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Damas bravas

Roxana Latorre y Mercedes Marcó del Pont.

Oberdan Rocamora - 12 de marzo 2010

Artículos Nacionales

Damas bravasescribe Oberdán Rocamora
Redactor Estrella, especial
para JorgeAsísDigital

«La sociedad no quiere opositores que se opongan a todo».
«Tampoco seduce el oficialista que apruebe o defienda lo que se le ordene».
«Es el turno de la oposición selectiva. Signo máximo de la madurez democrática».

Quien razona es Carlos Corach. Con lucidez distante de pensador positivista. Desde el ostracismo voluntario de París.

Desde la óptica argentina coyuntural, la reflexión de Corach naufraga entre el voluntarismo y la utopía. Pero puede tomarse como lineamiento para interpretar -ya por cuenta del Portal-, la decisión de la señora senadora Roxana Latorre. Apoyar la permanencia de la señora Mercedes Marcó del Pont, en el Banco Central. Y mantener, en simultáneo, la identidad de opositora.

Milonga y conducción

Para la militancia emocional, debe hablarse de traición. De -al menos- imperdonable desobediencia. La atmósfera política, habitualmente deportiva, motiva que se hable de «triunfo del oficialismo».
Derrota de la oposición. Blanco -hoy- de diatribas fulminantemente injustas. Menoscabos de ramos generales.
El brote maligno de la desconfianza obliga a considerar la previsible existencia del garrochazo reparador.
Latorre viene marcada, aparte, por aquel desprolijo distanciamiento con Reutemann. El gran administrador de las vacilaciones supo consagrarse, en materia de conducción, como un patadura.
Porque Reutemann no supo «conducirla» a Latorre. Justamente a una milonguera elegante, una dama brava, como Latorre. Conducida a la perfección, tan solo, en las vibrantes tanguerías de Rosario. O en El Beso, o Niño Bien, de Buenos Aires. Cortes sensoriales y ochos perfectos, después de las monotonías de la labor parlamentaria.

Si no se asiste a la reiteración del garrochazo, para el vulgo mercantilizado tiene que tratarse de otro mero acto borocotista. Criterio que remite a la aceptable sospecha de kirchnerización de Latorre. A través de la contundencia de las prebendas, o de la expresividad de la marroquinería.
En definitiva, para la militancia emocional no cabe la aplicación de la tesis positivista que con sabiduría abre la columna. Ninguna viabilidad para la «oposición selectiva».

La utopía -aquí- es representada por la madurez.

Fondo y forma

Los opositores decepcionados del Peronismo Federal, junto a los opositores del Radicalismo Resucitado, tendrían que esforzarse por entender determinadas sutilezas del temple femenino.
Del «alma», que existe. Aunque las damas sean políticas.
Deberían aprender, acaso, que una dama que suele prepararse espiritualmente para la ceremonia estético-mítica de la danza del tango -como Latorre-, no puede ser conducida a los pisotones.
O con empujones derivados de pactos preexistentes.

Habituados a confrontar con la indispensable brutalidad de Néstor Kirchner, los opositores -hoy balcanizados- tampoco supieron evaluar los atributos naturales de la tipología caracterológica de la señora Marcó del Pont.
Un dilema de fondo y de forma.
La dama suele aplicar el «fondo» reprobable que reclaman los Kirchner. Pero suele utilizar el refinamiento inteligente de las «formas», que despierta adhesiones explicables. En el contorno independiente que conforma la alucinación de la opinión pública. Sobre todo, entre los sectores que no se encuentran ansiosamente desesperados por el creciente deseo cultural de desembarazarse de los Kirchner.
Si los Kirchner pudieran adoptar, para la digestión pública, las maneras de Marcó del Pont les iría, con seguridad, bastante mejor. Pero es tarde.

Valiums

Marcó del Pont demuestra que sabe, ante todo, sonreír. Y también reír. La imagen brinda la idea calurosa de la distensión, estigma convincente de seguridad. Aparte, la dama viste bien (es infinitamente más elegante que La Elegida). Y sabe traficar con el hálito de respetabilidad que debe emanar de una señora.
Es -por si no bastara-, una dama astuta. Una fierecilla de Cervantes que no tuvo el menor reparo en «dormir» profundamente a los senadores involucrados. Porque la dama brava distribuye, con su amplia sonrisa, metafóricos valiums que son más eficaces que los inofensivos caramelos de madera. A través del manejo instintivamente profesional del arte de la comunicación. Y con el sistemático envío de mensajes destinados hacia la opinión pública, y por elevación hacia los senadores somnolientos.

Primer Valium. Transcurrió cuando Marcó del Pont declaró que, si los señores senadores no la votaban, no pensaba continuar al frente del Banco Central. Lo cual era una obviedad. Aparte, ella tenía ya destino de ministro (mientras lo aguarda, a Boudou, un horizonte deplorable con excursiones por los juzgados).
Segundo Valium. Transcurrió cuando la dama utilizó de mensajero a la prensa, a los efectos de notificar que quería defender sus posiciones, ante el pleno del senado adverso que la había condenado, aferrados a una estática que nunca tiene en cuenta a la dinámica. Lo que finalmente Marcó del Pont hizo, acompañada de sus leales y sobre todo de la televisión, mientras los senadores opositores -como consecuencia de tanto Valium atragantado-, no podían despertarse siquiera para amonestarla. Fue precisamente en ese recodo cuando Marcó del Pont les depositó, en cada banca, el tercer Valium. El de la victimización. En dosis suficiente como para torpedear, por dentro, a la menoscabada oposición que padecía la tendencia a balcanizarse.

Cuidar a los Kirchner

La oposición necesita, imperiosamente, de la brutalidad de los Kirchner. Ellos son los instrumentos unificadores que le permiten prosperar. Unificarse.
Por lo tanto, los opositores tienen que cuidar a los Kirchner.
Debe mantenerse -de acuerdo a esta evaluación- el rencor creciente de la sociedad hacia los Kirchner.
Es -el rencor- el factor gravitante que persiste, como elemento de aglutinación. De consenso.

Oberdán Rocamora
para JorgeAsísDigital

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