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Fundación humanitaria (I)

Hebe, Sergio y Pablo. Del Estado Bobo al Estado Gato.

Oberdan Rocamora - 23 de agosto 2011

Miniseries

Fundación humanitaria (I)escribe Oberdán Rocamora
Redactor Estrella, especial
para JorgeAsísDigital

Mayo. Plenitud poética del otoño.
Sergio -creador de las empresas innovadoras, estratega de grandes negocios- le pidió, de pronto, a su hermano Pablo, cinco millones de pesos.
El empresario estaba urgido. Necesitado. El crédito del Bi-Centenario se demoraba más de lo previsto. Lo habían conseguido gracias a la fuerza política de la señora Hebe. La Protectora que, juntos, los hermanos, iban a decepcionarla.
Pablo -administrador de los números de la Fundación de las Madres- le respondió, al desesperado Sergio, que no se los podía dar.

Los hermanos se pelearon. A los gritos, mal, delante de testigos. Los ecos de las maldiciones fraternales se escuchaban hasta en la vereda de la calle Hipólito Yrigoyen.
Pablo soltó, en la ceguera, la frase que ningún testigo nunca podrá olvidar.
«Hijo de mil p, me comí 20 años en cana por tu culpa».
Sergio, bastante frío, muy calmo, le contestó:
«Ahora te voy a mandar en cana de nuevo».

Obrador

(«La pelea existió», confirma la Garganta. «Pero fue fingida. Trucha. Sergio sabía que Hebe lo debía echar, y quería dejarlo a Pablo adentro, para que lo cubra en la Fundación»).

Para calculada perplejidad de Sergio, Hebe lo apoyó a Pablo. Ella había recibido el pedido, o la instrucción, de Cristina:
«Por el bien de las Madres» -le dijo Cristina- «tienen que desprenderse de ese tipo» (por Sergio).
Fundación humanitaria (I)Fue en el agobiante diciembre del 2010. Entre el desasosiego del violento copamiento del Parque Indoamericano.
Cuando Sergio pidió, como si fuera un delivery, la represión policial. Para «los narcotraficantes» que pretendían tomarle el obrador.

Hubo entonces tres muertos. Los primeros Kosteki y Santillán del cristinismo.
Rosemari Chuna Puña, boliviana. Bernardino Salgueiro, paraguayo.
Aún nadie sabe, con certeza, según nuestras fuentes, desde dónde partieron los balazos que masacraron a La Bolita y al Paragüa.
Sin olvidar al tercer muerto. El boliviano ilegal, que murió misteriosamente dos veces. El desconocido, para trabajar, utilizaba la identidad de otro boliviano, también muerto.

De todos modos, los tres muertos fueron facturados hacia la cuenta generosa de la Policía Federal. En las vísperas de las modificaciones, debían comerse los «Garrones al natural» (cliquear).  Nada original ni demasiado reprobable.

Fundación humanitaria (I)Sin embargo, algún abogado de atuendo informal, de determinada organización social, alejada del presupuesto oficial, atesora que no fue así. Resume la sospecha de los que aún callan.
«La policía estaba lejos, a unos 250 metros. Los tiros vinieron desde el interior del obrador».
(Ampliaremos)

Menemista

En principio, Hebe optó por degradar a Sergio y funcionar con Pablo.
Pronto también Hebe iba a cansarse de Pablo. Lo consideraba un menemista. Un frívolo fascinado por las modelos y las vedettes. Lo detestaba.
«Con Pablo nunca Hebe había tenido una buena onda», confirma la Garganta.
La debilidad de Hebe era Sergio. Pero sobre todo el hijo de Sergio, que la llamaba «abuela».
Por acumulación de problemas, y por el pedido de la superioridad, Hebe ya no podía bancarlo más. La decepción era gigantesca.
Le había transmitido que Cristina le había pedido su cabeza. Pero Sergio logró dilatarla. Hasta que se «acomodara», en los nuevos emprendimientos, todos vinculados al manantial del Estado.

Fundación humanitaria (I)Alejandra, la hija de Hebe, también los detestaba. A los dos hermanos. Y hasta a la sustancial Patricia, extensión del cuerpo de Sergio.
Aunque igualmente Alejandra recibió las respetables decenas de miles de dólares por el departamento de La Plata, que le vendió a la empresa de Sergio.
El ladrillo de dólares se lo llevó a Alejandra, según nuestras fuentes, un Maestro Mayor de Obras, de los hermanitos. «Verdes» en mano.
Pero Alejandra no los soportaba. Algún testigo le escuchó decir, incluso, que ellos manejaban, desde adentro, cuestiones muy indignas. Imaginables. Mejor no detallarlas.

