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Caprichitos

La tristeza de los confrontadores consolida el objetivo de Kirchner.

Oberdan Rocamora - 5 de abril 2010

Artículos Nacionales

Caprichitosescribe Oberdán Rocamora
Redactor Estrella, especial
para JorgeAsísDigital

Tristeza não tem fim/ felicidade sim
Vinicius de Moraes

Para el 2007, la encrucijada, era tristemente precaria. El jueguito del Pingüino o la Pingüina. El Elegidor o La Elegida (fue La Elegida).
Para el 2011 -y hasta después del Mundial-, la duda existencial radica en dos dilemas que conmueven el panorama.
Consiste en saber, primero, si Francisco de Narváez, El Roiter, exponente del peronismo postmoderno, podrá ser candidato presidencial o no (El debate contiene a juristas, filósofos del derecho, Buscapinas de mano abierta, periodistas fascinados por la problemática del ombligo, diletantes de ramos generales).
O segundo, si Reutemann, el gran administrador de las vacilaciones, va a quebrar la monotonía tradicional de la precandidatura eterna (La amenaza de ser presidente le sirve, a Reutemann, para desperdiciarse en la renovación de la plácida banca senatorial).

Desencanto

El desencanto que produce el amateurismo político de la oposición, logra que Kirchner proporcione un nuevo desafío al análisis político.
En la plenitud de la debacle, sumergido en la lona moral, Kirchner se recompone. Hasta -incluso- fortalecerse. Ante el hartazgo inexplotado de la sociedad, la pasión emotivamente destituyente.
El objetivo de mínima de Kirchner -para el Portal- consiste, razonablemente, en no ir preso. Entregar los menos presos posibles, aunque siempre algún Jaime deba caer. Radicarse en El Calafate y reeditar otra Puerta de Hierro.
Sin embargo, al percibir la tristeza política que colectivamente generan los confrontadores, Kirchner puede, perfectamente, replantear el objetivo de máxima. Quedarse.
Lo que irreparablemente fenece -el kirchnerismo- se recupera porque, entre el alboroto del páramo, nada crece. «Tristeza não tem fim».

Basta con el amague

De lejos, con el mero amague, entre tanta tristeza, Narváez vuelve a ganar. Como le ganó a Kirchner.
Así no pueda ser presidente, El Roiter se queda con la máscara más redituable. Diplomarse de víctima. Queda constitucionalmente discriminado.
En adelante, el candidato habilitado, nacido patrióticamente en esta «tierra de promisión», que busque -para consolidarse- el apoyo de Narváez, tendrá que concederle, en el mercado paralelo de la negociación, un par de ministerios.
El Roiter encara el más formidable de sus negocios de supermercadista. Con sólo amagar con la búsqueda de la presidencia que no le corresponde.
Para parafrasear a Amado Boudou, el playboy del páramo, aquí brota la «tensión del precio». La problemática constitucional de Narváez amenaza con dilatarse durante varios meses. Tantos que, a través de la generalizada tristeza, hasta podrían atreverse, con otro amague, los dos funcionarios kirchneristas que exclusivamente saben sonreír.
Boudou, y la señora Marcó del Pont. Elevados ambos, triunfalmente, por haberse lucido al enfrentar, separadamente, a los opositores blandos, amontonados en la aritmética del senado.

