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Nuestra Cesar no arruga

REPSOL YPF Y LA HISPANOFOBIA (I): Muy distinta a El Furia, “el duro en el arte de arrugar”.

Oberdan Rocamora - 13 de abril 2012

Artículos Nacionales

Nuestra Cesar no arrugaescribe Oberdán Rocamora
Redactor Estrella, especial
para JorgeAsísDigital

«Kirchner es un duro en el difícil arte de arrugar».
El Furia agredía, iba al frente, humillaba.
«Pero conducía el caos que generaba», confirma la Garganta.
«Cristina genera también el caos, pero no lo sabe conducir. La arrastra».

Cuando El Furia castigaba -según el mismo kirchnerólogo- lo hacía generalmente para negociar después, siempre desde una posición más ventajosa.
Pero si tenía que arrugar, o retroceder, a lo mejor tardaba un poco, se mostraba contrariado. Daba vueltas.
Pero arrugaba.

En cambio, Cristina, para la Garganta, no sabe arrugar. Es precisamente una de sus graves vulnerabilidades. Ella se manda. Avanza, obstinada, aunque no tenga razón.

Para colmo, la coacción del 54 por ciento la tienta, ahora, hacia el horror compulsivo de «ir por todo». Con la necesidad de ganar. De cumplir con el objetivo, así sea demencialmente equivocado.
Por ejemplo el error estratégico de sostenerlo a Boudou, que emerge como su máxima deuda con la racionalidad.
O dejarse llevar por su inexplorada hispanofobia, a los efectos de humillar, con la expropiación, a «los Gallegos». Los colonizadores de Repsol-YPF.

El Gótico

Un año atrás, C, un alto funcionario argentino, se lo anticipó a Mariano Rajoy. Es el «popular» escasamente carismático, hoy presidente del gobierno español, entonces en campaña.
Nuestra Cesar no arrugaLa fuente confirma que Rajoy no pudo creer lo que le dijo C. Los imprevisibles argentinos irían a avanzar con el relato nacionalista que se tomaban en serio. En dos problemáticas.
Malvinas e YPF.

La infidencia de C, para los «gallegos de Repsol», adquirió pronto cierto inquietante viso de realidad. Fue cuando don Antonio Bruffau, el catalán difícil, ostensiblemente arrogante, la autoridad más representativa, debió toparse con el interlocutor menos imaginable. Desplazaba a Julio De Vido, relegado a un lugar casi marginal.
Aquel interlocutor era El Gótico. La voz mandante y cantante.
Axel Kicillof, el viceministro de Economía. El Gótico transformó también, al ministro Lorenzino, en un objeto suntuario. Un adorno con firma.
El Gótico ahora bajaba la línea. Con la retórica altivez de quien llegaba cotidianamente a la oreja presidencial. Y con el enigma de su vestimenta siempre negra.

Prejuicios recíprocos

El Catalán Brufau, según nuestras fuentes, parece vivir cansado de los argentinos. Le cuesta soportarlos. Disponen de un excelente país desaprovechado, para comerse un bife de chorizo, llevarse alguna moneda y disparar.
En cierto modo, Brufau sintoniza, a la perfección, con la hispanofobia delirante que, de un tiempo a esta parte, suele movilizar a Nuestra César.
Los prejuicios recíprocos le otorgan cierto clima pintoresco al dramatismo de los intereses vulgares.
Para colmo, por los fervores de El Gótico, El Catalán confirmó la exacta veracidad de determinado informe verbal. Lo recibió, en confianza, en la intimidad de una cena social en un piso alto. El informe estuvo acompañado del razonamiento ejemplar. El diplomático, en la residencia de un galerista refinado de arte, le dijo:
Nuestra Cesar no arruga«Antonio, estos tíos (por los gobernantes argentinos) cuando tienen un problema, jamás buscan una solución. Prefieren conformarse con encontrar siempre un culpable. Aquí, lo que les fracasa, lo que les colapsa, es la política energética. Van a culpar a los españoles porque se llevaron la pasta. Especialmente a ti».

