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Los Visitantes y las Abducciones

Los Pomar, en veinte días de rastrillaje, no aparecieron. Porque, misteriosamente, aún no estaban.

Medea Lobotrico-Powell - 9 de diciembre 2009

Artículos Nacionales

Los Visitantes y las Abduccionespor Medea Lobotrico-Powell
Conocimiento Alternativo, especial
para JorgeAsísDigital

Antibes, Francia

Amigo Jorge Asís:

Ya al cuarto día, cuando me consultó sobre la misteriosa desaparición de Los Pomar -una familia tipo, con perro incluido-, le manifesté la sospecha que podía tratarse del caso típico de abducción.
Estudiado en los manuales básicos:
«Un automóvil en carretera comarcal, el campo abierto, primeras tinieblas y soledad».
Para ser «devueltos en las cercanías del lugar donde fueron capturados».

Para darse cuenta, era innecesario consultar al viejo Budd Hopkins. Es el autor de «Missing time». Hopkins es, acaso, quien más sabe de abducciones alienígenas.

Los Visitantes

Pude entender, aparte, que usted no se atreviera a habilitarme, a los efectos de componer un texto al respecto. Sobre el mecanismo de la abducción.
El rapto de Los Visitantes. «Mediante la persuasión o la violencia».
Se me resistió porque, por tanto materialismo hueco, creyó que en la Argentina iban a tomarlo en broma. Igual, siempre, se le van a burlar. Persiste, allí, una paralizante pasión por el desconocimiento. Es una de las razones principales que provocó mi partida. Sin rencores.

Perro anoche usted me llamó otra vez. Para notificarme que Los Pomar habían aparecido. Muertos. Ante la perplejidad de los mayoritarios sensatos. En un costado de la ruta. 31, creo. El matrimonio y las dos hijitas. Los cuatro cadáveres esparcidos entre los yuyos. Junto al perro muerto.
El fenómeno, aparte de conmoverme, me interesó más.
Se asiste, probablemente, a un nuevo experimento de abducidos alienígenos.
Desde aquel matrimonio Hill, captado en Canadá, en el 61. O los Walton, tomados en una ruta solitaria de Arizona, los seres abducidos suelen ser devueltos. En general, sin memoria, a la tierra. En las proximidades del sitio donde fueron captados. Pero vivos. La incredulidad del semejante es un aspecto secundario.

Los Pomar -y conste que se trata de un desafío para el conocimiento ufológico- fueron devueltos 24 días después. En las cercanías. Pero muertos.
Una interpretación apresurada podría derivarnos hacia la creencia inquietante. Se asiste a las vísperas de una próxima confrontación. Vía para investigarse.

Negacionismo

Después de su llamado, pude consolidar, desde el ordenador, los enfoques. A partir de los datos proporcionados por los medios televisivos de la Argentina.
Resulta alarmante, entre las autoridades y los comentaristas, la obstinación cultural por declarar como inexistentes a los fenómenos sobrenaturales. Que ni siquiera formen parte del menú conjetural.
La fantástica negación induce, a los individuos marcados por la versión del pragmatismo, a plantear dilemas racionales. Los que sólo pueden sostenerse desde el desconocimiento.
Ante la evidencia argumental, se hallan ante un mero accidente de tránsito. Entonces se preguntan: ¿Cómo es que, durante 24 días de rastrillaje continuo, los policías no encontraron el auto?
La pregunta, repetida en la totalidad de los canales, tiene, para cualquier iniciado, la respuesta explícitamente más obvia.
No se trata, al menos esta vez, de la incompetencia del ministro Stornelli. Ni del señor Starck. Al verse obligados a responder, los funcionarios enarbolan las tesis menos sensatas.
Si los rastrilladores no descubrieron el automóvil fue, simplemente, porque, en ese sitio, no había ningún automóvil.
Pudo ser colocado, o plantado, seguramente, por Los Visitantes, ayer mismo.
Cuando Los Visitantes materializaron el automóvil, y los cuerpos que habían desmaterializado. Sobre el camino. Entre la precaria incidencia de árboles que se destacan en el campo. Una manera del desierto.

Cicatrices y ufología

Sería utópicamente preferible, ahora, Asís, que participara de las cinco autopsias, hasta la del perro, algún iniciado en ufología. Que se encuentre capitalizado por el rigor creativo y la seriedad. Más, claro, que por el explicable delirio. Para comprobar, por ejemplo, si quedaron las marcas extrañas, en los cuerpos que Los Visitantes analizaron. Una suerte de «biopsias». Son las señales de los estudios que Los Visitantes suelen hacerle a los abducidos.
Según el viejo Hopkins, siempre «queda alguna cicatriz».
Hay varios ufólogos capacitados, en la Argentina, para tratar las abducciones alienígenas. Alguno, incluso, suele vibrar por las montañas de Punilla. Contactados que conviven como seres normales, en los grandes centros urbanos. Especialistas que desentrañaron, en el más estricto secreto, el misterio de las vacas abducidas. Las vacas que aparecieron sin vísceras, 300 kilómetros más allá de donde fueron levantadas. Acuérdese que los racionales culpaban al Chupacabras. Hasta sumergirse, sin aclaraciones, en el silencio.
No me atrevo a citarle, por esta vía, el nombre de ningún especialista. Si ellos hasta hoy callaron, es por motivos respetablemente similares a los suyos. Por los que no quiso habilitarme para que le escribiera, desde Antibes, la crónica meramente informativa. Sobre el mecanismo misterioso de la abducción.
Desde el correo privado me permito sugerirles, a los investigadores, que por lo menos indaguen. Hasta a los negacionistas, como el doctor Pitté, que califica, a los alternativos, globalmente de «chantas». Que indaguen sobre las abducciones en cualquier buscador. Por ejemplo en el Google.

Enciclopedias

Con aquello que en la Argentina se ignora, o se descarta, suelen construirse las enciclopedias. Sobre todo en los países donde se respeta el conocimiento. Y se encuentran abiertos a la idea de creer que existen, tal vez demasiado cerca, Los Visitantes que proceden de otros mundos posibles. Desde donde se nos vigila, se nos observa. Se nos estudia, Asís. Se nos visita y contacta.
Por una cuestión de lealtad, le comunico que también envío, el presente correo privado, pero con copia oculta, a tres colegas estudiosos que se formaron con el viejo Budd Hopkins. Y al ingeniero de la NASA John Schuessler. Al exobiólogo Richard Niemtzow. Y por supuesto al Bobby Villamil.
Si abre un poco la entendedera, Asís, y decide de pronto que se avance en la investigación, no vacile en buscarme. De todos modos, siempre me dispongo a avanzar. Por mi cuenta. Y a entenderlo, incluso si no me publica este texto.
Intelectualmente suya,

Medea Lobotrico-Powell
para JorgeAsísDigital

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