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La orgía informática

Leakymails. El fin del secreto. La intimidad clausurada.

Carolina Mantegari - 26 de julio 2011

El Asís cultural

La orgía informáticaescribe Carolina Mantegari
Editora del AsísCultural,
especial para JorgeAsísDigital

Triste clausura de la intimidad.
Desaparición conceptual del secreto.

Funcionarios que debieran ser inviolables. Gravitantes del segundo orden, de perfil bajo y casi desconocidos. Ministros en ejercicio. O ex. Esposas, ex esposas. Amantes en trámite. Periodistas. Jueces. Empresarios. Amantes. Embajadores. Y sus ramificadas circunstancias, entre interlocutores múltiples.
Hoy la intromisión, en la orgía informática, le cabe a cualquiera.

Sujetos relativamente públicos. Seres relativamente anónimos que suelen relacionarse con los públicos.
Todos, en adelante, deben cuidarse (aunque ya sea tarde). El exceso de recaudos debe llegar, incluso, hasta el silencio. O la abstención.
Ya no se trata, tan sólo, de utilizar monosílabos, al  hablar por el teléfono portable. Al enviar un e-mail.
La orgía informáticaDebe transmitirse lo estrictamente necesario. Basta con contactar al otro. Para que el eventual Interceptor, del celular, o del correo, pueda establecer, a lo sumo, un «Gráfico de Contactos». Término técnico del espionaje que sirve, en definitiva, de muy poco. Para confortar la lícita curiosidad de los miles de mirones. «Voyeurs» que pueden ingresar, libremente, al portal «Leakymails. com».
«De freno a la hipocresía y a la mentira», se presenta, en confusa redacción.

Interceptados

Convenientemente, el tema «Leakymails» se silencia.
Los que fueron escrachados, íntimamente ultrajados, puestos en evidencia, prefieren no hacer olas. A los efectos de atraer más fisgones, legitimados por la lectura. Los que impudorosamente pueden entrometerse entre las comunicaciones de los interceptados. Registradas desde el 2005, hasta -en algunos casos- dos meses atrás.
El intruso puede armar las trayectorias de los interceptados que le interesan. Leer el espeso aburrimiento de los e-mails como si fueran, incluso, mala literatura. Con los altibajos de algún hallazgo ocasional, que casi justifica la inversión del tiempo. Permite interpretar el clima exacto del poder, en un momento determinado de la historia. Pero apesta a presente.
La orgía informáticaLos que aún no fueron escrachados, tampoco hablan. Temen serlo.
Pero es en vano. Seguramente ya lo fueron. Deben aguardar su turno para desnudarse.

Los responsables de Leakymails aseguran que tienen aún «40 mil» intervenidos para ofrecer.
Son, en realidad, sospechablemente anónimos. En un twit, confirmaron que las fuentes proceden de los «organismos de inteligencia». De «juzgados».

El gran deschave

Después de una excursión, entre la intrigante monotonía de las comunicaciones pinchadas, se constata tardíamente que es necesario cuidarse. Brotan las contradicciones básicas del doble discurso. El oportunismo. El chupamedismo hacia el poderoso. En esta vertiente del chanterío, Leakymails se eleva como un gran -e imperdonable- deschave.

La orgía informáticaSe percibe que, en general, el interceptado suele ser más prudente que el interlocutor que lo interpela. Por conocedor, tal vez, de la vulnerabilidad de su situación. Por ser informado, sabe de su condición de hombre interceptable. Es el receptor, en general, de emisores que se esmeran en los requerimientos. En la hipocresía de un país donde está prohibido el espionaje interno. Mientras, en simultáneo, todos se sienten espiados.
En principio, transmiten la inseguridad los propios funcionarios. O aquellos que lo fueron. Sin ser especialistas en la paranoia, sospechan, en defensa propia, que alguien siempre los escucha. O los lee. Lo peor sería constatar la indiferencia. Que sus ideas, o contactos, no interesen.

El fenómeno es fácilmente perceptible entre los andariveles de la actual administración. Desde lo más alto del poder, supieron ufanarse de la información obtenida con intervenciones. Como para advertirle al empresario ultrajado: «Tené cuidado con quién vas a almorzar el viernes».

Miserias ilustrativas

La orgía informáticaInteresantes, en cambio, suelen ponerse los correos que los imprudentes, por desconocimiento o irresponsabilidad, les dirigen a los interceptados. Que no responden (porque saben que están pinchados).
Se perciben, con claridad, en las comunicaciones dirigidas hacia los intervenidos de la segunda línea del poder. Los que mantienen los accesos a los lugares claves. Secretarios, portadores de celulares, armadores de la agenda de los poderosos de verdad.
Es el caso, sin ir más lejos, del interceptado al que apodan Rafa. Receptor de demencias geopolíticas, de detallada capacidad de organización, con despliegue del registro de llamadas y de anotados compromisos pendientes.
O del apodado Corcho, que supo ser, en apariencias, un acceso principal hacia Néstor, El Furia. Muy requerido, el Corcho, por los embajadores que llegaban a la República, o por periodistas, para pedirle «un minuto» de Néstor. Un «off the record». Distintos acercamientos.
En su ascenso, Corcho fue gravitante para la habilitación de las pautas publicitarias. Y -sobre todo- para el pago de las mismas. Situación que coloca, a colegas periodistas, en actitud de súplica.
«Pensá que de esto viven varias familias».
«Decime si querés que te entreviste algún ministro».
«A ver si armamos algún quiosco, antes que se caiga todo».

O puede asistirse a la estremecedora confesión de una militante intachable: «De Vido no me quiere, no sé por qué causa».
O a la insistencia de la prensera eficaz, que quiere «quedar bien» con la diputada progresista (desea tramitar la doble nacionalidad, pero se resiste a hacer la cola frente al consulado).
O al lamento del pobre muchacho que no se resigna al congelamiento laboral (lo desplazaron de la Televisión Pública, por «ser amigo de Alberto»).

La orgía informáticaLeakymails desnuda miserias cotidianamente ilustrativas. Pequeñas chantadas. Proyectos demenciales, como para acordar los enojos entre presidentes. O ilumina lazos desconocidos. Relajaciones derivadas de los viajes. Trampas diversas.
Enseña que, por el final triste del secreto, por consecuencia de la intimidad atropellada, sólo valen, en adelante, los encuentros personales.
Pero aciertan. Ilustran acerca de la hipocresía deportivamente nacional.

Cuesta encontrar alguien que acepte que lee los Leakymails. O haberlos leído. Hay que creerles. El tema del fisgoneo, de la explicable curiosidad, del entrometimiento impune en la vida del otro, al argentino medio no le interesa. Ni siquiera desde el punto de vista cultural.
No existe, felizmente, aquí, el «derecho a la ingerencia».

La interpretación contrasta, sin embargo, con los números que manejan los misteriosos anónimos que administran el portal.
«Nuestras estadísticas nos muestran millones de lectores. Lo puede comprobar en Alexa», respondieron, con un tweet.
¿Para qué entrar en «Alexa»?

Carolina Mantegari
para JorgeAsisDigital.Com

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