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El Telefonito

CASA CASTA (III): Del Ministerio de Planificación, se desplaza Venezuela hacia la Cancillería de las Regionales.

Oberdan Rocamora - 26 de abril 2010

Artículos Internacionales

El Telefonitoescribe Oberdán Rocamora
Redactor Estrella, especial
para JorgeAsísDigital

Ni la victoria moral de La Haya, o la trascendencia testimonial del embajador Sadous, desmoronan al Comité Mayor de la Cancillería de las Regionales.
Trátase de la diplomacia menos activa de las últimas décadas. Interesada, en la actualidad, más en las construcciones inmobiliarias que en la política exterior. Conste que la escuadra de arquitectura inmobiliaria desplazó de sus despachos a Los Venerables. Los tristemente congelados miembros del Consejo de Embajadores. Seres experimentados de nobleza espiritual a los que nadie les lleva, en realidad, un centímetro de apunte.

Lo gravitante, en el presente despacho, es que Jorge Taiana, El Inadvertido, consolida la posición de canciller ideal del periplo kirchnerista. Por lo tanto posterga las ambiciones sucesorias del embajador J.P. Lohlé, que prefiere seguir anclado en Brasilia. Y dilata las perspectivas del crédito popularmente anónimo de la Casa Casta. Corporación que parece haber encontrado el referente secreto, casi oculto. El liderazgo vacante en la Casa Casta. Al menos, desde la honrosa jubilación del embajador Carlos Ortiz de Rosas, conocido como El Duque, y del embajador Lucio García del Solar, el literario Venancio.

Méritos de colección

Los méritos que colecciona Taiana distan de agotarse en la visita express de la señora Hillary Clinton. O en la anhelada audiencia bilateral de La Elegida con el Presidente Barack Obama (en el fondo, fueron dos exitosos actos de embaucamiento hacia la prensa. Ampliaremos). Tampoco las escarapelas se agotan en la visita del presidente ruso Dimitri Medvedev, con sus cautivantes anuncios de inversión.
Taiana se consolida, en definitiva, porque el diputado Kirchner logra erigirse presidente del engendro UNASUR. Puesto que pacientemente se alcanza, en realidad, merced a los sigilosos deslizamientos de Rafael Follonier, El Rafa. Es el funcionario de la Unidad Presidencial, al que Taiana prefiere mantener, según nuestras fuentes, a respetuosa distancia (también ampliaremos).
La UNASUR es el empeñoso artificio de necesidad incierta. Pero puede permitirle, a Néstor Kirchner, en su improvisación diplomática, generar el previsible desplazamiento de sus desastres seriales.
Del plano nacional, pasarían (los desastres seriales) hacia el plano multilateral.
Sin embargo, el «laburito» le brindaría, a Kirchner, la suficiente respetabilidad para diplomarse aceleradamente de estadista. Y seguir los pasos parentales de Eduardo Duhalde. Con la complicidad política de los resignados mandatarios latinoamericanos. Y con la Cancillería de las Regionales puesta a la total disposición, para producirle la inutilidad fastidiosa de la papelería.

Corsódromos

En cuanto a los escándalos puntuales, el papelón de la victoria moral de La Haya no se originó, tan solo, en las admirables distracciones del embajador García Moritán. Al que se le trasladan, mecánicamente, las culpas solidarias. Pero la equivocación básica consistió en haberse remitido hacia La Haya. A los efectos de patear con frivolidad el problema doméstico, para el ilusorio adelante. Decisión de absoluta irresponsabilidad del próximo presidente de UNASUR.
Fue Kirchner quien convocó a la totalidad de los gobernadores dóciles hacia el festivo corsódromo de Gualeguaychú. Para movilizarlos al mejor estilo Galtieri, en la flamante causa malvinera de la nación. Con la construcción de una de las tres peores concentraciones del kirchnerismo, sólo evocables cuando se apaguen las luces del corsódromo colectivo. Junto a la fantástica Contracumbre de Mar del Plata. Y aquel dramático suicidio masivo con el acto del Congreso, previo a la derrota «del campo». A la consagración vacilante de Cobos.
Las palabras televisivas, dedicadas a los excitados resistentes de Gualeguaychú, podrían derivar en emocionantes palos. Si es que no acatan el veredicto inapelable de La Haya. Si continúan en la patriótica obstinación de no despejar el puente.

Desplazamiento

En cambio, el escándalo de las denuncias del embajador Sadous brota, curiosamente, en medio de otro desplazamiento.
Es el traslado de la relación sustancial con Venezuela. La que se manejaba desde el Ministerio de Planificación, de Julio De Vido, el flamante Samoré, y sobre todo de Claudio Uberti. Para pasar, paulatinamente, hacia el control de la Cancillería de las Regionales.
Para algarabía del Embajador Ojea Quintana, El Tojo. Y de la embajadora Llorente, conocida como Rosa de Luxemburgo, hija de La Pasionaria.
Sobre todo si se trata a la embajadora Alicia Castro, mal apodada La Bagayera, como perteneciente aún al esquema de la cancillería. A la que Castro debe reportarse oficialmente. Pero de ningún modo se reporta por lealtad hacia Taiana.
Ni el Inadvertido Taiana, ni la señora Castro, tienen nada que ver con la sofisticada relación económica, que solía comunicarse a través del expresionista idioma de los valijazos.

