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Los profesionales tardíos

CICCONE Y LA BANDA DE DESCUIDISTAS (III): Llegan para sostener al Caprichito, a Vandenbroele y Núñez Carmona.

Jorge Asis - 1 de abril 2012

Miniseries

Los profesionales tardíosescribe Jorge Icaza
especial para JorgeAsísDigital

Es el turno de Los Profesionales Tardíos. Bajan para reordenar, al menos formalmente, el descuidismo indefendible de The Old Fund.

Trátase del Fondo trucho, flojísimo de papeles, que llegó para quedarse con el quiosquito millonario de Ciccone Calcográfica. Empresa que debía, por el amateurismo de Nuestra César, ser liberada de las garras de la civilización duhaldista. Para fabricar, sin mayor recato, entre otras delicias, papel moneda de curso legal. Con el riesgo, inconfesablemente espumoso, del Dream. Del Rinso en polvo, shampues y cremas de enjuague.
El «diseño empresarial» del Fondo, Nuestra César se lo encargó a Amado Boudou. Creía, en su amateurismo, que iba a ser un diseño menos berreta. Pero Boudou lo delegó en el indemne José María Núñez Carmona. Que prefirió instrumentarlo, a su vez, a través de Alejandro Paul Vandenbroele, el impetuoso monotributista de categoría B. Sin consultar, siquiera, un solvente contador. Al menos un aplicado tenedor de libros.

Aguijones de la culpa

Las derivaciones escandalosas -en el «Post Lanata»- condujeron, a Nuestra César, hacia el laberinto incierto de la actualidad. La causa Ciccone-Boudou le perturba hasta el reposo en El Calafate. Donde tolera, algo atormentada, los aguijones de la culpa. Por el error. El Caprichito.

Los profesionales tardíosPero hoy Nuestra César cuenta, según nuestras fuentes, con otras perspectivas. Ya no se queda sólo con los consejos precariamente estratégicos de Zanini, el Ñoño. Está argumentalmente consolidada por la inteligente aparición de Los Profesionales Tardíos, en adelante PT. Después de cincuenta días en babia. Perdidos. En los que el cristinismo, con cierta despreocupación, se hizo «la de Ivancito».
Los PT paulatinamente preparan la artillería defensiva de los descuidistas. Con el arsenal de recursos y experiencias, para copar la escena. Minimizar las chiquilinadas de los que apostaron siempre por la impunidad (y debe aceptarse que no les fue, hasta aquí, del todo mal). Para devaluar las acusaciones y banalizar la problemática.
En adelante entre escritos, amagues, ablandes y pasillos, el tema Ciccone-Boudou se pone aún más interesante. Porque los PT actúan con displicente sagacidad. Concientes que, desde la otra parte, disparan sólo con balas de cebita. Son ruidosamente mediáticas, pero no lastiman a nadie.

Lesa estupidez

Nuestra César, en una decisión explicablemente racional, se dispone a no entregarles nunca -a Clarín y Nación- la cabeza degollada del  «caprichito» personal.
En realidad, la pobre, eventualmente, entregaría la cabeza al AsísDigital. El medio artesanal que, para colmo, no la reclama.
Que quede claro: El Portal carece del menor interés de ser receptor de una cabeza tan irrelevante.
Tampoco, que conste, el Portal desea perjudicar al gobierno a la deriva del cristinismo.
Nuestra César persiste aislada en la balsa de palabras. Se obstina en armar un relato inconvincente. Celebrado por sus innumerables empleados de aplauso fácil. Perciben al mundo -al decir de Fontanarrosa- como una sumatoria unánime de seres equivocados.
Ocurre que el universo no alcanza a valorar los atributos que signan «el modelo» cristinista.
Los profesionales tardíosPara el Portal lo peor, lo gravemente pecaminoso, es el desperdicio imperdonable del momento histórico. La catastrófica percepción de la realidad que movilizan los improvisados, con democrática legitimidad. A través del empecinamiento de hacer, exactamente, lo contrario de lo que se debiera.
La incompetencia es el rostro inocente de la corrupción. Un delito de lesa estupidez.

En un almuerzo de trabajo, en su lenguaje expresivamente críptico, Asís, el director del Portal, bajó la línea:
«¿Qué sentido tiene, muchachos, desestabilizarlo a Ben Alí, a Moubarak, o a Kadaffi? ¿Para que venga, acaso, el fundamentalismo islámico?».

