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Macricidio (ópera rock)

Con Richard Nixon, Fernando Collor de Melo, Antonini Wilson, el Tenor Portugués y la participación especial de Cyrano de Bergerac.

Carolina Mantegari - 20 de noviembre 2009

El Asís cultural

Macricidio (ópera rock)escribe Carolina Mantegari
Editora del AsisCultural, especial
para JorgeAsísDigital

Intelectualmente forzados, el presidente Richard Nixon, de los Estados Unidos, y el presidente Fernando Collor de Mello, del Brasil, ingresan, de prepo, a la superproducción del espectáculo de la política nacional. Signada por las efectivas alucinaciones del hiperrealismo.
De pronto Nixon es arrancado, por Aníbal, El Premier, del Purgatorio americano. Para ser arrojado al lado de Macri.
Pero Macri, aún con glóbulos e ínfulas, en otro acto de arrojo les arroja, hacia la concepción global de «los Kirchner», con Collor de Melo.
El dilema oscila entre el escándalo del espionaje y la impresentable corrupción.

Grotesco

Más que abundante material para el análisis, la actualidad brinda fantásticas argumentaciones para las caricaturas del grotesco.
Resulta convenientemente estético adaptar, en todo caso, la tonalidad del grotesco, donde descollara Vaccarezza y Discépolo, al formato de la «ópera rock».
Es más proclive a la grandilocuencia, y la colorida insustancialidad.
Una apuesta ideal, para los juegos escenográficos de Pepito Cibrián. O para la vertiente de Charly García, el de «El hijo de la lágrima».

Los dos gratuitamente arrojados, Nixon y Collor, atenuaron, juntos, la otra irrupción, que debió ser estelar. Es la del empresario venezolano Antonini Wilson. En la ceremonia emotivamente patriótica de la Casa de Gobierno. Acompañado -Antonini- por el enigma inquietante de la señora Bereziuk. Antes de irse a comer a la Rosa Negra.
Son majestuosidades de la ambientación. Para los lucimientos polifónicos de Cibrián y García.

«¡Ahora vienen también por la capital!», contraataca Macri, en el canto, como si fuera su cumpleaños. A coro con Nixon. Mientras tanto, Macri trata de quitarse «el lazo con una pierna».
Lanzado, el lazo, por El Aníbal, el macricida instrumental.

Esmerilamientos

Debe iluminarse, en un costado, otra víctima.
Mario Das Neves, el Tenor Portugués. Con la voz que le brota desde el abdomen elaborado, canta: «¡También vienen por el Chubut!».

Das Neves -pobrecito-, no espío a nadie. No tiene que dar explicaciones por ningún Palacios. Ningún Chamorro. Ni siquiera por ningún cuñadito inconveniente.
Como Macri, Das Neves es simplemente otro osado que aspira a proyectarse. A desafiar el poder de Kirchner. El Cyrano de Bergerac que desembarca en el Chubut, con la ristra de gobernadores en ejercicio que necesitan, explicablemente, abonar los sueldos.
Los gobernadores le hacen el coro a Cyrano de Bergerac. Saben que nada tienen que hacer en Comodoro Rivadavia. Sólo exhibir la incondicionalidad hacia los deslizamientos del Jefe que maltrata, con crueldad, a los suicidas que osan desafiarlo.

La sinopsis de la ópera rock indica que los gobernadores carecen de relevancia, como para disponer, en la ópera, de voz protagónica.
Como Uribarri, de Entre Ríos. O el Béder Herrera, de La Rioja. Nada tienen para perder.
También figuran, en el cuadro del esmerilamiento de Das Neves, otros tres gobernadores, pero desperdiciados.
Capitanich, del Chaco; Peralta, el campera negra de Santa Cruz. Y, sobre todo, Scioli.
Trátase del Líder de la Línea Aire y Sol. Hoy sindicado, por Cyrano de Bergerac, como el máximo responsable de la derrota del 28 de junio.
La derrota fatídica que Cyrano transformó, artesanalmente, en un triunfo.

Scioli tendría que estar en Wilde, donde se le sublevan los vecinos con reclamos. Sin servir de marco en Comodoro Rivadavia.
Por más que lo acompañe a Cyrano de Bergerac, en los desbordes orales y las invasiones territoriales, Scioli puede transformarse, en la primera de cambio, en el próximo Macri.

Para pagar los sueldos, Scioli tiene que patrocinar, con «la fe y la esperanza» de su presencia, siempre «para adelante», el esmerilamiento de Das Neves.

Advertencias

La acción del grotesco, presentado como ópera rock, debe centrarse, en adelante, en Macri.
Procede Macri de la cercana interlocución con Juan Carlos, el Rey de la cortesía habitualmente tarifada. O con el opacado Rajoy.
Entonces pasa Macri, junto a la sombra de Nixon, desde la cordialidad profesional del Rey, hacia el esmerilamiento violentamente oral del Aníbal, El Premier.

Insistir en los desacertados movimientos de Macri, relativos al bestsellerismo del espionaje, o al error básico de la alucinante policía nueva, remite al regodeo más innecesario.
Importa, aquí, la virulencia del castigo. Las ceremonias del macricidio, por haber desafiado el poder, dejan un mensaje edificante.
La frontal exterminación de Macri tiene que servirle, como advertencia, a Cleto Cobos.
Es Cobos el protagonista del penúltimo acto.
También, como lección moral, la ópera rock tiene que servirle a Reutemann. Para consolidar la tentadora conveniencia de quedarse, en el campo, o en el molde. Desde marzo. Hasta siempre.

En la ópera rock también puede percibirse que el kirchnerismo se muestra definitivamente ineficaz para construir.
En la pendiente de la decadencia, pecaminosamente romana, el kirchnerismo se encuentra en la plenitud, tan solo, para destruir.
Hoy a Macri y a Das Neves.
Mañana a Cobos y Reutemann.
Para destruir, por último, al espejo.

Carolina Mantegari
para JorgeAsísDigital

permitida la reproducción, sin citación de fuente.

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