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La utopía del recorte

Papademus y el desafío de salvar a Grecia.

Jorge Asis - 9 de enero 2012

Artículos Internacionales

La utopía del recorteescribe Jorge Asís
especial para JorgeAsísDigital

Atenas

Comparativamente, la canallada del Fondo Monetario Internacional dejó caer, a la Argentina, por un miserable plato de lentejas. Hoy es Grecia que tiene que hacer los terribles deberes, a los efectos de imponer los sacrificios inagotables a sus ciudadanos mal acostumbrados. Para que La Troika les libere la entrega de 8.000 millones de euros. Son los que pertenecen al sexto tramo del primer rescate, de 110.000 millones de euros, aprobado a mediados del 2010. Mientras tanto, sin mayor fortuna, el Primer Ministro Lukas Papademus tiene que disponerse a hacer los méritos. Con la carga grave de ser el portador ingrato de la racionalidad, en un contexto signado por las alucinaciones convenientemente demenciales. Papademus es unánimemente calificado de tecnócrata, apelativo aquí entendido como una virtud. Supo conducir el Banco Central Europeo, uno de los pilares de La Troika, junto al FMI y la Comisión Europea, la presuntuosa inutilidad que preside Durao Barroso, de Portugal. Otro paisito -Portugal- que resultó aprobado por los fiscales de Maastricht, y que ya recibió un auxilio de 73 mil millones de euros.
A través de la utopía de los recortes, Papademus encabeza un gobierno de coalición. Lo integran los socialistas del PASOK, que son los grandes responsables del colapso, y que aún mantienen a cargo el ministerio de Economía. Junto a dos partidos de derecha que controlan la Defensa y la Política Exterior. Los que sólo pueden arrimar el bochín hacia el poder merced a la catástrofe.
La Troika, a través de su informe, tiene que emitir la necesaria luz verde para registrar la entrega salvadora de otros 130 mil millones de euros. Y conseguir, por si no bastara, la condonación de alrededor de 100.000 millones de euros. Es lo que negocia Papademus con los representantes de la banca privada, que concentran la mayor parte de los títulos de deuda, que asciende, según las fuentes, a 350 mil millones de dólares.

La suerte geopolítica

La utopía del recorteSi a pesar de la demostración de estas cifras temibles, por su crisis casi inofensiva de los dos mil, la Argentina insiste en proponerse como antecedente para interpretar la Grecia actual, puede caerse en el territorio precipitado de la insolencia teórica. O metafísica. De acuerdo a la evaluación, si la Argentina hubiera tenido la suerte geopolítica de formar parte de la zona euro, perfectamente aún podría seguir presidida por un hijo de De la Rúa. Como si fuera Giorgio, el hijo de Andreas Papandreus. Fue aquel patriota que sucumbió, en 1981, al deseo merecido de redistribución igualitaria, de una sociedad agobiada por el autoritarismo, y por el riesgo permanente de guerra civil. La consecuencia fue el festejo que derivó en el desastre.

La bancarrota suele ser una situación límite que genera, invariablemente, una crisis cultural. Moral. Pero sobre todo política. Instala incluso la idea que aquí lo que parece más viviente son las ruinas, que abundan tanto como la impotencia. O la resignación. Grecia es prisionera, sobre todo, de su historia. Pero sin remitirnos a la gloria sofisticada de Pericles ni a las sucesivas invasiones y los innumerables litigios. Basta con constatar, apenas, el agigantamiento irresponsable del Estado Bobo. Aprovechado, como siempre, por determinados vivos. La minuciosa construcción del Ogro Ineficaz. Inoperantemente nocivo. Consiguió que cada uno de los once millones de griego deba, hoy, 20 mil euros.
Destino previsible para Grecia: la quiebra. Aunque contenga apenas el 2,5 del PBI de la Unión arrastra, hacia la frontera del colapso, algunas economías algo más ordenadas, pero sin exagerar. Como España e Italia. O infinitamente más frágiles, como Portugal. Y emerge Grecia como el principal castigo para la aventura geopolítica extraordinariamente fundamentada, a partir de la nueva relación que encararon Francia y Alemania, en la segunda mitad del siglo veinte, y cimentada sobre los huesos de centenas de miles de muertos. E instrumentada, en su tramo final, por dos de los últimos grandes hombres de estado que supo dar el continente culturalmente agotado. Helmut Kohl y Francois Mitterrand.La utopía del recorteDos gigantes que cometieron errores elementales al aceptar, inevitablemente, y como parte del club en gestación, a socios inviables. Para el logro de una fantasía que pudiera numéricamente equipararse a los Estados Unidos y su contradictoria área de influencia, y a los postergados asiáticos que amenazan, y para colmo inútilmente, con la irrupción de la definitiva oportunidad de su hegemonía.

Para ajustarse a los condicionamientos de Maastricht, los griegos no vacilaron en dibujar, aquí sí, al mejor estilo Morenito, los indicadores más falsos. En tiempos del Primer Ministro socialista Costas Simitis (1996-2004). Es quien tiene la suerte de residir en un país desinflado donde no existe el tiempo de las facturas. De las recriminaciones. De reprochar responsabilidades ante la historia. Papandreus hijo cubrió, con solidaridad política, las tergiversaciones voluntariosas de Simitis.

El commodity del sol

La utopía del recorteDe todos modos persiste el riesgo que nadie acepte avanzar en el camino que señala la tecnocracia de Papademus. Alude a una transformación de la economía que ningún político, en el fondo, quiere avalar. El desguace del Estado Bobo. A partir, al menos para enviar un mensaje, de la privatización de la Compañía de Aguas de Atenas y Salónica. Como también encarar, para algarabía helénica de Cristóbal López y Tabanelli, la privatización del juego, en una sociedad donde la desesperación por salvarse incita al consumo masivo de los billetes de lotería. También Papademus planifica liquidar, nos aclaran, 40 edificios del Estado. Y empresas Petroleras. Sin lanzarse, aún, a instalar la bandera de remate que merecen tener los puertos. Conste que se trata del país que tiene seis mil islas y que vive del turismo, que representa la máxima producción. Con el commodity exclusivo, directamente interminable, del sol.

Jorge Asís
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