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Reutemann, Operativo Destrucción

ENIGMAS Y MISTERIOS (Narvaéz, Reutemann, Menem) -II-: Fotografías entregadas en sobres de papel madera, sin remitente.

Oberdan Rocamora - 20 de abril 2010

Miniseries

Reutemann, Operativo Destrucciónescribe Oberdán Rocamora
Redactor Estrella, especial
para JorgeAsísDigital

Las fotografías existen. Son por lo menos cinco. El hombre no está solo.

Prospera, entre los colegas de la prensa, la explicable curiosidad por averiguar el significado de las verdades de la señora Mimicha Bobbio, ex de Reutemann. Pugnan por escaparse del refinamiento de su puño. Lo expresa la escritora, desde el encanto de su sitio web, en el comunicado «urgente», emitido «desde su residencia europea». Alude al hartazgo. En una explícita advertencia para «el senador y sus seguidores». Situada en la frontera con la amenaza, «de contar toda la verdad». Que «calla por pudor».
«Esta mujer, ahora, tiene tanta bronca que va a decir que soy p…»,  dijo el personaje de referencia, según nuestras fuentes, en intimidad familiar.

Las posibles revelaciones literarias de la señora Mimicha proporcionan mayor complejidad al horizonte político del actual senador por Santa Fe. Definido, aquí, como el gran administrador de las propias vacilaciones.
Lo gravitante es que si Reutemann decide postularse, para la presidencia de la república, se pueden experimentar saludables alteraciones en el panorama melancólico del peronismo. Sea disidente o federal, u oficial, atado al carromato del kirchnerismo que se desbarranca entre crispaciones. El resto de la sociedad normal (aún no inoculada por el virus condicionante del peronismo) asiste con perplejidad a los altibajos de las vacilaciones. Sin embargo Reutemann «no se entusiasma, no siente la candidatura». Ante la ostensible ansiedad de los «seguidores». Apuntados, también, por las llamaradas literarias de la escritora. Desde su «residencia europea».

Imaginación complementaria

Basta con la sospecha. O con la siembra de la intriga. Las versiones fantasiosas suelen emanciparse de la realidad. Entendida, apenas, en estética, como punto de partida. La imaginación brota como complemento multiplicador.

Aquí se alude a la existencia de fotografías que (casi) nadie vio. Pero que infortunadamente, según nuestras fuentes, existen. Cabe, además, la posibilidad que sean perfectamente trucadas. Falsas. Armadas. Sigilosamente producidas. La situación entonces es patéticamente hilarante. Oscila alrededor de las fotografías imaginarias que nadie sabe donde están. Ni quien las tiene. Ni quien las reparte. O las produce.
La Garganta, tan indescifrable como incuestionable, asegura haberlas visto. Mediante la virtuosidad de la tecnología. Exhibida por una dama herida. Atormentada, entre rencorosas indignaciones. Compartidas por otras confidentes de la burguesía impresionada de Santa Fe.

Desmoronamiento

Las fotografías podrían aclarar el misterio. El Portal ni siquiera las busca. Así las consiga, jamás, aquí, se van a publicar. Códigos profesionales del director, que tampoco autoriza la publicación del CD del (considerado) hijo natural de uno de los hombres más poderosos de la Argentina (Se lo ve al muchacho activo en un recital. Bastante grandecito, en el ensayo de unos pasos simpáticos, que incentivan el parecido caricatural con el progenitor que se oculta).

Desde algún costado del poder, con extorsiva capacidad de daño, se intenta el desmoronamiento de la moralidad del sujeto de referencia. No se trata, tan solo, de los libelos maltratadores. Por la acentuación de su imprevisibilidad en las inundaciones. Por los alegados muertos. O por las detalladas denuncias de las corruptelas que curiosamente se emiten desde la cárcel (el preso que denuncia aporta su nombre real).
La destrucción pasa, ahora, por la legitimidad estructural. En un violento deschave, destinado a instalar los agresivos rasgos íntimos de una (posible) doble orientación. Elevada -la pasión- como máxima vulnerabilidad políticamente explotable. En el marco del atraso cultural.

Pudo rastrearse que, en una residencia situada en el exterior, fue entregado un sobre de papel madera. Dirigido a determinada dama. Con la ausencia básica del remitente. El sobre anónimo fue llevado en mano. Dejado en la mesa de entrada del edificio.
Pudo averiguarse que fue depositado, según la Garganta, alrededor de dos meses atrás, en la planta baja de la primorosa arquitectura situada en las proximidades de una ciudad de tarjeta postal. Soñada por los adoradores del glamour. Por la belleza geográfica del mar que recorta el paisaje desde la altura. Celebrada por los adoradores del juego. Mónaco.

Ingenio del Mal

En el interior del sobre había cinco fotografías. Trucadas o cruelmente verídicas. Al menos, verosímiles. Muestran el rostro popularmente reconocible. Es reciente. Las imágenes son -según la Garganta- tenebrosamente claras.

En ninguna de las fotografías, según nuestras fuentes, el personaje de la referencia se encuentra solo. Acompañado, siempre, por Alguien. Presumiblemente fueron tomadas en algún lugar del exterior inabordable.
En caso de ser -las fotografías- anecdóticamente ciertas, aquel Alguien, probablemente, actuó como entregador, al admitir la presencia del camarógrafo. Del paparazzi contratado. O con seguridad, el hipotético Alguien es otra víctima involuntaria del Operativo Destrucción. Instrumentado, acaso, con cámaras ultrasofisticadas. Consecuencia del seguimiento minucioso. Sistemático. Cinematográficamente caro. A partir de la filtración de algún dato relativo a la sospechada vulnerabilidad.
La evaluación indica que los negativos de las fotografías pertenecen a un ingenioso del mal. O ingeniosa. Sabe a quién entregarlas, a los efectos de provocar el daño potente a la víctima. O pertenece a una organización de inteligencia contratada, por el ingenioso/a del mal que decidió regular la distribución de las copias. En los ordinarios sobres de papel madera y sin remitente. Destinados, probablemente, a generar la acción psicológica devastadora. Para persuadir, al sujeto de referencia, por segunda o tercera vez, que el momento político no debiera inspirarlo. Ni depararle el menor entusiasmo para proyectarse y competir.

Oberdán Rocamora
para JorgeAsísDigital

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