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Dadores de ideas

De Jaime Durán Barbas, o Alejandro Rozitchner, a Roberto Mangabeira Unger.

Carolina Mantegari - 25 de noviembre 2009

El Asís cultural

Dadores de ideasescribe Carolina Mantegari
Editora del AsisCultural, especial
para JorgeAsísDigital

«Usted, Duhalde, es conciente que ese hombre no está preparado».
Las palabras -perfectamente desmentibles- se le atribuyen al sabio carioca Roberto Mangabeira Unger. Fueron emitidas, según nuestras fuentes, en una reciente reunión con Eduardo Duhalde.
«Ese hombre», según nuestras fuentes, es Cleto Cobos. El vicepresidente de la República y, patológicamente, la figura máxima de la oposición. Condecorado por las encuestas. Con la pechera preparada para recibir la banda.
El «no está preparado», el «no le da», es una sentencia categórica del nuevo gurú brasileño.
Según Mangabeira, a Cobos, no le da para ser Presidente.
Significa que Cobos carece, para Mangabeira, de las condiciones necesarias para situarse a la altura del desafío. El gobierno de «Unidad Patriótica». Con el recetario inspirado en la interpretación más mitificada del Pacto de la Moncloa. Facilidad teórica impulsada, desde hace un lustro, por Ricardo Romano, el pensador positivista del peronismo. Y adoptada, en la actualidad, por cualquier concejal que imagine, entre el vino de la sobremesa, políticas básicas de estado.
Significa, por lo tanto, que para desalojar a Kirchner, para encarar el gobierno de Unidad Patriótica, no queda otra alternativa que impulsar el proyecto presidencial de Duhalde.
Con Duhalde, al Profesor Mangabeira puede irle mejor, tal vez, que con Lula.

Caputo, Terragno, Jorge Castro,
Menem y Lula

Es, en el mejor sentido, una versión más sofisticada de Dante Caputo, aquel que fuera canciller de Alfonsín, y Secretario de Ciencias de De la Rúa.
Otra versión, acaso más desarrollada, de Rodolfo Terragno, aquel que fuera tomado excesivamente en serio por Pinky, Isidoro Gilbert y Alfonsín.
O una versión más elaborada de Jorge Castro, el periodista especializado en geopolítica de domingo. Al que Menem, como gran visionario, en los maléficos noventa, designara en el cargo que Lula, diez años después, inventara para Mangabeira. Secretario de Asuntos Estratégicos.
Por segunda vez, Lula copió a Menem. Al designar, como funcionario, a aquel que lo denigrara. Captación del adversario. Disciplina en la que Kirchner, después, se especializara.
En el caso argentino, fue la nominación, como embajador ante las Naciones Unidas, de Cárdenas. En el caso brasileño, fue la designación de Mangabeira.
En una entrevista con la Folha de San Pablo, del 2005, Mangabeira no vaciló en calificar, a Lula, como «el presidente más corrupto del Brasil».
Era cuando Mangabeira creía percibir, para Lula, la reserva del destino similar al de Collor de Mello. El «impeachment» o la destitución. En porteño básico, la boleta.

