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Calzoncillos sí, Libros no

ASIS CULTURAL: Un millón y medio de libros secuestrados en la Aduana.

Carolina Mantegari - 25 de octubre 2011

El Asís cultural

Calzoncillos sí, libros noescribe Carolina Mantegari
Editora del Asís Cultural,
especial para JorgeAsísDigital

Lo que patrióticamente se propone Guillermo Moreno, el admirable Secretario de Comercio Interior, es equilibrar el déficit de la balanza comercial. Cuenta con el riguroso aval de la señora Presidente. Moreno tiene licencia para pegar.
El libro, para la cuestión comercial, es, en definitiva, un producto como cualquier otro.
Aquí la diferencia, a favor de los libros que se importan, de los que se exportan, es de 60 millones de dólares.
Entonces Moreno tiene la abnegada faena de equiparar. Empatarle.

Con el objetivo de evitar el desequilibrio, con lejanas influencias ideológicas de Procusto, Moreno tomó la vibrante determinación de amontonar, indefinidamente, los libros que desembarquen.
Desde hace algo más de un mes, un millón y medio de libros, y de primorosos fascículos, se encuentran secuestrados en los depósitos fiscales de la Aduana. En Ezeiza.
Los importadores, editores de ramos generales, tienen que pagar, aparte, el estacionamiento por tenerlos inútilmente depositados.
El alboroto trasciende la marginalidad de las cámaras respectivas. Y los importadores, con su negocio paralizado, no logran destrabar el conflicto.

La más larga

Calzoncillos sí, libros noCuentan que Jorge Coscia, el meritorio secretario de Cultura, intentó mediar, inspirado en su enorme prestigio. Pero-según la indagación- le corresponde no meterse.
«En el Comercio -para el morenismo-, la Cultura nada tiene que ver».
Es otra pugna para saber quién tiene más larga influencia en el gobierno.

Pero detrás de la patriada de Moreno se encuentra, según nuestras fuentes, el eficaz lobby de los impresores locales. Nucleados en la Federación Argentina de Industriales Gráficos. La FAIGA.
«Es la banda de Morvillo, la que mete presión», confirma otra Garganta.

Significa que FAIGA la tiene más larga que la CAP (es la Cámara Argentina de Publicaciones).

Para que se entienda: abundan los libros, amontonados en Ezeiza, que proceden de España, y que inspiran la acción constante del Embajador Estrella.
«Libros que jamás nadie va a publicar aquí», confirman.
Consolidan la oferta cultural de detectadas librerías que trafican la vocación universalmente elitista.
Pero también hay centenas de miles de libros que proceden de Colombia, de Chile, de Uruguay. Y consta que algunas miles de publicaciones, con ilustraciones adorables, llegaron primorosamente impresas desde China. Se trata de otra vuelta de tuerca. La lícita ventajita de los editores argentinos. Los que prefieren imprimir, razonablemente, en el exterior. Por una cuestión de precio y, duele admitirlo, también de calidad.
«Es un 40 por ciento más barato imprimir en España, en Colombia, que aquí», nos confirma otra Garganta.
Se entiende entonces la presión sectorial de FAIGA. Influye en el patriotismo editorial de Moreno. Y de su larga influencia.

Listas negras

Calzoncillos sí, libros no«Ustedes traiganmé un proyecto de equiparación y dejen de quejarse y de j…», les dijo Moreno, según nuestras fuentes, a los pudorosos representantes de las distintas Cámaras embocadas. Como la citada Cámara Argentina de Publicaciones. La CAP. la que nuclea a los editores valientes que suelen jugarse, fervorosamente, por la libertad de comercio. Pero que se suelen resistir, ante los atropellos, a «hacer denuncias» individuales. O unas miserables declaraciones. Por el temor a que Morenito les estalle de furia y les mande la AFIP. A través de la vía solidaria (y también patriótica) del recaudador Echegaray. Con el reflejo condicionado de una irritante «integral».
O por el temor a que no puedan efectuar, en adelante, ningún embarque, nunca más. Ni para enviar o recibir.
Otros, más pragmáticos, van a los bifes, y no denuncian los atropellos, ni declaran nada, porque temen ingresar a la virtual lista negra. Les imposibilitaría el deporte cómodo de hacer negocios con el Estado. Venderles libros para los ministerios. O salvarse con las bibliotecas populares de la CONABIP.