Diversificaciones

Atormenta, en la Fundación, la carga informativa.
Los que trabajan, o los que trabajaron, aún temen, en cierto modo, por las derivaciones de aquello que saben.
Son sutiles rehenes de los conocimientos. Callan, los pobres, hasta para pensar. Sin estar seguros, siquiera, de cobrar a fin de mes el salario. El quebranto merodea.

«En la Fundación, dos altos funcionarios del ministerio de Planificación tenían su propia oficina. Son F y C» -prosigue la Garganta. «Pero Hebe ya los corrió».

El tema de las modelos. De las promotoras de la productora de Pablo, lo manejaba el célebre Pato C. Hoy distanciado de Paula, una modelo rutilante.
Nada que ver la productora, con la pauta estatal incluida, y sobre todo la agencia de modelos, con el humanitarismo abnegado de las Madres.
Ellas, con el kirchnerismo, diversificaron el ámbito extendido de sus competencias.
Las Madres venerables se habían convertido, de la mano de Sergio, en una poderosa Constructora. Construcciones de viviendas que se multiplicaban por el país. Hospitales. Comederos.

(«La oficina del Pato, en el tercer piso del mismo edificio, también fue allanada», continua la Garganta).

María Julia, la hija de una artista notable que supo ejecutar el calvario de su propia inmolación, se encontraba, según las fuentes, vinculada emocionalmente con Pablo.
Marijú manejaba los restaurantes. Uno en San Telmo. También los comedores de las Madres.

Fundación humanitaria (I)Flavia, en cambio, aparte de ser bella, era socia de la productora de televisión de Pablo. Y modelo, también. Como Nadia, aunque ya no ejercía.
Pero con su aspecto aristocrático, Nadia manejaba otros emprendimientos de Pablo. Y algún proyecto televisivo, con su conducción.

Tenía Pablo, como corresponde a un solvente Ejecutivo, una agenda intensa. Cargada.
Semanalmente recibía al ex intendente P.  Mantuvo como funcionario un período de penosa repercusión. Visitaba a sus tres hijos, que también, por su firme vocación de entrega, se entregaban a la tarea humanitaria.
Con el intendente y los hermanos existían fuertes vínculos inmobiliarios. En la reconfortante proximidad del mar.

Para finalizar el desfile de modelos, en cuanto estalló el escándalo, una bella muchacha dejó un Corsa en la vereda de Hipólito Yrigoyen. Entró y depositó precipitadamente las llaves del Corsa. Dijo asustada: «Vengo a traerles el auto, me lo regaló Pablo, pertenece a las Madres, yo no quiero saber más nada con tenerlo».

Ternura

A Pablo solía fascinarle que las muchachas lo sintieran, con ternura, como un padre. Y a la hija del intendente, Pablo la llamaba, también, «hija». Aunque la dulce niña se encontraba en pareja con Manuel, el principal sostén moral de Pablo.
Manuel había sido un importante funcionario en el gabinete de cierto alcalde transitorio de Buenos Aires. El dandy que les abrió las puertas, para las Madres, del universo de las viviendas.
Solía enfadarse -Manuel- cuando lo denominaban «testaferro». O «Palo Blanco». De Pablo.

«Pero la novia oficial de Pablo es Noelia». Ella es la encargada del laboratorio. Proveedor de los medicamentos para los hospitales de Madres.

Fundación humanitaria (I)Las cuantiosas empresas creativas de Pablo y de Sergio tenían escriturados sus empleados, en gran parte, a nombre de la Fundación.
Las mucamas, incluso, tenían los recibos de Madres. Y la imprenta… también ampliaremos.

Un ex comisario, que supo participar de una asociación no precisamente lícita de comisarios, también se llegaba, semanalmente, hacia la Fundación. Como el Pocho.

Los hermanos estimulaban, en definitiva, colosales proyectos de construcción. Tenían los objetivos diversificados, pero siempre enaltecedores. Del manantial de la Fundación, brotaba el dinero inacabable, para llevarlos adelante. Total, el Estado Bobo los financiaba.
Se había convertido, el pobre Bobo, en el Estado Gato. Para adquirir -si no migajas de pecaminoso placer- cierto prestigio. Redituablemente humanitario.

Oberdán Rocamora
para JorgeAsisDigital.Com

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