Los detallados lamentos borincanos del embajador Sadous aludían a circunstancias de las que fue víctima. Pero que no asombraban a nadie. Menos al inaccesible Comité Mayor. Se comentaban en las sobremesas del Ligure, en los arrabales socioculturales de la mundanidad porteña.
Eran los momentos de ascendencia de Claudio Uberti, el Cubrecaminos. Oficialmente Uberti dirigía el OCCOVI, el organismo dedicado a las autopistas, pero se especializaba, en Venezuela, de los peajes de ramos generales.
Sin embargo, las argumentaciones archiconocidas de Sadous trascienden, hoy, gracias a la inquietante fragilidad del kirchnerismo. Impugnado, incluso, hasta por los locutores.
En la práctica, antes de pegarle el metafórico puntapié al embajador Sadous, le dijeron la verdad: «No te metas, esto no lo manejás vos, borrate».
Lo desplazaron con un cable bastante menos dramático que aquel cable enviado por el propio Sadous. Donde denunciaba, profesionalmente, la desaparición de 90 millones de dólares del fideicomiso patriótico. Fondo utilizado, según fuentes, para la gloria de la especulación.
Turno, en Venezuela, del interinato de la señora Nilda Garré. Diplomática que fue presentada en «Aló Presidente», la pedantería mediática que aún conduce el presidente Chávez, con un estilo que permitía evocar la influencia conceptual de Sergio Velazco Ferrero.

Abuso del lenguaje

Hablar de «diplomacia paralela», en Venezuela, es un abuso del lenguaje.
La valija de Antonini Wilson fue fronteriza. Intensificó la devastada moral del kirchnerismo. Antes de la valija existía un intento magro de prolijidad institucional. Pero no pudo prosperar el proyecto oficial de hacerlo embajador, directamente, a Uberti, el Cubrecaminos, y clarificar el dilema. O designar, en su defecto, al recurrente Follonier, que por entonces amparaba las travesuras geopolíticas desde el Ministerio del Interior (trasladadas hacia la Unidad Presidente).

Pero Uberti no podía ser. Arrastraba antecedentes poco enaltecedores en Rosario. Donde, de mozalbete, se había destacado -según nuestras fuentes- como un seductor compulsivo.
Follonier tampoco podía ser. Por dos motivos. El primero, porque prefería quedarse aquí. Segundo y principal, a Follonier le interesaba más el delirio ideológico que los negocios (ampliaremos).
En la actualidad prospera el proyecto de hacerlo (a Follonier) embajador en Uruguay. Por la pregonada amistad con el presidente Mujica, el Minguito del Portal. Convertido -Minguito- en el extraño promotor de la presidencia delirante de Kirchner, en la UNASUR.

Kirchner y De Vido debieron capitular. Para designar, como embajadora en Venezuela, a la bolivariana preferida de Chávez. La señora Alicia Castro. Virtual «matadora» de diplomáticos que no pudieron consagrarse en la aventura de tolerarla.
Pero Castro se las ingenió para armar, en la Cancillería de las Regionales, una formidable comunicación con el camarada embajador Jorge Sigal. Es uno de los escasos titanes capacitados para contenerla. Como su adjunto, el embajador Jamer. Es El Porotero. Como les dicen, en la Casa Casta, a los funcionarios anexados desde Comercio Exterior, por culpa ancestral del otro Mingo. Cavallo.

La cuestión que el accionar de Castro, aunque arroje funcionarios por la ventana, resulta eficaz. Consiguió recuperar, para la Cancillería (de las Regionales), el poder decisorio de la relación con Venezuela. En detrimento de la Planificación de De Vido, el nuevo Samoré. Y de los reticentes miembros, algo devaluados, de la Casa Casta, que consideran, con una distinción parecida al espanto, que aquí se asiste a la mezcla de las competencias.
Sostienen, con relativa malicia, que la embajadora Castro es más representante del chavismo hacia la Argentina, que a la inversa.

Para colmo, la embajadora Castro se jacta de disponer, según nuestras fuentes, de la legitimidad que brinda «el telefonito».
Se trata del aparato exclusivamente utilizado para las comunicaciones encriptadas con el presidente Chávez.
El «telefonito» es distribuido personalmente por Chávez. Entre los privilegiados hombres de confianza. Los que pueden comunicarse en directo, con él, en cualquier momento de la noche o el día.
El servicio del telefonito incluye a los embajadores de los países puntales. Los adheridos con firmeza al proyecto bolivariano.
Cuba, Ecuador, Irán, Argentina.

Oberdán Rocamora
para JorgeAsísDigital

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