Por descarte

A su favor, en el páramo, cuenta Narváez con la honesta equivocación de Duhalde, el Piloto de Tormentas que supo destacarse, en el 2003, como el gran campeón del error (por haber traído al «Loco» que hoy pretende llevarse).
Duhalde, de por sí, es un proyecto político concentrado.
Concentra, en su alrededor, a gravitantes empresarios, que calman hacia arriba. Indispensables «camperas» sindicales, que consolidan la actividad. Una sólida construcción territorial, y el manzanerismo asegurado, que brinda confianza hacia abajo. Mantiene, aparte, una ficción consensual, y exhibe una marcada evolución que puede complementar la experiencia.
Pero le chinga. Se achica. Se aferra en demasía a la temperatura de las encuestas.
Al cierre de esta crónica, aún Duhalde no desmintió haberle dicho a Clarín la siguiente tontería.
«Cuando se den cuenta que De Narváez no puede ser, y que Reutemann no quiere ser, van a tener que apoyarme a mí».
La franqueza brutal de Duhalde tiende a aceptar la concepción del favoritismo eventual, hacia él, por descarte.
Según su propia teoría, Duhalde no se impondría por impulsar el proyecto superior de reconciliación, que, a su pesar, encabeza. Apuesta, frontalmente, a ser apoyado por descarte. Ante la imposibilidad de los competidores. Jurídica (Narváez). O moralmente anímica (Reutemann).

Obsesión cultural

Con el triunfo, nada menor, en la sustancial provincia de Buenos Aires, Narváez supo conquistar el cetro metafórico del peso pesado. Aunque sea, con generosidad interpretativa, un peso pluma. A pesar de las dos horas de gimnasio diario.
El ascenso en las encuestas de Narváez fue lo suficientemente vertiginoso como para eclipsar a su obsesión cultural. Mauricio Macri.
A la obsesión -Macri-, Narváez le marca, aparte del boleto, el territorio.
Narváez compite con Macri en la patología sociocultural de los caprichitos. Muchachones bien educados, de los que felizmente tuvieron todo en la vida, y que decidieron ser valientemente providenciales. Admirablemente útiles, para su país.
Macri tuvo, hasta el 2009, más suerte que Narváez. Aún a Macri se lo necesita para la presidencia de Boca. Y pilotea como puede -mientras aguarda una indagatoria-, la alcaldía del gobierno autónomo.
En el 2010, compiten -Narváez y Macri- por el caprichito presidencial.
En la encuestología, Narváez se encuentra, cabeza a cabeza, con Cleto Cobos. Es el otro fenómeno de la patología política (Ampliaremos).

El Muro

El muro, supuestamente infranqueable, de la Constitución Nacional, lo obstruye a Narváez. Pero El Roiter estimula igualmente a sus Buscapinas, fascinados por el caprichito de aspirar a la presidencia. La jactancia remite a otra trasgresión.
Para llegar hasta aquí, a Narváez lo ayudaron varios de los que hoy, en privado, descalifica. Duhalde, Macri, Solá. Pero lo ayudaron movilizados por aquel caprichito anterior. La gobernación de Buenos Aires (Provincia que estuvo decorada con los afiches del tatuaje que taponaban el cielo).
Cuando se consigne que el último caprichito, el presidencial, es, por el muro, de imposible consecución, de ningún modo Narváez va a bajarse, según nuestras fuentes, a la pelea provincial.
Tampoco, por el caprichito derrumbado, Narvaéz lo va a apoyar -como presidente- a Duhalde. Lo considera a Duhalde el primer militante de la obstrucción al caprichito. Activista de la adversidad, en la Corte.
Menos aún Narváez va a apoyarlo a Felipe Solá, el máximo afectado por el Mal de Caselli.
Quedan -para el Portal- sólo dos potables.
Das Neves, el tenor portugués, al que Narváez piensa llevar de vice, si es que el caprichito tiene luz verde (Das Neves, para conmoverlo, siempre suele recitarle el máximo hit, Alika Alikate).
O la obsesión cultural. Macri. Representa la fraternidad de los tantos caprichitos compartidos.

«En el caso de no poder ser, Narváez va a inclinarse, Rocamora, por apoyar a Mauricio. Lo quiere», confirma la Garganta.

Una manera de demostrarle, a la obsesión, cierta superioridad.
Otro acto, en definitiva, de amor. Hacer, de Macri, El Elegido.
«Tristeza não tem fim».

Oberdán Rocamora
para JorgeAsísDigital

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Antonio Jobim – A Felicidade

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