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Suficiente Toddy

CASA CASTA (IV): Con Timerman, emergen dos referentes de la Casa Casta. Alberto D’Alotto y Luis Kreckler.

Oberdan Rocamora - 22 de junio 2010

Artículos Internacionales

Suficiente Toddyescribe Oberdán Rocamora
Redactor Estrella, especial
para JorgeAsísDigital

Los Kirchners suelen ser maltratadores. Al respecto, al canciller Jorge Taiana -El Inadvertido-, habría que condecorarlo. Por la capacidad para el aguante.
De pronto, los diplomáticos de la Casa Casta, pudieron sorprenderse. «Tenía dignidad», confirma la Garganta.

En Paraguay, delante de los cancilleres y los presidentes (y sobre todo delante de las cámaras) La Elegida supo «forrearlo». Mal. Culpabilizarlo por su llegada tarde. «Por error informativo de mi canciller», dijo.
El grotesco peor transcurrió en la visita a la India. La Elegida maltrató a Taiana porque no tenía la valija con los zapatos (la dama, encargada, la había olvidado en el avión).
Lo retó también por un asunto de bujías. Bombitas que irradiaban luces del Palacio San Martín. Era fácil percibir que no lo soportaba.
La «renuncia indeclinable» de Taiana -El Inadvertido que se quería ir-, signa la plenitud del ocaso, sin la menor gloria, de la «Cancillería de las Regionales».
La salida es expresiva. Casi tanto como la llegada del sucesor. Héctor Timerman que ya no es (tan sólo) aquel hijo de Jacobo. A los 57 años, el chico ya tomó suficiente Toddy.

El Tojo y Rosa de Luxemburgo

El Tojo también debería marcharse. O sea, el embajador Rodolfo Ojea Quintana. A través de la estética de la «orga», Tojo supo concentrar el poder administrativo que lo hizo indispensable.
Desde el gobierno, los «compañeros» le piden, según nuestras fuentes, al «compañero Tojo», que se quede por un tiempo más. Al menos, hasta que Timerman entienda algo de la programada complejidad del ministerio.
Adicto al perfil bajo, Tojo animaba el estancamiento de la Cancillería de las Regionales. En la mesa (inconcebiblemente) chica, se atendían las cuestiones considerables que les dejaban los «diplomáticos paralelos». Los que ni eran, siquiera, «artículo quinto». O sea, los embajadores políticos.
El canciller paralelo, Rafael Follonier, se situaba en la Unidad Presidencial, al lado de La Elegida. Encargado de los «operativos especiales». Travesuras geopolíticas, de las que Taiana tomaba conocimiento, apenas, por los diarios. Merecen un próximo despacho.
Otra diplomacia simultánea operaba desde Planificación. Las secuelas de la diplomacia de Planificación, donde solía destacarse Claudio Uberti, se conocían, con detalles, desde hace cinco años. Hoy son tratadas, entre la reciedumbre tardía del parlamento. A partir de las «testimoniales» del embajador Sadous. Y a partir, en realidad, de la debilidad del kirchnerismo. El que hoy, milagrosamente, se recupera. Merced a la distracción infinita de la oposición, que no acierta, pese a las vulnerabilidades, en la manera de «entrarle».
En la Cancillería de las Regionales interesaban las refacciones, las vacaciones del personal, nimiedades de los viáticos. Más que la política exterior. De manera simbólica, las cuestiones inmobiliarias ocuparon las instalaciones del venerable Consejo de Embajadores. Los pobres debieron entregarse. Las lamentaciones eran inútiles. A nadie podían aconsejar.
Con el escape de Taiana, se asiste, también, a la agonía de la influencia de Las Llorente. Rama conyugal de fuerte gravitación en la mesa chiquitísima. Al declive ingrato de La Cuñada, la embajadora Llorente, a la que Tojo llama, aún, Rosa de Luxemburgo.

Profesionales

Colaboradores principales de El Inadvertido, los Profesionales tenían el acceso acotado al piso catorce. Restringido.
Por la pertenencia a la Casa Casta, pronto podrán evocar la plácida monotonía del ciclo histórico que se les termina. Desde alguna embajada. La merecen.

Es el caso del embajador Victorio Taccetti. El vice canciller nominal. Al que La Orga, según nuestras fuentes, no soportaba.

Lo mandaban a Taccetti hacia cualquier misión, con tal de despacharlo y no tenerlo cerca.
Taccetti es beneficiado por el atributo de ser un peronista cultural. Brotaban chispas de sus manos, cuando aplaudía, durante los discursos de La Elegida.
El otro Profesional es Alfredo Chiaradía. De los escasos técnicos, estructuralmente solventes, que posee la Casa Casta.
Como Secretario de Estado, Chiaradía se ocupa de las relaciones económicas internacionales. Pese al aspecto impecable, se encuentra al borde de la jubilación. Pero aún Chiaradía puede mojar la medialuna, cobrar otros gastos del traslado y disparar. Puede ocupar un destino de primera clase. En la Casa Casta se entusiasman, incluso, con la posibilidad que un Profesional ocupe la embajada en los Estados Unidos.
Esgrimen: «Chiaradía es mucho más que el ministro Bertolo». Referencia a uno de los escasos diplomáticos que Timerman conoce, y hasta valora. Por lo tanto -dicen- lo promueve.