«Por mí, vayan y compren calzoncillos en La Salada para exportarlos», les dijo Morenito, inspirado para encontrar la solución. «Y exporten los calzoncillos, para compensar, como sea».
Sostuvo Moreno, con su cuestionable hilaridad. Y ante la severa perplejidad, según nuestras fuentes, de camaristas venerables. De la magnitud de Di Marco. O del distante Ligtower. Incluso del distinguido señor Rubinzal.

Sistema Barter

Calzoncillos sí, libros noHasta el cierre del despacho, que se sepa, los importadores por conveniencia aún no optaron por adoptar la ética febril de los calzoncillos. O por algún otro mecanismo que determinado diplomático, de la zona euro, que toma a los argentinos con equivocada seriedad, denomina técnicamente «Sistema Barter».
«Modalidad del viejo trueque que gustaba, Carolina, en los países del área soviética. Y también le gustaba a Hitler, pero no sirve para nada».

Sin considerar aún el recurso de los calzoncillos de La Salada, nuestros importadores prefieren limitarse a la escenografía menos íntima del libro. Se disponen a preparar el proyecto que conforme, en parte, al hiperactivo Moreno. Y a los localistas confabulados de FAIGA.

Pero se tensó excesivamente el conflicto. Trasciende hacia la indolencia del ámbito diplomático.
Para impresionarlo al impenetrable Moreno, se pone en movimiento la acción conjunta de los embajadores de la Unión Europea. Están unificados, según nuestras fuentes, alrededor del embajador Estrella. Es el lúcido blogger de España. Y sobre todo alrededor de su activo consejero comercial, al que difícilmente logren cercarlo con las «integrales» de la AFIP de Echegaray.

«No es casualidad que Estados Unidos avance más», confirma otra Garganta. «Que veten la renovación de créditos a la Argentina, en instituciones multilaterales».

Sin embargo, el proverbial sentido de la diplomacia no alcanza, aún, para convencerlo a Moreno.
Fuentes anónimas, de la burbuja editorial, transmiten, en voz sigilosamente baja, que, de continuarse con las trabas comerciales, prospera la idea de abstenerse, en bloque, de participar en la próxima Feria del Libro de Buenos Aires.

Calzoncillos sí, libros noLos camaristas se esfuerzan, temerosamente, en complacer a Morenito. Sugieren, a los editores, abandonar la conveniencia de imprimir los productos en el exterior. Los gráficos de la patria necesitan «defender sus fuentes de trabajo».
Otra fórmula, aún en estudio, para equiparar la balanza comercial, consiste en incentivar las extraordinarias ventas de libros de los autores de la causa. Promover a los escritores subsidiados, para la exportación. Textos liminares de Osvaldo Bayer, Ricardo Forster, Aníbal Fernández, Horacio González, Vicente Battista, Sandra Russo, Orlando Barone, José Pablo Feinmann o Mario Goloboff. Y hasta del viajero frecuente Noe Jitrik. Y de otros choripaneros ligeramente conmovidos con la agencia de turismo que la señora Magdalena Faillace supo instalar en la cancillería de Timerman.
Son autores canónicos que, aparte de equilibrar la balanza comercial, pueden perfectamente imponerse entre los lectores europeos, hoy necesitados de conocer las claves secretas del modelo transformador. Para aplicarlas en regiones menos aventajadas del universo.

Carolina Mantegari
para JorgeAsisDigital.Com

Permitida la reproducción sin citación de fuente.

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