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Los Campos

Ejército. El padre, coronel, preso. El hijo, general, titular del Comando de Sanidad. La excepción que confirma la regla. Y siempre el General Milani. Crédito del Portal.

Jorge Asis - 25 de febrero 2011

Artículos Nacionales

Los CamposEl general Rodolfo Campos, Campitos, es el hijo del coronel Rodolfo Campos, también conocido como Tim.
La excepción que confirma la regla. El viejo Campos, Tim, está preso. Lesa humanidad. La cana es domiciliaria, pero a perpetuidad. Por episodios derivados de dos de los cargos ejercidos, durante el Proceso Militar, hoy unánimemente llamado Dictadura.
«Privación ilegítima de la libertad». «Imposición de tormentos». «Homicidio calificado».
Tim Campos no tuvo gran suerte estratégica con los destinos.
Entre 1976 y 1980, fue el subjefe de la Policía Bonaerense. Segundo del general Ramón Camps.
Después le tocó ser Jefe, pero de la policía de Córdoba. La provincia donde imperaba el general «Cachorro» Menéndez. Otro inmoderado. Como Camps.

Sin embargo a Rodolfo Campos hijo le fue mejor en la vida militar. Campitos superó en grado a su padre. Llegó a General.
Los camaradas lo tienen a Campitos como un cuadro tratable. «Cordial, y hasta simpático. Pero tuvo un ascenso per saltum», certifica la Garganta.
Porque ascendió un año antes que le correspondiera a su promoción.
Con Campitos, la condena por la portación de apellido no funcionó. Merece consignarse. No quisieron rebanarle la carrera.
Aparte, pronto Campitos aprendió. Con astucia e inteligencia, no manifestó -refieren las Gargantas- exteriorizaciones de solidaridad. Con aquellas causas perdidas que debió sostener el progenitor. Por «obediencia debida». O convicciones.

El fragor del champagne

El 9 de Febrero, antes de mediodía, el general Campos asumió la Dirección General de Salud del Ejército. Es el viejo Comando de Sanidad. Sucedía al General de Brigada Luis Herrera, actualmente en Comunicaciones e Informática.
Los CamposSu padre, Tim, con seguridad, desde su lugar de detención, acompañó al hijo. Al menos, espiritualmente.
Emocionó, incluso, a los parientes, la solemnidad de «la formación». La parada militar estuvo presidida -en la jerga- por el Subjemge.
Es el subjefe del Estado Mayor General del Ejército. El crédito del Portal. General César Milani.
Milani retiene, además, la jefatura de Inteligencia. Desde donde se entrega hacia la pasión filosófica del conocimiento detallado.

El «vino de honor» llegó con champagne incluido. Por las burbujas, el champagne es un refresco que suele producir el encanto del fragor. Alude al tango «Mareados». Motiva a la incontinencia del lenguaje.
Cuentan que Milani, en la plenitud del exceso, en rueda de confidencia, dijo:
«A Pozzi, me lo cargo antes que termine mayo».

Conducción

El Teniente General Luis Alberto Pozzi es conocido como «el De Vido de Bendini».
Es Jefe del Estado Mayor General del Ejército. Pero, según las Gargantas, Pozzi suele recibir, con cierta resignación, las instrucciones directas del Subjefe. El General de División César Santos Gerardo del Corazón de Jesús Milani. Es el crédito del Portal.
Los CamposComo sub jefe, Milani mantiene, a su cargo, los números de la administración. Por los soplos de la Inteligencia, maneja los fondos reservados.
Debe aprenderse pronto el secreto de la conducción política kirchnerista. El control de la Caja.

No obstante, pese al fragor, entre Pozzi, que es el primero, y Milani, que es el cuarto, se interponen, aún, dos generales.
El General de División Gustavo Alfredo Lux, Comandante Operacional del estado Mayor Conjunto. Es el segundo en el escalafón, carece más de ambiciones que de luces. Se prepara para regar los geranios del balcón.
El tercero es el General de División Jorge Ángel Tellado, Comandante de Adiestramiento y Alistamiento. Las Gargantas confirman que Tellado nunca podrá ofrecerle, a Milani, nuestro crédito, más resistencia que el General Prieto Alemandi, que fue fusilado por cobista. O el General Bruera, alias Tanguito, que fue desplazado por duhaldista.
Es Bruera el tardío Agustín Magaldi del Ejército. Dicen que supo ensayar, en el dilatado consuelo del Perú, «Cuesta abajo», y, sobre todo, «La vida me engañó».

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