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Gilda, Macri y Glenn Ford

Mauricio se comió todos los amagues del Frente Encuestológico para la Victoria.

Jorge Asis - 9 de mayo 2011

Artículos Nacionales

Gilda, Macri y Glenn FordBaila lindo, Mauricio.
Copia también el estilo psicológico-cultural de Zorba. Ilustrativamente descripto en «Peronistas de catálogo» (cliquear).
Alude a la idea purificadora de la danza, como metodología vital para asimilar el gran fracaso. El derrumbe del gran proyecto.
Como danzaron Antonhy Quinn y Alan Bates. En la playa de Creta. Durante aquel final inolvidable de Zorba el griego.
(Advierte el prestigioso Licenciado Álvarez Cabra que la danza, en Zorba, es un «estremecedor mensaje de optimismo»).
En cambio la danza, en Mauricio Macri, participa de la épica de la simulación. De la tergiversación emocional.
«Que nadie confunda esta euforia con la alegría».

Gilda

La música expresivamente griega de Mikis Teodorakis fue suplantada, en la tierna estudiantina de Villa Pueyrredón, por la estética popular de Gilda. «No me arrepiento de este amor».
Gilda, Macri y Glenn FordLa cantante Gilda fue Miriam Bianchi. Una atractiva Bufalito de Metal, oriunda de Villa Devoto. Se estrelló involuntariamente en un camino precario de Entre Ríos, en las proximidades de Chajarí, en 1996. Para erigirse, posteriormente, como objeto de culto. Misterios de la fe.
Miriam, a si misma, se rebautizó Gilda. Fue en homenaje a la Gilda del film homónimo, que compuso la adorable Rita Haywort. En 1946. Dirigida por Charles Vidor (el de «Adiós a las armas», basada en la novela menor de Hemingway).
Para la frívola posteridad, Gilda sería célebre por el efecto del cachetazo en blanco y negro. Que el endurecido Glenn Ford le propinara a Gilda. O sea a Rita Hayworth, que lo había embrujado.

Paralelismos

Llamativamente Mauricio Macri registra una doble comparación con ambas Gildas. Paralelismos secretos con la Gilda cercana, Miriam Bianchi. Y con la Gilda de celuloide, Rita Hayworth.
Porque, como Gilda, la malograda cantante, Mauricio también se iba a estrellar. Pero ante las encuestas brutalmente persuasivas del 2011.
Y como la actriz de Gilda, Mauricio iba a recibir -también en 2011- el sopapo trascendental.
Gilda, Macri y Glenn FordEl golpeador, aquí, fue mucho más cruel que aquel canadiense Glenn Ford. Fue la realidad. La diseñada verdad. En complicidad con sus carencias.
El Niño Cincuentón no supo defenderse. Ni replicar. Para «entregarse sin luchar». Como el protagonista del tango «Cafetín de Buenos Aires».

El respeto

Aunque baila lindo, Mauricio. Se lo ve conforme, ostensiblemente feliz. Con la bella Juliana, que espera.
Pero Mauricio, cuando baila, suele lucirse mejor solo.
Una lástima que no se encuentre poseído por la seductora displicencia de su «amigo» Francisco De Narváez, El Roiter.
Sin aquel legendario disfraz del diablito bermellón, El Roiter supo consagrarse en el incendio finalmente redituable de Tinelli.
Cuando, para Narváez, resultó electoralmente sustancial haber danzado a coro. Junto al Narváez de utilería. El Roiter trucho.
Es de esperar que Mauricio, a través de la milonguita popular, conserve la lozanía. La misma suerte que El Roiter, pero sin desperdiciarse, ni ser carne para depilación.
Gilda, Macri y Glenn FordAunque Mauricio haya perdido, en la milonga política, gran parte del respeto. Acumulado entre los decepcionados que intentaron, a pesar de sus perceptibles vulnerabilidades, tomarlo con voluntaria seriedad. A lo largo de tres años en los que mantuvo el caprichito de exhibirse como candidato presidencial. Para impresionar, acaso, a su padre, y demostrarle que aparte de hacer dinero es necesario construir el bien para la sociedad.
Entonces concedió no menos de 100 reportajes televisivos en tal condición. Para después, con impunidad, decidir bajarse. «Chau, no va más», a lo Homero. «Soy más útil en la Capital, para los porteños».
Tristemente cascoteado por la numerología de los consultores. Por los panzazos prepotentes de las encuestas.

Club de Comedores de Amagues

Se asiste al triunfo, por abandono, aquí muy anunciado. Tarea cumplida para el Frente Encuestológico de la Victoria. Encargado, hasta aquí exitosamente, de sembrar el escenario de minas antipersonales. Para que el adversario se cuide al pisar. Y al avanzar. Paralizarlos con el formato de las encuestas. Las que el colega Kollman suele desmenuzar los domingos.
Gilda, Macri y Glenn FordIndicaban -las paralizantes minas antipersonales- que Cristina había pulverizado los medidores. Perforaba las barreras del sonido y del sentido común.
Merced a las conquistas de la Revolución Imaginaria, Cristina alcanzaba los 400 puntos de imagen positiva.
Y si aceptaba presentarse, Cristina, en primera vuelta, arrasaba, con 75 puntos. Si computaban los indecisos, con 82.
(Y 4 para Macri. 3,5 para Alfonsín, 2,3 para Duhalde, 1,4 para Carrió).

En la práctica, el Frente Encuestológico de la Victoria, con el auxilio solidariamente financiero del Ansés -y con la administración de pautas de Abalito-, fundó el glorioso Club de Comedores de Amagues. En  adelante, el CCA.
Merece ser presidido, el CCA, a perpetuidad, por Mauricio Macri. Por haberse destacado como el devorador insaciable de amagues. No dejó ninguno sin comerse.
Debe aclararse que los méritos naturales de Mauricio no son trasladables a los principales consejeros. Se comió los amagues solo. Por propia voluntad. «A conciencia pura», como en el tango Confesión.

Ellos (los consejeros), son para otro despacho. Se encargaron, apenas, de distribuir los amagues. En disciplinado delivery. Para el gran consumidor de amagues que aún baila, como Zorba. Baila la música de Gilda. Baila ante la artificial euforia de colores de los suyos. Baila con rítmica impunidad. Baila.

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