El caso del Profesional Alberto D’Alotto es diferente. Es el Jefe de Gabinete de Taiana.
Para D’Alotto, no habrá retiro en embajada. Al contrario, lo aguarda el desafío de otra promoción. Consta en el reportaje ofrendado por Timerman al confiable Martín Granovsky. En la Secretaría de Estado de Página 12, Timerman anuncia que D’Alotto va a ser su vice canciller.
Debe aceptarse que Timerman dista de ser tonto para elegir. Muestra que es un calculador que nada deja librado a la improvisación.
«Sorpresas que da la vida». Como Taiana nunca le atendía el teléfono a Timerman, el embajador en los Estados Unidos, según nuestras fuentes, sólo podía llegar a D’Alotto. Es el origen de la gran relación.
Desde adentro, D’Alotto conoce el funcionamiento del ministerio. Como conoce el funcionamiento del sistema de las Naciones Unidas. Fue funcionario en Ginebra y en Nueva York.
Entonces D’Alotto, durante la cancillería de Timerman, va a erigirse como el miembro mejor posicionado de la Casa Casta.
En su curriculum contiene algunos datos que, para la estructura ideológica actual, puede enriquecerlo. Fue otro abogado, de los cuantiosos del exilio. Significa que el profesional es un experto en materia de militancia. En los catastróficos errores de su generación. Y en alguno de los aciertos irreprochables. Como la capacidad de dar. De ofrendarse por alguna causa, aunque sea errónea. Jugarse -como cantaba George Brassens- «por las ideas».

Por lo que trasciende, a Chiaradía va a sucederlo otro cuadro Profesional. Es Luis Kreckler. De la dinastía de Los Kreckler, apellido muy popular en la Casa Casta.
Dicen los optimistas que basta, con la agenda de Luis Kreckler, para encarar las bases de un proyecto económico capitalista.
O para persuadir, por lo menos, a la cantidad de empresarios disponibles, que lo siguen. Acompañantes que suelen complementar las peregrinaciones presidenciales.
Las Gargantas insisten en sostener que Kreckler, hasta la semana anterior, era El Elegido, como reemplazante de Taiana. Por los atributos oscilantes. Entre la eficacia, la discreción, y los contactos del empresariado internacional que fascinaron, según nuestras fuentes, en principio, al ministro De Vido.

Con historias casi antagónicas, D’Alotto y Kreckler son los emergentes principales de la Casa Casta. Carente, hasta hoy, de liderazgo. Desde que abandonaron el oficio, por cuestiones de la biología, dos emblemas. Carlos Ortiz de Rosas, El Duque, y Lucio García del Solar, «Venancio».
Ellos -D’Alotto y Kreckler- mantienen, entre sí, una relación sin afecto, pero racional. Sobre todo después de aquella pelea histórica, que por poco termina a los empujones. Fue cuando La Elegida convocó a la totalidad de los embajadores acreditados en el exterior, a los efectos de enunciar las «bajadas de línea», «las instrucciones». Para el proyecto que pretendía quebrar la imagen del aislamiento.
Cuentan que Luis le dijo: «Alberto, tenemos que aprender a tolerarnos. Nos quedan aún 17 años de carrera para compartir».

Forastero solitario y desconfiado

Timerman deja de ser (tan sólo) el hijo de Jacobo, que se casó muy bien. Ya tomó suficiente Toddy. Desde la prematura dirección de La Tarde, hasta aquí, le creció hasta la calvicie.
En la campaña del 2007, Timerman trabajó para abrirle, a La Elegida, las puertas del liberalismo comunitario (estrategia desmoronada por la valija fatal de Antonini Wilson. Por la denuncia desesperada del Operativo Basura).
Pero cabe consignar que Timerman llega a una Casa Casta que desconoce. Donde no tiene un amigo.
Taiana, al jurar, conocía la Casa de sobra. Por su labor protagónica durante la diplomacia menemista, impregnada por aquel acierto oral de Carlos Escudé, que aludía a las «relaciones carnales». Y por haber sido, en los dos mil, vice canciller de Rafael Bielsa, el canciller que fue menos tolerante a las ceremonias kirchneristas del forreo.
Héctor Timerman accede, al pináculo de la Casa Casta, como el forastero solitario y desconfiado. Sensibilizado por los prejuicios que suelen estimularse en la profesión.
Los méritos que no supo conquistar con la diplomacia, Timerman los obtuvo con la entrega hacia la confrontación. Hasta situarse en la primera línea de fuego, contra el Grupo Clarín.
La evaluación, aquí, es inquietante. La Diplomacia de las Regionales cede el espacio para la Diplomacia de Combate. Estética del malvinismo interior.
Clarín mantiene el llamativo poder de fuego del elogio. Paradójicamente, es más fuerte que el poder de la diatriba. La impresión acentúa la altiva ingenuidad del kirchnerismo.

«Al funcionario del gobierno que no ataque, Clarín lo condena».

A Taiana, El Inadvertido, habría, además, que felicitarlo. Logra, al fin y al cabo, lo que quería. Irse. Y con un cierto manto de dignidad.

Oberdán Rocamora
para JorgeAsísDigital

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