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La terapia lenta del frío

Hacia la revaloración del vicepresidente Cobos.

Oberdan Rocamora - 21 de octubre 2011

Artículos Nacionales

La terapia lenta del fríoescribe Oberdán Rocamora
Redactor Estrella, especial
para JorgeAsísDigital

Tesis para discutir del Portal:
En el futuro, relativamente inmediato, la figura de Julio Cleto Cobos se va a revalorizar.

Como vicepresidente medianamente normal, Cobos duró siete meses.
Hasta aquella madrugada, del invierno del 2008. Con el suspenso del voto «no positivo».
Tres años y tres meses después, los kirchner-cristinistas aún no se lo perdonaron. Pero Cobos evitó la conmoción desastrosamente social. Ver «Noche de Cobos» (cliquear).

Supo concentrar, Cobos solo, la mayor cantidad de desaires. Supera, con amplitud, la suma de todos los vicepresidentes desairados de la historia.

Lo menos insultante que Aníbal supo colocarle fue, sin ir más lejos, la estampilla de «traidor».
La terapia lenta del fríoAcaso imbuido del refinamiento tangencial de diplomático de Venecia, Moyano prefirió definirlo, a Cobos, como el «símbolo de la traición».
La prestigiosa señora De Bonafini, que por entonces estaba bastante más venerable que hoy, presentó, en contra de Cobos, una patriótica demanda penal. «Por incumplimiento de los deberes de funcionario público».
«Maldita Rata», escribió, con su mesura habitual, la comprometida actriz Florencia Peña. Antes de consagrarse con la exitosa serie «Los Camas».

En cambio, la señora Presidente Cristina recurrió a la magnitud reconocida de estadista. Reposó en el populismo estético para calificar, a Cobos, de «okupa».
El «vicepresidente okupa».

Y el extinto Kirchner, El Furia, para agitar a las masas de los emocionados funcionarios, le imploraba a Cristina, públicamente, perdón. Por haberle encajado, como «compañero de fórmula, al traidor de Cobos».
Y justamente un año atrás, durante la tarde triste del sepelio de El Furia, los jóvenes sensibilizados de La Cámpora, en representación anticipada de la posteridad, y a los efectos de unificar consignas, cantaban:
«Andate Cobos la p… que te p…» (bis).

Contradicción ontológica

La terapia lenta del fríoLa cuestión que Cobos, durante más de tres años, se bancó la sistemática acumulación de agravios y ninguneos.
Convivió con la contradicción ontológica de ser el vicepresidente nominal, y en simultáneo, patológicamente, la figura más representativa de la oposición. Atributo que, en el fondo, no asumía. Pese a las tentaciones de los oportunistas que, según nuestras fuentes, lo celebraban.
Tampoco supo, desde la vicepresidencia, armar ningún proyecto serio. Los escarceos se limitaron a la estupenda franela mediática. Ideal para los lectores atentos de encuestas.
Para una parte considerable de los sobrevivientes radicales, Cobos era un «doble traidor».
Para llegar a ser el vice de La Concertación, había «traicionado al radicalismo». Y debía traicionar a los «concertados», para aspirar a la sucesión.
El pobre Cleto estaba irreparablemente perdido. Pero por el atrevimiento de aquella madrugada, y por su ascenso irresistible en las encuestas, comenzaba a reestablecerse, paradójicamente, la Unión Cívica Radical.

La terapia lenta del fríoSin embargo, al barajar las fichas del Caso Cobos, debiera aceptarse que el protagonista -Cobos- nunca utilizó, según nuestras fuentes (o no supo utilizar), su alta investidura para conspirar contra Cristina.
En ninguno de los sucesivos retrocesos del cristinismo. Los que antecedían a las recuperaciones.

Al contrario, lo que Cobos deseaba, según nuestras fuentes, era «arreglar». Con atisbos de dignidad.
Podía asegurarse, incluso, que Cobos tenía ganas de «arreglar» con Los Kirchner (casi tantas, acaso, como Héctor Magnetto).
O que pretendía racionalizar, al menos, la relación protocolar. Mantener un diálogo telefónico. Pedir prestada una cebolla. Cambiar alguna idea.
Pero era inútil. Los olímpicos Néstor y Cristina le habían aplicado, cívicamente -y con la máxima crueldad- la terapia lenta del frío.
Hasta congelarlo.

«Sangre en las venas»

La terapia lenta del fríoPara saludar a La Presidente, siempre tan altiva y distante, Cobos debía aguardar los «Idus del 1° de marzo». Cuando Cristina se disponía a inaugurar, con la cátedra magistral, el año legislativo.

«Si tiene sangre en las venas tiene que irse», expreso también, en su momento, la venerable señora de Carlotto, candidateada para el Nóbel de la Paz.

Irse, para Cobos, hubiera sido, en cierto modo, lo más fácil. Un alivio.
Pero el vicepresidente Cobos, aún enfriado en la terapia, y al vacío, se dispuso a permanecer. Habituado a la cotidianeidad del basureo. Hasta que irrumpa, pronto, el turno del olvido.
Cobos va a aguantar hasta el instante final del mandato. Por la obsesiva noción de la responsabilidad institucional (esas tonterías de los radicales).
Para saltar sin red. Sin el amparo continuador de ninguna gobernación. Ni siquiera una alcaldía. Ni una miserable diputación.
La terapia lenta del fríoPara irse, afuera y sin fueros, como le corresponde, recién el 10 de diciembre. Dentro, apenas, de 50 días. Hacia Mendoza. Con las espaldas ingratas del desprecio y de la colectiva indiferencia.

Cuando se atenúe la apasionada cursilería cultural de la Argentina contemporánea, y se diluya el berretismo hegemónicamente existencial, el ejemplo del vicepresidente Cobos -para el Portal- podrá, acaso, revalorarse.
Nunca, en definitiva, será demasiado tarde.

Oberdán Rocamora
para JorgeAsisDigital.Com

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