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Dilemas de política conyugal

Cristina es hoy el problema de Néstor.

Oberdan Rocamora - 19 de julio 2010

Artículos Nacionales

Dilemas de política conyugalescribe Oberdan Rocamora
Redactor Estrella, especial
para JorgeAsísDigital

«En diciembre del 2007, Kirchner se fue con el respaldo del 80 por ciento de la sociedad», pontifica la Garganta. «A menos de tres años de haberle dejado el gobierno a esta mujer, apenas araña el 25».
Dilemas de la política conyugal.
Drama de anticipación. Para ser -pronto- minuciosamente analizado por los comentaristas tardíos.
Diferencias que comienzan a percibirse entre La Elegida y El Elegidor.
Interna larvada. Ideal para la desmentida fácil de los funcionarios aplicados. Pueden declararla inexistente. Decir que es una fábula. Los dos «representan lo mismo». Conforman una sociedad (indestructible) de poder.

Campo y Clarín

Jueguito de «la Pingüina o el Pingüino». El invierno del 2010 nada tiene que ver con el divertimento que entretenía en el verano del 2007.
La Elegida arrancó el ciclo con el cuentito de la «superior calidad institucional». A la semana, debió tolerar las esquirlas del Operativo Basura. Se le abrió la valija devastadora de Antonini Wilson, con los billetes «para la campaña electoral».
Por la guerra del campo, en el 2008, La Elegida perdió hasta el vicepresidente. Cobos pasó a ser el jefe (patológico) de la oposición.
Por los primeros escarceos de la guerra con Clarín, le llevaron puesto -a Cristina- el Premier. Cayó el atribulado sonetista Alberto Fernández.
El campo y Clarín legitiman las versiones antagónicas del dilema.
«Con Néstor de presidente, el problema del campo no existía. Se resolvía en quince días. De ser por Néstor, el tema Clarín estaba resuelto antes del 28 de junio del 2009. Pero Cristina pateó el acuerdo».

Cristinistas y nestoristas reconocen, separadamente, disidencias de enfoques.
Cuando golpea y humilla, Néstor lo hace siempre para negociar, desde una conveniente posición de fuerza.
En cambio Cristina, cuando castiga, golpea hasta acabar con el adversario. Carece de retorno (y tampoco suele movilizarse por los «retornos»). Debe aceptarse que es más genuina.
Los cristinistas confirman que el gobierno, si se fue al demonio, fue por culpa de El Furia.
Desocupado, El Furia se arrepintió -acaso-, de haberla elegido. Tiró en exceso de la cuerda de su desesperación. Pudo verse durante «el campo». Cuando se hizo cargo de las medidas que en principio lo habían espantado. Impulsadas por aquel ministro bello que menoscababa.
Martín Lousteau. Antecedente -hasta para el menoscabo- de Amado Boudou.
Durante su gobierno, El Furia supo disfrutar de la complacencia melosa de Magnetto. Para declararle la guerra -y hacerse el machito-, durante el gobierno de Ella.
Para el ciclo de Néstor, sólo había elogios de Clarín.
Para el ciclo de Cristina, sólo títulos temerarios. «Todo negatividad».
La Garganta confirma que Cristina tampoco convalidó la sepultura de las candidaturas testimoniales. La derrota le perteneció, en exclusiva, a Néstor. Pero El Furia descargó la responsabilidad en Scioli, el Líder de Línea Aire y Sol.

Gastarla y juntarla

«Esta mujer -sostienen adeptos de Néstor- se cree que es la Presidente de verdad. Se toma en serio. Debe suponer que llegó por sus propios merecimientos. Suben los humos. Decide ponerle su marca a todo. Manda».
Se entromete en los negocios. Juega el papel de pura. Trasparencia indeclinable.
«A Cristina siempre le gustó gastarla, pero nunca quiso saber cómo se junta», sentenció cierto positivista. Sigue al poder conyugal desde Santa Cruz.
Se le interpone en las cuestiones financieras. En los emprendimientos estratégicos. En las alianzas sindicales (sobre todo en el tratamiento con Moyano, ampliaremos).
Por su cuenta, Cristina escoge -o sostiene- funcionarios. Le responden, sin  dobles comandos, a Ella. Sin reportarse a Él.
Sólo por haber sugerido la existencia de la dualidad, Kirchner decidió estrellarlo, en su momento, a Massa (al que hoy vuelve a frecuentar, sólo para atormentarlo a Scioli).
Pero hoy, en el fondo, El Furia no se encuentra en condiciones políticas de plantear la renuncia de nadie.
«Néstor no puede cargarse ni siquiera a Boudou, que es un pichón. Ni soñar con desembarazarse de Marcó del Pont» (ocurre que la sonriente presidente del Banco Central también es situada en la órbita que merodea a la señora).
El cristinismo se encuentra fortalecido con la incorporación de Timerman. En la escala técnica de canciller.

Magnetto, Cobos y vos

Ni la banca exigua de diputado, ni el empleo -tan costoso-, de la UNASUR, lograron saciar a El Furia. Viene por más. Sobre todo después de haberse instalado el verso mediático de la recuperación.
Las diferencias dejan de ser sutiles cuando se acentúan los posicionamientos electoralistas.
«Cristina soportó la adversidad, herencia de Néstor. Y cuando se vuelve, por Cristina, a remontar la montaña, de nuevo quiere ser Él».
Dependencia relativamente extraña. Hasta aquí, Cristina llegó por decisión soberbia de Néstor. Pero no puede intentar quedarse. Por la misma decisión de Néstor.

Tal vez, los socios (indestructiblemente) eternos están de acuerdo. Para hacerle, al semejante, armónicamente, el «dos uno».
Sin embargo, cuando Ella se desplaza, trascienden los efectos de las reuniones secretas. Derivan en operaciones.
Uno fue, probablemente, el acuerdo de Kirchner con Magnetto. Para liberar de preocupaciones ambulatorias a la señora Ernestina. Tratado en «Rendición Condicional» (cliquear).
Otro operativo, aún no debidamente blanqueado, consiste, según nuestras fuentes, en la articulación de cierta tregua con Cobos. Para alcanzar una disminución gradual de la agresividad.
Ambos -Kirchner y Cobos- perciben que emerge el tercer personaje, como  beneficiario del conflicto. Alfonsín.
El Alfonsinito le despoja a Cobos el cetro del protagonismo. Para compartirlo.
A Kirchner, El Alfonsinito lo corre. Por izquierda.

Negocios

Lo grave es cuando Cristina se introduce también en los negocios. En «La Comedia de Telecom» (cliquear). La miniserie del Portal, tan imitada por colegas de la prensa gráfica.
De pronto, La Elegida se atreve a echarle flit a cierto empresario. Aliado incondicional de Kirchner que pretendía, para encarar el negocio, dinerillos de la ANSES (el organismo que maneja Diego Bossio, el marido de Valeria, la cristinista del primer cordón. Bossio hace equilibrio entre los pliegues del matrimonio).
«¡A mí no me van a sacar ni un mango!», exclamó.
Pudo escandalizarse cuando otro empresario, que llegaba para llevarse el apoyo oficial, le preguntó a la Presidenta, con inocente perversidad, a quién tenía que pagarle. «A nadie -se irritó La Elegida-, aquí hay trasparencia, no hay que pagar». Una suerte que el empresario no mostrara el mail enviado por otro par. Tramitaba el «cuánto» del apoyo presidencial. El correo es expresivamente escueto. «Pidió tres» (millones de dólares, claro).

Oberdán Rocamora
para JorgeAsísDigital

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