Caprichito

El «Caprichito», Benjamín Otálora, «El Muerto» de Borges, está irremediablemente perdido.
Aunque agonice, durante meses. Hasta llevarse puesta, con su desventura, a la protagonista del capricho, que desciende hasta en las encuestas. Para Consultora Oximoron está 20 puntos abajo. En picada.
El Caprichito está perdido aunque, por la acción de los PT, no va a ir nunca preso. Como tampoco van a ir nunca presos ninguno de los otros audaces descuidistas que debieran ser transformados -por los PT-, en emprendedores dignos, relativamente presentables.

Después de 50 días de Ivancito y de barranco, el eficiente doctor Hugo Pinto asume la defensa de Vandenbroele.
Pinto mantiene invalorable experiencia en el fango judicial, y contactos aceitados para actuar en tandem. Con la inmanencia de algún Marcelo Bielsa misterioso, que probablemente dirige los piolines de la estrategia.
Y de la representación de Núñez Carmona, el memorable Nariga, se encarga el doctor Diego Pirota, que participa del estudio del inquietante doctor Darío Richarte.
Es -Richarte- el jurista que supo destacarse desde cuando era el «Eduardo Bauzá del Rector Shuberoff».
Los profesionales tardíosEs, aparte, un notable compañero de ala de La Sarita.
Trátase (La Sarita) del empresario más poderoso de la comunicación cristinista. Con medios que se lanzan a seducir, con sesudas entrevistas, al Juez Daniel Rafecas, jurista de accesible locuacidad.

El guión

La simpleza del guión parece arrancado de un novelón soviético del realismo socialista. Donde el malo, el explotador inescrupuloso y cruel, es siempre Boldt. El supra enemigo que contiene al fundacional Duhalde, emperador de la extinguida civilización duhaldista. Pero también contiene al Flaco Florencio Randazzo, hoy signado por el cristinismo rabioso como un vocalista, gran «cantor de las cosas nuestras». Y contiene, para algarabía de Mariotto, el superador de Cobos, a Daniel Scioli, el líder de la Línea Aire y Sol, que mantiene un legado infinitamente transgresivo. El de querer ser sucesor.
Entonces hay que acabar con Boldt. Pero sin que se note ningún beneficio para Cristóbal López.
El guión de hierro se aferra a la consigna movilizadora. Indica que «Ciccone y Boldt siempre fueron lo mismo». Empresas influenciadas por el legendario Alfredo Yabrán, que desde el Purgatorio nos marca el camino.
Don Alfredo es el portador del prestigio que crece significativamente en ausencia. 14 años después de haberse descerrajado el escopetazo en la boca. Al mejor estilo Hemingway.

Triángulo equivoco

Boudou, Núñez Carmona y Vandenbroele conforman el triángulo engañosamente equívoco (aún no es el turno de presentarlo, también, al atribulado don Jorge, a los efectos de formar un rectángulo).

Los profesionales tardíosNúñez Carmona, el socio y amigo de Boudou, lo incorpora a Vandenbroele en el descuidismo de The Old Fund.
Pero los PT tienen que despegarlo a Vandenbroele de Boudou. Aunque, a esta altura, sea innecesario. Porque, entre tantos acreedores pragmáticos, alguno puede, acaso, pegarlos. ¿Un banquero cordobés?

También los PT deben esmerarse en probar que Núñez Carmona, el socio-amigo de Boudou, nada tiene, ni tuvo, que ver con el descuidismo que signó el dibujo de Ciccone. Ni que nunca actuó, menos aún, en nombre de Boudou. Para facilitar la gloriosa instalación de The Old Fund.
Infortunadamente, es una línea argumental que puede desmoronarse cuando el doctor Rívolo, el Fiscal, se disponga a clarificarlo al Juez Rafecas. A propósito de una reunión celebrada, el 22 de octubre de 2010, según nuestras fuentes, en el Hotel Caesar. A eso de las seis de la tarde.
De ningún modo le corresponde al periodismo (así sea digital-artesanal) revelar el significado de la Cumbre del Caesar.
Podría evitarle, al Juez Rafecas, la desprolijidad de hablarse, otra vez, encima.

Jorge Icaza
para JorgeAsisDigital.com

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