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Mercado Internacional de Presos

Clotilde Reiss, dulce manifestante francesa, por el iraní Ali Vakili Rad, asesino de Chapour Bakthiar.

Osiris Alonso DAmomio - 19 de mayo 2010

Artículos Internacionales

Mercado Internacional de Presosescribe Osiris Alonso D’Amomio,
Corresponsal internacional, especial
para JorgeAsísDigital

París

Mahmud Ajmadinejad, en el mercado internacional de presos, tuvo la suerte que le faltó a Hugo Chávez, su aliado estratégico.
Porque Ajmadinejad consiguió la liberación de Ali Vakili Rad. Es uno de los asesinos que supieron degollar, en 1991, a Chapour Bakthiar. El infortunado dirigente iraní que fastidiaba, explicablemente, al ayatollah Ruhollah Komeini. Y los Guardianes de la Revolución, Los Pasdaran, jamás vacilaban a la hora de ejecutar las fatwas secretas.
Lo masacraron a  Bakthiar en Suresnes, en los Altos del Sena. En la misma región -Ile de France- que signó escenográficamente el exilio de quien lo había mandado matar. El ayatollah Komeini, cabe aceptarlo, tuvo superior protección que Bakthiar. En Neauphle le Chateau, menos operativo que Suresnes.
Chávez, en cambio, aún no tuvo suerte para alcanzar, en el mercado internacional de presos, la liberación del Comandante Carlos, El Chacal, Illich Ramírez Sánchez. Es primo, para colmo, de Alí Rodríguez, uno de los principales bastiones del bolivarianismo que se degrada.
Para el mercadeo de La Salada, Chávez no tuvo la oportunidad que sí tuvo Ahmadinejad. Y supo aprovecharla. Contar con una presa francesa. De la dimensión mediáticamente humana de Clotilde Reiss.
Clotilde es la dulce profesora inocentemente interesada en la cultura persa. Se desempeñaba en la Universidad de Ispafhan. Pero la francesita apasionada supo integrarse con la problemática sociopolítica del país que la albergaba. Supo insuflarse de contagioso afán participativo. Suficiente como para atreverse a manifestar en contra de la reelección, contablemente turbia, de don Ahmadinejad.
Clotilde fue detenida en julio de 2009, justamente cuando se disponía a abandonar Teherán. La acusaron, los cretinos, de espionaje. Tuvo como destino diez meses de cárcel, pero también innumerables páginas de Paris Match y L’Express. Logró Clotilde erigirse en una invalorable moneda de cambio para cotizar en el mercado.
Francia mantenía una serie de presos iraníes. Los que no fueron detenidos precisamente por manifestar a favor de la transparencia democrática. Asesinos patrióticamente enaltecedores de la dimensión de Ali Akili Ram. Venía Akili condenado a cadena perpetua. Pero, por los diversos beneficios garantistas de la civilización francesa, Akili se encontraba en condiciones de recuperar la libertad. A los efectos de ser expulsado, desde la tierra de los derechos humanos, hacia Irán. Sin embargo se interpuso, en Teherán, la prisión de Clotilde Reiss. Circunstancia que prolongó la estadía, en la cárcel francesa, de Ali Rakili Rad.

Plan Canje

En lenguaje diplomático, corresponde que el canciller Bernard Kouchner, el más digno exponente del «borocotismo» francés, sostenga que se trata de casos incomparablemente diferentes.
Para Kouchner no se asiste, en materia de presos, a ningún Plan Canje. Suerte de mercado humanitario de las pulgas. Pero resulta excesivamente llamativo que la liberación del degollador de Bakthiar se produzca al día siguiente de la liberación de la manifestante francesita. Cuesta, hasta para los bien pensantes del optimismo, evitar que se hable del cambiazo.
Sólo la diferencia cultural permite que sea equiparable el degüello al canto romántico de la consigna. Un asesino confeso por una muchacha que distaba de ser espía. Pero ella apenas solía aclararle algunos aspectos contemporáneos de la civilización persa al embajador francés en Irán, quien de inmediato los transmitía hacia el Quoi de Orsay, la cancillería. Fue la manera imprudente de entregar diplomáticamente a la manifestante. Resulta utópicamente ingenuo pensar, hasta para un diplomático de carrera, que las comunicaciones encriptadas puedan, en Irán, no desembocar en el conocimiento de Los Guardianes de la Revolución.

Ventanillas

Pobre Chávez. No pudo cobrar, por ventanilla, con la liberación de El Chacal, lo oportunamente colaborado con sus dependientes de las FARC. A los efectos de lograr la conmovedora liberación de la señora Ingrid Betancourt, por entonces transformada en un problema prioritario para la agenda de Francia.
Pero se le adelantaron, al pobre Chávez, los servicios de inteligencia de Colombia. Fue a través del exitoso operativo comando que inundó las primeras planas del universo. Con la libertad de Betancourt. Para ser ardorosamente consumida como rápidamente olvidada.
Para colmo, después de haberse trasladado una media docena de veces hacia Teherán, al pobre Chávez lo madruga sorpresivamente Lula. Lo desplaza del protagonismo en la política hacia Irán. Chávez tiene que tolerar que emerja Lula como contrapeso, para quedarse con las glorias de la intermediación. Sólo por haber reclamado, en Teherán, y por discreta sugerencia de Itamaraty, la liberación de la dulce profesora, Clotilde Reiss. Gesto que el presidente francés, Nicolás Sarkozi, abiertamente le agradeció a Lula. En presencia de otros mandatarios que estaban anotados para el aplauso. Fue en la reunión de Madrid.

Si aún se obstina en lograr la liberación del Comandante Carlos, El sexagenario Chacal, Chávez tiene que incorporarse, de una vez por todas, con presos propios en el mercado internacional. Debe capturar, en principio, alguna romántica francesa que sirva de moneda de cambio para el Plan Canje. Alguna Marianne que se entrometa en las abundantes manifestaciones en contra de Chávez. La Marianne de referencia, francesita a detenerse, tiene que ser, en todo caso, mediáticamente penetrante como Clotilde. Digna de ser fotografiada en París Match. Y analizada por Jean Daniel, en Le Nouvel Observateur.

Osiris Alonso D’Amomio
para JorgeAsísDigital

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