Dick Morris y la sociología estomacal

Mangabeira despliega un magnífico compendio de lugares comunes. Pueblan el debate de la izquierda más distraída, en banda desde el desmoronamiento de la Unión Soviética. Para llegar a la «democratización de los mercados», y otras ensoñaciones que cautivaron a los socialdemócratas, sin culpas ni utopías.
Suficiente para fascinar a los políticos argentinos, tan intelectualmente colonizables.
Los que piden, a gritos, la colonización cultural que los legitime.
Desde Paul Groussac hasta aquí, en la Argentina siempre se necesitó sostener los conceptos, en las referencias presentables de importación.
Con el avance declinatorio, y la globalización de la berretada, hasta Dick Morris llegó a adquirir prestigio continental de gurú. Supo Morris reinventarse, para quienes no leyeron a Maquiavelo, como un Maquiavelo moderno. Lectura ideal para la contagiosa algarabía de los sociólogos estomacales, que deambulan, con sus mercaderías, detrás del mango en Buenos Aires.
También sacó chapa, de sabio ilustre, don Jaime Durán Barbas.
Es el inteligente ecuatoriano que orientó a Macri con las inofensivas teorías marquetineras. Útiles para imponerse en elecciones. Preceptos que colaboraron para conducirlo, a Macri, hacia la antesala del cadalso. Desde donde no puede socorrerlo Alejandro Rozitchner.
Es el «filósofo aterrizado». Y «trabajador simbólico». Un titán del pensamiento que enseña Nietzsche a las azafatas.
Es -Rozitchner hijo-, otro aportador voluntario de ideas, que ameniza las reuniones del gabinete porteño, realizadas en sociedades de fomento o clubes de barrio.
Hoy se enorgullece Rozitchner, desde «100 volando», su recomendable blog, por la vanguardia que ocupa Buenos Aires, gracias a Macri, en la legalización del matrimonio gay.
Vanguardia conyugal que deja, al Macri del cadalso, en la claustrofobia del atractivo laberinto.
Celebrado por Rozitchner, pero retado por el compañero Cardenal. Bergoglio.
La izquierda, a Macri, por Ciro James lo quiere exterminar. Mientras tanto la derecha, por el desborde del vanguardismo, ni siquiera se dispone a defenderlo. Ampliaremos.

Brillos y duchas

El brillo de Mangabeira, que le permite escalar hasta los ámbitos decisorios, se encuentra fortalecido por dos argumentos fuertemente irrebatibles.
El primero consiste en que Mangabeira es académico en la Universidad de Harvard.
En Harvard, aparte, suele ser maestro de ceremonias en los seminarios de extensión. Donde los políticos argentinos se amontonan para darse la ducha de prestigio.
Resulta interesante que se sepa, en la Argentina, que determinado político está en Harvard.
A todos, mal que mal, el tráfico del prestigio les cabe.
El ineludible autocolonialismo cultural brota como en aquellos días de Jauretche.
Hubiera sido un tema para Abelardo Ramos. Que Raventos tome la posta.
El segundo argumento se encuentra encadenado al rol de profesor. Es la prueba que emerge como expresión frívola de la genialidad. Consiste en que Mangabeira lo tuvo, como alumno, a Barack Obama. La circunstancia facilita interpretar que Obama aprendió de Mangabeira.
En sus años juveniles, esta cronista tuvo, como profesora de literatura, a la señora Josefina Ludmer. Hay que reprocharle a Ludmer por los desatinos.

Epopeya

Lula, en realidad, jamás lo soportó a Mangabeira. Lo prefería lejos, en Harvard. En la recepción de peregrinos que acudían a purgarse de sabiduría. Pero Lula lo aceptó a Mangabeira por presión de José Alencar, su vicepresidente.
Sin tomarlo jamás en serio, Lula lo llamó, a Mangabeira, «el ministro de las ideas».
Como estratega, la gestión de Mangabeira, en el Brasil, fue estratégicamente intrascendente. Téngase en cuenta que Lula le pidió, según nuestras fuentes, que se encargara de algo más concreto que del eterno verso. Por ejemplo del Plan Amazonia Sustentable. Sirvió para que Mangabeira tratara, en principio, de favorecer a su amigo banquero, Daniel Dantas, del Grupo Opportunity. Y para que entrara en eterno conflicto con los sucesivos Ministros de Medio Ambiente. Con Marina Da Silva, y después con Carlos Minc.
Llegó un momento en que Lula, según nuestras fuentes, estaba harto de Mangabeira. Le molestaba verlo hasta en fotografías.
El epílogo del funcionario mantuvo una razón meramente burocrática. En Harvard no le renovaban la licencia del empleo. Tanta grandiosa estrategia se derrumbó por un motivo laboral. Como final de epopeya, fue escasamente majestuoso. Pero la Argentina es más fácil. Aquí Mangabeira puede tener más suerte. La merece.

Carolina Mantegari
para JorgeAsísDigital

permitida la reproducción sin citación de fuente.

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