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El Magnetto de Majul

"Te puedo convertir en el hombre más rico de la Argentina", prometía Kirchner.

Jorge Asis - 28 de junio 2011

El Asís cultural

El Magnetto de MajulA través de «Él y Ella», la última entrega de Luis Majul, habla Héctor Magnetto, lacerado conductor del Grupo Clarín. Resulta el tramo más nutritivo. El capítulo 9, titulado «Sostiene Magnetto», legitima la recomendación del texto.
«Se viene un avance mayor sobre la propiedad y la renta para sostener una caja cada vez más demandante» (página 233).
Aquí acierta el Magnetto de Majul. Al que Néstor Kirchner, El Furia, prometía convertirlo «en el hombre más rico de la Argentina» (p.235).

Relaciones pornográficas del poder

Juntos, Kirchner y Magnetto podían gobernar «veinte años».
En su versión, Magnetto resistió la «oferta de negocios extraperiodísticos». Como «áreas petroleras en Venezuela».

El Magnetto de Majul nos sirve para entender las claves de una «guerra total». Tratada, en el portal, como «Guerra de Convalecientes» (cliquear). Aunque se trata, en realidad, de un «divorcio en malos términos». De la disolución de una sociedad.
El Magnetto de MajulUn conflicto originado, en el descargo literario del Magnetto de Majul, por un «malentendido». El que «disparó la ira de Cristina Fernández» (p.236). La creencia que «Clarín no estaba de acuerdo con su postulación» presidencial.
El mero testimonio nos ilustra acerca de la pornográfica relación que pudo registrarse, durante el primer lustro del kirchnerismo, entre el poder del Estado (Kirchner) y el poder de la prensa (Magnetto).
«Si los pasamos a estos (por los del campo) por arriba… nos quedamos con todo» (p.238).

Para Magnetto, el «ataque masivo» de El Furia se preparó antes del conflicto político/comercial con el campo. Lo «percibe» en el 2005. Después de las elecciones legislativas, cuando Kirchner le perfora la provincia de Buenos Aires a Duhalde. Es «cuando Kirchner toma conciencia que puede ir por todo el poder» (p.237).
Es decir, cuando El Furia, ocioso y ensoberbecido, directamente enloquece.

Ejército propio

«Acompáñenme, no tenemos nada enfrente», planteaba Kirchner. «Si gano esta pelea enfrente no me queda nada. Limpio de malezas el camino hacia 2020» (p.241).
Kirchner -según el Magnetto de Majul- «siempre quería que Clarín fuera parte de su ejército propio» (p.242).
El Magnetto de MajulDice el Magnetto de Majul. «Pedía un apoyo acrítico a cambio de promesas de negocios» (p.245).
Negocios que Magnetto, por la pornografía de la relación, invariablemente, le trasladaba. El último fue el de las acciones de Telecom (pero esto lo dice Asís, el crítico).
Por último, puede evaluarse que Magnetto coincide, según nuestras fuentes, con Hugo Moyano. Tampoco tiene dudas. Cristina «quiere meterlo preso».

«Pagarse los fromages»

El Magnetto de MajulEl resto de «Él y Ella» carece, infortunadamente, del interés despertado en «El dueño». Majul propone como continuidad lo que suena a mera declinación. Explotación residual de un éxito de librería.
Indaga en el taponamiento del stent de Kirchner. En la morosidad judicial del «enriquecimiento». Detalla desvelos de Graciela Ocaña por hostigar el poder perverso de Moyano (sindicalista que hoy ocupa el lugar del mal).
Lo menos necesario es el desenmascaramiento de -sostiene Majul- «la doble moral de Víctor Hugo Morales». Aquí la «investigación» deriva en informaciones prescindibles. Admiten evocar la expresión de Jean Daniel cuando los obvios descalificaban a Jean D Ormesson, por sus rebusques chantas en la UNESCO. Sentenció J.Daniel:
«Cada cual se las ingenia, como puede, para pagarse los fromages».

Al desembarcar en las costas del oficialismo, Morales ejecuta el ejercicio irrestricto de su libertad. Abruma el entusiasmo de Majul por destinar 30 páginas para describir un admirable estilo de Morales para pagarse los fromages.

El Magnetto de MajulTampoco acierta Majul con la tentación de la auto-referencia. Ilustra acerca de las persecuciones, las presiones impositivas. Porque, en un rapto alarmante de mal gusto, el funcionario Echegaray pretende «romperle el c…» (p.335 en adelante).
La auto-victimización, cuando es excesiva, persiste acotada entre los pliegues del ridículo.
Editó Planeta. 508 (dilatadas) páginas.

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