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La Kermesse del 25

Facciones de la Argentina conmemoraron el 25 de Mayo.

Carolina Mantegari - 26 de mayo 2010

El Asís cultural

La Kermesse del 25escribe Carolina Mantegari
Editora del AsísCultural,
especial para JorgeAsísDigital

A pesar de las facciones confrontadas, la sociedad argentina, políticamente balcanizada, volvió a superar a su dirigencia y superó los fastos divididos del 25 de Mayo.
La efeméride del bicentenario alude al impulso patrióticamente municipal de 1810. Se ponía en movimiento la idea afortunada de la independencia del decadente imperio español. La inviabilidad -el reino de España- que se autodestruía. De todos modos, la independencia se declara el 9 julio de 1816. Pero como consecuencia de la ansiedad celebratoria, se asiste pronto a la nacionalización de la movida municipal de 1810. Hasta ratificarse, 200 años después, como el aniversario principal. Sin atisbos para la discusión impugnadora.
Los Kirchner, en especial, se habituaron a trasladar los festejos. Para extirparlos de la exclusividad de Buenos Aires. A los efectos de llevarlos hacia otros maravillosos recodos de la república, que en general no tuvieron un pepino histórico que ver con la Revolución de Mayo.
Lejos de aferrarse al dictado de alguna interpretación racional, para la facción poderosamente gobernante, la mudanza de los 25 de Mayo sólo pudo imponerse como consecuencia de la paranoia presidencial.
Ocurre que la facción conyugal -los Kirchner- suelen indisponerse, hasta el riesgo de la colitis o la urticaria, ante la mención del significante Bergoglio.
Trátase del Arzobispo de Buenos Aires. El Compañero Cardenal Bergoglio, transformado en el objeto cotidiano de destrucción. A través, en principio, del influyente humanista Horacio Verbitsky. Es la más contundente espada de la facción oficialista que suele hacerle, al compañero Cardenal, pelo y barba. Desde la Secretaría de Estado de Página 12, el baluarte comunicacional del kirchnerismo que ya no está periodísticamente solo. Hoy la Secretaría de Estado de la referencia debe competir con otras fuerzas comunicacionales de choque interno. El dominical Miradas al Sur, y el reciente Tiempo Argentino. Voluntarismos que no alcanzan, aún, siquiera a atenuar la intensidad del declarado enemigo principal de la facción mediática. Clarín, y, en menor medida numérica, La Nación, pero con superior solidez conceptual.

Fugas

Kirchner le dispensa, al humanista Verbitsky, según nuestras fuentes, un temor reverencial, pero ataviado con el ropaje del respeto y la coincidencia ideológica.
Para conformarlo, y acaso para contenerlo, los Kirchner le entregaron, al temido columnista que orienta el CELS, el manejo envuelto de la cuestión militar. Hasta tallar en la específica decisión sobre el ascenso de cualquier teniente primero. Como retribución, Kirchner retiene el privilegio de la inmunidad. De no ser atacado por Verbitsky en sus aspectos más vulnerables. Los que el columnista compasivo, hoy colaboracionista, no supo contemplar en Menem.
Deben admitirse, en el combo, hasta las barbaridades de la política humanitaria, basadas en el principio inalterable de la venganza. En la patología reivindicatoria se aprueba, aún, el traslado en camilla, hacía un presidio común, del octogenario Martínez de Hoz, el mismo día en que Ricardo Jaime parte, con permiso judicial, hacia el Brasil.
La venganza genera, en general, su propia dinámica. Es siempre anticipatoria de las próximas venganzas voluntarias que agudizan la crispada balcanización de las facciones.
Pero los Kirchner conceden hasta en las incongruencias de índole religiosa. Destartalan la racionalidad de la historia. Al menos, el último 25 de Mayo, el de la efeméride del bicentenario, los Kirchner dispararon cerca de la ciudad que brindó el escenario de los amagues de Mayo. Hacia la bellísima Basílica de Luján. Por suerte, no se deslizaron por el tobogán del ridículo que suele inspirar la pasión por la escapatoria. La que los instigó a fugarse, durante otro 25 de Mayo, hasta la imponente Salta. Donde el gobernador Urtubey, para la oportunidad, concedió en disfrazarse de gaucho de Güemes. Utilizó un folklórico ponchito televisivo que le quedaba, además de pintoresco, bastante lindo.

