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Pro Tempore

Lula está harto de los Kirchner. Mujica quiere cruzar El Puente a pie.

Jorge Asis - 10 de diciembre 2009

Artículos Internacionales

Pro Temporeescribe Osiris Alonso D’Amomio
Consultora Oximoron, especial
para JorgeAsísDigital

Pedir por la restitución de Zelaya, en Honduras, es -para Consultora Oximoron- como pedir, en el Uruguay, que Botnia deje de operar en Fray Bentos.
Debe abandonarse, acaso, la movilizadora inclinación hacia la utopía.

Lula está ya ostensiblemente harto de los Kirchner. No quiere saber más nada. Con ninguno de los dos. Ni Con La Elegida ni -mucho menos- con El Elegidor.
Lo que hasta hace una semana era un secreto, hoy es título de portada del diario en pose de combate.
Pero la mala suerte le indica, a Lula, que, en el último tramo del dilatado mandato, tiene que intensificar la capacidad de aguante.
Porque se asiste al turno protagónico de La Elegida. Por fortuna rotativa. Ella asumió, en Montevideo, como Presidente Pro Tempore del Mercosur. Por seis meses.
Pro Tempore significa «por un tiempo», según la traducción de Wikipedia.
Entonces La Elegida podrá aprovechar el Pro Tempore para recuperar posiciones. A los efectos de exhibir el atributo de la oratoria articulada, en la próxima cumbre del Mercosur con la Unión Europea. Con la esperanza de atenuar los principales focos de litigios bilaterales. El estructural, es con Brasil. El folletinesco, con Uruguay.

Reverencias y reprobaciones

El subcontinente vibra, Pro Tempore, hacia la izquierda. La estudiantina pudo percibirse grotescamente en Montevideo.
Brotaron las reverencias hacia los ganadores de las elecciones legítimas. En el Uruguay, para el electo Mujica (afectuosamente Minguito para el Portal). Y en Bolivia, para el hegemónico Evo Morales.
Junto a las reprobaciones, casi unánimes, hacia las elecciones, «totalmente ilegítimas», de Honduras. Realizadas, de acuerdo a la concepción radicalizada de La Elegida, a través del «golpe cívico mediático».
La preposición «casi», antes del vocablo «unánime», obedeció a que Francisco Santos, el vicepresidente de Colombia, y la señora Patricia Espinoza, la canciller de México, lo «preocuparon» a Chávez. Las aperturas de comprensión hacia «el proceso interno de Honduras», resultaron excesivas para la sensibilidad del bolivariano.
Chávez, como La Elegida, es otro severo guardián de la espiritualidad democrática del subcontinente.

Por su parte Lula, tal vez por la acumulación del hartazgo, estuvo más prudente. Adhirió al documento de reprobación. Pero en el discurso de fastidio prefirió omitir las alusiones a Honduras. El país condenado, por los ejemplares miembros del Mercosur, al Muro del Aislamiento.
La prudencia, en Lula, obedece, según nuestras fuentes, a las diferencias de criterio que mantiene con la candidata a sucederlo, la señora Dilma Roussef.
Ocurre que Dilma intenta rescatar, airosamente, a Lula, del descalabro diplomático que supo generar. Como estadista, vocacionalmente iniciado, en los papelones de la geopolítica.

Lula tendría que inclinarse, en adelante, por el razonamiento atinado de Dilma Roussef. Para establecer las bases del salto de acrobacia con red, y reconocer, en cuanto pueda, a Porfirio Lobo, el presidente electo de Honduras. Y liberarse, para siempre, del sombrero siempre puesto de Zelaya, el inquilino que se encuentra instalado, lo más pancho, en la residencia del embajador de Brasil, en Tegucigalpa, la capital del país que se convierte en tema excluyente del Pro Tempore presidencial.
La animosidad favorable, que prospera en Itamaraty, para acabar con las ceremonias del aislamiento de Honduras, tendría que trasladarse hacia la irrelevancia de la cancillería argentina.
Pero en la estructura decisoria de los Kirchner, la cancillería es una mera agencia de viajes. Mantiene una presencia política menos que relativa. Aparte, aquí nadie del oficialismo se atreve a plantear siquiera el menor atisbo de disidencia.
Tampoco, curiosamente, surgen, las disidencias, desde la oposición. Distraída en conmovedoras repartijas parlamentarias. Pero pierde la oportunidad de diferenciarse en una cuestión puntual.

Alteraciones

Probablemente, en el 2010, se registre una alteración del signo ideológico que caracteriza al entusiasta izquierdismo Pro Tempore del subcontinente.
En el mitificado Brasil, puede gestarse, incluso, un cambio equiparable al que se aguarda en Chile.
Piñera, de Chile, y Serra, de Brasil. En caso de imponerse respectivamente sobre Frei (y Ominami), y sobre Roussef, van a despertar, con seguridad, menos euforia. Sobre todo en el grupo radicalizado del Mercosur (con Chávez incluido).
En Argentina, a través de la diplomacia secreta, desde la Unidad Presidente -y ante la intrascendencia de la cancillería-, se opera, en Chile, según nuestras fuentes, a favor de Ominami, el candidato revelación que compone una novela con las peripecias de su biografía (Ampliaremos).
El objetivo kirchnerista consiste en obstruirle el paso, eventualmente triunfal, a la derecha. O sea, al inquietante Piñera. Empresario muy cercano, para colmo, a Domingo Cavallo.

En el Puente

Con Mujica, alias Minguito, La Elegida intentó ser amigablemente componedora.
Para felicitarlo, cuando aún no había asumido la presidencia Pro Tempore, desde Lisboa, La Elegida lo telefoneó al electo Minguito. Con el objetivo de plantearle, también, la obvia posibilidad de verlo (lo que finalmente ocurrió, en la solemnidad de Montevideo, cuando asumió la Pro Temporidad).
Pero en la comunicación telefónica Lisboa-Montevideo, con lo rápida que es para las palabras, La Elegida debió vacilar.
Fue cuando Mujica le dijo, a La Elegida, según nuestras fuentes, que le encantaría que lo recibiera. Pero en el Puente.
Incluso, Mujica utilizó una imagen cinematográfica.
Le dijo Mujica que le encantaría llegar a la Argentina pero a pie, por el centro del Puente. Desde Fray Bentos, Uruguay. Para que La Elegida lo reciba, con un abrazo, en Gualeguaychú.
Sin cortes. En el Puente. Nunca más.

Osiris Alonso D’Amomio
para JorgeAsísDigital

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