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Para parar a Juez (I)

Sólo De la Sota puede prepararse.

Serenella Cottani - 7 de julio 2010

Artículos Nacionales

Para parar a Juezescribe Serenella Cottani
Interior-Provincias, especial
para JorgeAsísDigital

CÓRDOBA (de nuestra corresponsal itinerante, S.C).- Mientras los argentinos de risa fácil suelen regocijarse con el arsenal mojado de sus ocurrencias, Luis Juez, el senador condecorado por la astucia, y cierta capacidad, espera tranquilo la ceremonia del  2011. La próxima vez, nadie «le va a soplar la gobernación».
En el 2007, Juez perdió ahí nomás. «Por penales». Pero supo, con ingenio mediático, instalar la idea de la trampa.
Pese al fortalecimiento (y a la presencia de un excelente cuadro como Aguad), los radicales aún no pueden plantearse, con ambiciones viables, la reconquista de la gobernación. Tienen que resolver, antes, el periplo de su interna. Pero sí pueden quedarse, pronto, con el manejo de la capital de la provincia. Ampliaremos.
A esta altura, el avance irresistible de Juez sólo podría detenerse desde el peronismo. Superstición que Juez conoce por dentro.
José Manuel de la Sota, el principal protagonista de los chascarrillos del humorista Juez, es el único que puede prepararse para enfrentarlo. Con alguna posibilidad de éxito.
La Garganta confirma que De la Sota se lo dijo personalmente a Kirchner. Quince días atrás. «Sólo yo le puedo ganar a Juez».
Fue en Olivos. Donde los Kirchners planifican la utopía de residir, al menos, cuatro años más.

Mediante embajadores, De la Sota también le envió el mismo mensaje a Duhalde. Juntar las dos cabezas del cuerpo del peronismo es una tarea para titanes.
Debía convencerlo a Kirchner que debe resignarse. Es, en Córdoba, directamente impresentable. Mala palabra.
Según nuestras fuentes, De la Sota le dijo a Kirchner algo así:
«Lo mejor, Néstor, es desdoblar las elecciones. Separar la provincial de la nacional. Porque si te cargo a vos, como presidente, nunca le voy a ganar».
A nadie -y menos a El Furioso- le agrada aceptar semejante baño frío de realidad.
Significa que, merced a la desertificación conceptual de la oposición, Kirchner puede recuperarse en cualquier parte, menos en Córdoba. Aquí El Furioso no pasa.
Para la consultora más optimista, El Elegidor mantiene un 85 por ciento de imagen repulsiva. Ánimo, porque La Elegida viene algo mejor. La rechaza, tan sólo, el 82.

Peronismo de dos cabezas

«¿Y cuál es mi negocio si te apoyo?», confirma la Garganta que le preguntó Kirchner.
«Que no gane Juez» -dicen que le respondió De la Sota-. «Si las desdoblamos, si juntamos todo el peronismo, yo puedo pararlo. Después, mando votarte por abajo. Si ganamos los dos, vos como Presidente y yo como Gobernador, nunca te voy a molestar».
Para que De la Sota vaya al frente, hacia la cruzada de «parar a Juez», harían falta dos requisitos.
Primero, la presión reclamatoria. Desde el interior de la provincia. El operativo clamor para que «el Gallego» sea el candidato. Del peronismo de las dos cabezas. Con los Federales incluidos (Duhalde, según nuestras fuentes, aún no le contestó). A los Federales les cuesta también armar algo que no sea muy piadoso.
Segundo, la gravitante marroquinería, colmada del apoyo espiritual.
Resulta más improbable conciliar el apoyo generalizado del peronismo que garantizar las excelencias del cuero de la valija.
Debe entonces incorporarse, detrás del carisma innegable que aún conserva De la Sota, lo poco que aquí conserva el kirchnerismo. El adaptable Accastello, intendente de Villa María. Giaccomino, el intendente de la Capital. Y debe lograr que los tanteos del Peronismo Federal -los opositores a Kirchner en el plano nacional-, también se sumen. Con las brevedades rescatables que aporta Eduardo Mondino. «Con lo que puedan armar desde Teodoro (Cortés Funes), hasta el Chiche (Aráoz)».
Caso contrario, a Juez, de la boca, la provincia no se la saca nadie.

Desde El Golden

La insolencia de la claridad emerge desde el ventanal del Golden.
Desde aquí, suele percibirse la majestuosidad comercial del Patio Olmos.
El gobernador Schiaretti -se sabe- carece del derecho a la reelección. Por haber sido vice de De la Sota, en el periodo anterior. Ambos mantienen una relación de inteligente competitividad.
La prescindencia protagónica del gobernador se encuentra legitimada. Tolera los chispeantes agravios de Juez.
Pero los adictos a la información calificada mantienen ciertos fundamentos para la desconfianza.
Aquí nadie puede asegurarlo. Pero se habla de la existencia del acuerdo tácito entre Schiaretti y Juez.  Aunque, por afuera, se ataquen.
Nada nuevo bajo el sol de Córdoba. A lo sumo, sería otro caso de virulencia pactada.

Ocurre que Juez y Schiaretti fueron amigos. ¿Aún lo son?
Schiaretti lo llevó a Juez, como funcionario menor, en aquella memorable intervención de Santiago del Estero.
Pero la amistad se consolidó cuando ambos activaban juntos, en los noventa. Durante la transformación menemista que instrumentaba el cavallismo.
Cuando el hombre ascendente de la provincia era Domingo Cavallo. Al que Juez recibió, casi secretamente, cuando estaba a cargo de la intendencia de Córdoba-Capital. Fue durante el peor momento de «El Mingo». Lo que prueba que Juez mantiene aún algún código de lealtad. Basado, acaso, en la melancolía.
Mingo Cavallo es oriundo de San Francisco. Es la ciudad que hoy puede aportar al otro candidato presentable del peronismo. Al que se lo puede promover, pero sólo para que pierda.
Es el intendente Martín Llaryora. Pero es ejemplarmente promisorio para desperdiciarlo -a Llaryora- con una derrota.

Con Cavallo como ministro, Schiaretti fue Secretario de Industria. Ellos impulsaron a Juez para que se hiciera cargo de la changuita de director de Papel Prensa. En representación del Estado.
Pero quien más ayudó para que lo designaran a Juez, como director en la papelera, fue una dama que se había ganado el cariño del presidente Menem.
Leonor Alarcia, el emblema del menemismo cordobés. Apodada, con fundamentos físicos, la «Gorda» Alarcia.

Para concluir el primer despacho, puede asegurarse, desde el Golden, que a Juez, al menos hasta hoy, nadie lo puede parar. La diferencia, a su favor, se extiende en la decisiva capital. Y descuenta, según nuestros informes, en el interior de la provincia, que le resultaba más hostil.
A De la Sota entonces no se le puede exigir el sacrificio de inmolarse. Al imbatible, que ayudó a generar, cuando cometió el máximo error. Designarlo, a Juez, como funcionario encargado de la lucha contra la corrupción. Y comenzó a perseguir a los «delasotistas».
«Si ahora lo enfrenta a Juez, y pierde -confirma la Garganta- De la Sota fue».
Estación Terminal.

Serenella Cottani
para JorgeAsisDigital

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