Utopía «neronista»

Para los fastos del bicentenario, la facción gubernamental, económicamente dispendiosa, prefirió insistir con la idea autista del aislamiento interno. A los efectos de adherir a la utopía neronista de suponer -como aquel Nerón que desplazó a Perón- que la historia contemporánea podía comenzar, y hasta terminar, en ellos. Al margen de la visión telenovelesca con que se iluminara sofisticadamente el Cabildo, antes del desfile de las murgas contagiosas y las comparsas festivas de Fuerza Bruta.
Lo que se impugna, desde el Portal, es la versión negacionista de la continuidad histórica. Obturan -los Kirchner-  la elegancia elemental del reconocimiento, hacia aquellos presidentes anteriores. Antecesores que aún no experimentaron la fatal desventura de la muerte. Democráticos, como la presidenta derrocada, María Estela Martínez de Perón, a la que suelen ningunear con admirable tenacidad. O Carlos Menem, al que degradan al extremo de no pronunciar su significante, aunque puede resultarles de cierta utilidad en el congreso. A Fernando de la Rúa. A Eduardo Duhalde, que cometió el pecado incorregible de catapultarlos. En cierto modo también a Ramón Puerta, Adolfo Rodríguez Saa (y sin olvidar nunca a Eduardo Camaño, el presidente meritorio, que tuvo menos tiempo para equivocarse).
La pasión autista por el aislamiento interno, indujo a la facción irresponsablemente oficialista a ignorar, institucionalmente, también al vicepresidente de la república. Con Cobos se encuentran en la imposibilidad inmadura de convivir.
La facción oficialista consiguió sobrevalorar, a través de la significativa ausencia presidencial, la ceremonia de reapertura del centenario Teatro Colón. El desaire hacia Mauricio Macri, el líder de otra facción confrontada, fue aceptablemente motivado, en principio, por el infortunio de una falta diplomática del alcalde que no debió exagerarse.

Sin embargo, la intensa ausencia de la facción presidencial, convirtió la reapertura del Colón en el máximo acontecimiento de la efeméride. Al menos, fue el más sobriamente perfecto. Tuvo el rigor que le proporciona, a Buenos Aires, el sitial que nunca debió haber perdido en materia de refinamiento estético musical. Con la presencia, por si no bastara, de los adversarios políticos más sobrevalorados por La Elegida. Y por El Elegidor, el Secretario general de la patológica UNASUR. Pertenecientes, dolorosamente, los signados como adversarios, a otras facciones confrontativas. Como el diabolizado Cobos, Sanz y Morales, de la facción radical. O Reutemann y Puerta, de la facción del Peronismo Federal, un objetivo que se estructura a pesar de las dificultades que depara el vedettismo. Y el propio Macri, que parece tener, a los Kirchner, de jefes de campaña. Y con la presencia del prioritario objeto de desprecio del matrimonio neronista. Héctor Magnetto, el enemigo declarado como facción principal, cabeza de Clarín. El Grupo que construyó, según nuestro director, a Los Kirchner (consultar al respecto el último número del semanario «Noticias»).

El espectáculo

Debe reconocerse que el kirchnerismo, para los fastos, organizó, otra vez, lo que mejor sabe hacer. Hasta superarse. En un grado de dispendiosa perfección, con las carrozas espectaculares, capitalizadas por la tecnología que admite acrobacias voladoras y pedanterías temáticas que ilustraron aspectos del pasado. Como la inmigración fundacional, o la epopeya de Malvinas. Con las murgas y comparsas nutridas que complementan la confusión básica de identificar la cultura con el show. Con la grandilocuencia caricatural del espectáculo.
Transcurrió, sobre todo, la concatenación saludablemente interminable de los recitales populares. Capturaron el objetivo de movilizar millones de personas, dispuestas a celebrar por una patria agotada de sus luchas interminables de facciones. A través de los artistas del elenco estable, ahora felizmente ampliados. Con el transfondo participativo, esta vez, enmarcado en la ciudad presentada como una gigantesca kermesse.
Se extendió -la kermesse oficial- en la avenida 9 de Julio. Entre las avenidas Belgrano y Corrientes.
La kermesse del bicentenario contuvo un conglomerado federal de stands. Pudieron adquirirse aceitunas patrióticas. Dulce de cayote para ingerir con quesillos. Pudieron consumirse venerables empanadas, de competencia interprovincial. Y choripanes estremecedores mientras, por el centro de la kermesse del 25, desfilaban las colectividades, heroicamente y bajo la llovizna. Como prólogo de las carrozas con los actores voladores, con la recreación del fatídico 2001 y ,sobre todo, con las murgas desinhibitorias que instigaban, a La Elegida, a bailar, con una galera donde se leía «Kirchner 2011». Con la algarabía de sospechar que, para la facción conyugal, es posible aún proyectar otra utopía. La re reelección.

Carolina Mantegari
para JorgeAsísDigital

permitida la reproducción sin citación de texto.

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