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Maldón

Deben darse cartas de nuevo en el juego de truco del peronismo.

Oberdan Rocamora - 19 de agosto 2010

Artículos Nacionales

Maldónescribe Oberdán Rocamora
Redactor Estrella, especial
para JorgeAsísDigital

A Kirchner, El Furia, le sirve de muy poco ganarle una interna a Mario Das Neves, El Tenor Portugués.
Es el exclusivo audaz -Das Neves- que, pese a la levedad de la carga de su amperímetro, se atreve a desafiarlo.
«Por adentro». Es decir, desde el peronismo institucionalizado. El interior de las estructuras moralmente deterioradas del Partido Justicialista.
Puede, incluso, aparecer otro. Si prospera el delirio noctámbulo del poeta Alberto Fernández, predestinado a lanzar la candidatura modestamente presidencial. También «por adentro». Su consigna indica que «no hay que esperar hasta octubre». Porque «se le puede ganar a Kirchner en agosto».
La postulación del distinguido sonetista Fernández subyace en el campo de la conjetura virtual. Es casi equiparable a la expresiva postulación del «senatore» Cacho Caselli.
Es -Caselli-, pese a su ostensible desinfle, el innovador que introdujo el virus del protagonismo alucinante. Técnicamente conocido como Mal de Caselli (uno de los portadores sanos es Alberto Fernández).

El picado

Mientras entona fados nostálgicos, Das Neves sabe que, con su intención patrióticamente militante, lo legitima a Kirchner.
La acción de «ir por adentro» resulta, en este caso, tenuemente insatisfactoria. Pero es elogiable. Loable. Porque se diferencia políticamente de la posición principista que asumen los próceres inalterablemente probos, que componen el «magnetismo» del Peronismo Federal. Los que prefieren hacer -entre ellos- la internita.
A través del «redactor estrella» que deshilvana estas líneas, el Portal supo calificar, la interna que planifica el PF, como «el picado». Ver  «Capitulación precoz» (cliquear).
La teoría insiste sobre el deliberado apartamiento del juego en la cancha grande. Para preferir la organización, en su reemplazo, de un partido de potrero, de aquellos anticipatorios de un asado. Es a los efectos de no ir contra el poderoso de turno. «Para vaciarlo a Kirchner».
La idea del picado, hasta hoy, sirve para legitimar a los tres ambiciosos presidenciables que prefieren racionalmente brindarle la espalda al PJ oficial. Edificio construido a la medida del antojo de Kirchner.
Abundan los fuertes argumentos éticos que subrayan las diversas trampitas en la ley electoral. Falencias del juego que el poder vigente propone «para eternizarse».
Los presidenciables deambulan por el acotamiento mediático.
Es el taciturno Eduardo Duhalde. Es el mutante Felipe Solá. Es el inabordable Alberto Rodríguez Saa, el único, de los tres presidenciables federales, que aún conserva el control de un territorio. Es Gobernador del Estado Libre Asociado de San Luis, una suerte de Cataluña promisoria de la Argentina.
Es Rodríguez Saa el más indignado, según nuestras fuentes, por el ágape incendiario ofrecido por Héctor Magnetto, a los otros dos competidores del espacio.
«Coroneles desorientados que fueron a entregar la conducción a otro General».
El ágape mantuvo cubiertos reservados también para Mauricio Macri, el atacado por los diversos frentes posibles. También para el indescifrable De Narváez que declina. Y para el pobre Reutemann, que se sentiría después, por la trascendencia del ágape, según nuestras fuentes, desesperadamente abochornado. Enojado consigo mismo. Por haberse dejado conducir hacia la ratonera. Ampliaremos.

No obstante, mientras los tres presidenciables del PF (Duhalde, Solá, Rodríguez Saa) se muestran por los canales, crece desproporcionadamente el interés en que se presente el sensible Reutemann. El «abochornado» que de ningún modo quiere presentarse. Pero le fascina, en apariencias, la franela que lo convierte en víctima.
Emerge Reutemann como el cuarto presidenciable excluido. Pero incluido, insaciablemente, por los analistas que suelen utilizarlo como una expresión imaginaria de sus voluntades.
Hay un quinto presidenciable, culposamente excluido de esta asociación libre. Mauricio Macri, que entra y sale del grupo que supo compartir -y hasta digerir-, la incineración en la mesa de Magnetto.
Ocurre que Macri mantiene el defecto orgánico de no ser ontológicamente peronista. Atributo que lo excluye de la programación del picado.
Hay también un sexto, De Narváez, que mantiene problema de papeles.
«Abundan los candidatos pero faltan los líderes», sintetiza otra Garganta interesada. «Conocen el oficio de candidatos, pero no saben liderar».

Sospechas cruzadas

Tal como se dan las cartas, el juego de este truco a nadie le conviene.
Lo conveniente entonces es cantar «maldón». Para cambiarlas. Para dar cartas de nuevo.
El objetivo de conformar un peronismo unido es una alucinación que brota en algunas conversaciones.
A partir de una constatación temeraria, que admite la proliferación de las sospechas cruzadas.
Indica (la constatación) que dos peronismos en pugna facilitan el triunfo radical. La sospecha induce a pensar que es precisamente el deseo del otro.
Directamente se asiste al desmoronamiento de uno de los plácidos sofismas que nutre al islam peronista.
El «nada mejor» del compañerismo muta en «nada peor». La desaparición del dogma de la lealtad legitima lícitamente la hegemonía de la traición, con la que se convive.
Para contrarrestar las sospechas recíprocamente cruzadas, la idea de que hay peronistas que prefieren el triunfo radical es superada por otra idea. La conveniencia del entendimiento.
Ni una pugna de Kirchner contra Das Neves (o contra el poeta Alberto), que significa un paseo formal en la cancha grande. Especie de River en su mejor momento contra Cambaceres.
Ni tampoco el picado, para traspirar un poco, antes del asado, entre los exponentes del Peronismo Federal, que se encuentran aún dolorosamente atragantados por el ágape de Magnetto.
Ya que de muy poco les sirve ganar el picado. Perderlo, en cambio, sería un horror. Para el perdedor sería una utopía el regreso.

Lo verdaderamente legitimador, para evitar la instalación definitiva de la sospecha, sería, después del maldón, organizar, en este truco, una gran interna de verdad. Que combine la designación de los candidatos con la de las autoridades partidarias. A los efectos de sincerar el poder del islamismo peronista. Tal vez haya tiempo, aún, para organizarla. A partir del cero.
Es lo que se estudia, según nuestras fuentes, en la mesa ratona de El Furia.
Puede tratarse, también, en algún despacho parlamentario del Peronismo Federal.
De prosperar la iniciativa, la continuidad podría asegurarse a partir de la designación de los representantes de cada uno de los candidatos. Aunque no sean líderes.
«Embajadores», confirma otra Garganta. Los embajadores que debieran discutir, minuciosamente, las reglas del juego de la interna real que se impone para superar la irremediable fragmentación.
Con compromisos de cada parte de no incluir, en el menú de sus propuestas, ningún plato que fuera insoportablemente indigerible para el otro.
Aparte, se menciona, incluso, la confección de padrones nuevos. Para pulverizar las sospechas, a partir de la sobredosis de transparencia. Con un sistema de re-afiliaciones, que permitan partir de cero de verdad. A través del clima generado por el maldón. De la actitud reclamatoria de otras cartas. Para barajar las reglas del juego. Y dar de nuevo.

Oberdán Rocamora
para JorgeAsísDigital

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