de Jorge Rodríguez.
Es el artesano de la serie -según Washington- de las elecciones fraudulentas que motivaron protestas, represiones y muertos.
Pero Alberto desconocía que los venezolanos le habían cambiado un Rodríguez por otro.
Plantearon un Rodríguez inofensivo y lo sorprendieron con el Rodríguez conflictivo.
Lo embocaron con el simple juego de niños que se resuelve fácilmente. Cuando se cuenta con un servicio profesional de inteligencia.
Un grupo de «servilletas» que no se ajuste a la categoría macabra de “sótano de la democracia”.
La candidez de VoltairePara su cruzada virtuosa, Alberto cuenta con el pronunciamiento de los cancilleres retirados que repartieron embajadas en el Admiral Club.
Con los representantes minoritarios de la Unión Europea. Con la notificación sorprendente de Chile, a través del presidente Piñera.
Cree, también, que lo apoya López Obrador.
AMLO es el único que, según Alberto, «quiere cambiar el mundo». Como lo manifestó el propio Alberto en otro recital de la Estudiantina de Puebla.
Pero hoy López Obrador y Trump están indisolublemente unidos como Rinconete y Cortadillo.
Y Argentina cuenta con la espalda amplia de Brasil, Perú, Uruguay, Paraguay, Colombia. Siguen los países.
El deseo de postergar las elecciones del BID arrastra la jugada combinada del triunfo de Joe Biden.
La martingala, a veces, puede salir mal.

Shanghai

Al cierre del despacho, aún no se aclara el misterio que alude a la posible apuesta de La Doctora.
Ella sigue a la distancia, con superior escepticismo, las candideces de Voltaire.
Aguarda, acaso, la oportunidad para anunciar el ostensible acercamiento comercial -o sea ideológico- con Rusia, y en especial con China.
Influye la buena impresión que produjo, en su momento, en Putin, y en Xi Jinping.
Visión distinta a la de Macri. Para resultarles simpático, el Ángel les habló de fútbol.
La preferencia por China se refleja en la preocupación de la diplomacia belga. O en la brasileña.
Desde diversos costados se intenta hurgar en los motivos reales del aplazamiento de cierta licitación.
Pasa del 2021 al 2022 uno de los escasos negocios rentables, de caja diaria, que persisten.
Derivan del desplazamiento de la gran empresa belga por otra de China.
La candidez de VoltaireCambiar Bruselas o Amberes, precisamente, por Shanghai.
En ocho años de presidencia, los americanos del norte cometieron el imperdonable error geopolítico de negarle, a La Doctora ,una visita de Estado a Washington.
Fue especialmente encargada, como instrucción, al mismo embajador que trabaja hoy, junto a Shannon, en aplicar la candidez de Voltaire.
No la invitaron, turritos. Ya van a ver.

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