Cerca de Grecia

España, estructuralmente, hoy está más cerca de Grecia que de Alemania.
Para su economía, enfáticamente desquiciada, casi desfalleciente, Repsol YPF resulta prioritariamente vital. Aunque para Brufau, el hábil negociador que sabe ocultar sus propósitos, le entusiasme la posibilidad de liberarse de los insoportables cristinistas. Con los que es, cada vez, más difícil entablar, con indispensable sensatez, algún negocio.
Tal como le vaticinó C a Rajoy, Cristina supo entusiasmarse con el delirio estatista. Incentivado, para colmo, con el distanciamiento misteriosamente súbito con los Eskenazi. Ellos padecen el tránsito arbitrario, desde la estación Ángeles a la estación Demonios.
El misterio se esclarece cuando se indaga, en realidad, en el otro distanciamiento. El principal, bastante más complejo. Ya cuesta simularlo.
El distanciamiento de Nuestra César es con la obra del César muerto.
Y con los actos de la agenda presumiblemente secreta. Tan mitificados como, acaso, inexistentes (ampliaremos).

Pobre, El Furia se transformó en el emotivo pretexto para homenajear. Imagen de pancarta.
Para justificar un remate de discurso, con algún quiebre, últimamente menos efectivo.

Como se dijo, Cristina no arruga. No sabe arrugar. Su sistema de cambios funciona desde la primera hasta la quinta. Carece de la «marcha atrás».
Pero con Repsol-YPF, si aún no arrugó, Nuestra César no tuvo otra alternativa que postergar el lanzamiento heroico. Junto a El Gótico y El Descuidista. La expropiación revolucionaria, para fortalecer el «modelo de inclusión».

Nuestra Cesar no arrugaOcurrió que desde España llegó el mensaje, oportunamente filmado, del ministro de Industria y Turismo de España.
«Habrá consecuencias», apretó el ministro Soria (acaso uno de «Los Soria», escapado del novelón de Alberto Laiseca).
Pero también llegó el mensaje, siempre componedor, de José Manuel Durao Barroso. Ex canciller de Portugal, es el cientista social que tiene la changa de presidir la Comisión Europea.
Durao Barroso cree conocer muy bien a la Argentina. Pero desde la óptica voluntarista de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales. La FLACSO lo mantuvo en sus planteles.

Chauvinismo de chocolate

El anuncio, patrióticamente, fue interrumpido.
Los festejantes del coro estable, que se desplazaron hacia el locutorio de Casa de Gobierno, fueron dispuestos a aplaudir la fabulosa expropiación. Pero debieron conformarse con el chauvinismo de chocolate.
Una justificada celebración hacia el chocolate Milka. Matizada con invocaciones sobre la carne y la yerba.
A Nuestra César no le faltan palabras para tergiversar el arrugue de barrera.
Arrugó no solo por el apriete bilateral del ministro Soria. Ni por la presión geopolítica de Durao Barroso. Tampoco están convencidos, hasta hoy, los arrastrados gobernadores de las provincias petroleras.
Reacios, hartos, según nuestras fuentes, de la pretensión de ser conducidos por El Gótico.
Aparte, separadamente, los gobernadores están bien aceitados. Aditivos para acelerar con nafta especial. Pasos mensuales por «el combustible espiritual». Por la ventanilla de Repsol.

Lo gravitante es que Cristina, Nuestra César que no arruga, arrugó. Al menos por una semana.
Parte para el exterior y lo deja, a cargo del Poder Ejecutivo, al clavo institucional de Amado Boudou.
En su ausencia, El Descuidista es la máxima autoridad.
Para indignación colectiva de la sociedad que aún se hace, ya sin perplejidad, «la de Ivancito».

Oberdán Rocamora
para JorgeAsisDigital.com

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