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Gran Pillo

Santa Cruz, la provincia puesta, visionariamente, de sombrero.

Serenella Cottani - 13 de julio 2009

Artículos Nacionales

Gran pilloescribe Serenella Cottani
Interior-Provincias, especial
para JorgeAsísDigital

RIO GALLEGOS, SANTA CRUZ (de nuestra corresponsal, S.C.).- La provincia, en quiebra, puesta de sombrero, emerge como anticipo del destino, previsiblemente anunciado, que le aguarda al sombrero de la nación.
Aún se preguntan, por pasillos perplejos y bares crepitantes, los valientes ciudadanos que se indignan, cómo es que el kirchnerismo pudo haber derrochado tanto caudal económicamente político.
El dilema se agiganta con la derrota electoral.
El neokirchnerismo doméstico, que el atribulado gobernador Peralta representa sin mayor convicción, prefiere atribuir, la equivocación de la derrota, a las consecuencias espantosamente residuales de las barbaridades del kirchnerismo, en el plano nacional.
«Más que un voto castigo, es un voto venganza contra El Lupo» nos confirma la Garganta, durante un almuerzo, en El Británico.
Descuéntase que los visitantes del Portal saben que El Lupo, por aquí, es Kirchner.

Pilares falsos

Desde el derrocamiento del gobernador Acevedo en adelante, la declinación fue paulatinamente inexorable. Coherente.
El interregno patético de Sancho, alias El Pavo, le permitió -al Lupo- la alucinación de suponer que Santa Cruz podía manejarse a través del control remoto.
El advenimiento de Peralta otorgó migajas de credibilidad. Pero el pobre no pudo evitar el desmoronamiento de la estructura edificada a través de pilares falsos. Pilares truchos.

En la mayoría de las localidades ganó el Frente de la Victoria. Pero donde perdió, fue con guarismos estremecedoramente amplios. No pudieron remontarse.
A nadie podía sorprender el triunfo del radical Costa, alias El Hipertehuelche, en Río Gallegos.
Sin embargo nunca podía imaginarse que también iba a perderse, sin ir más lejos, en Puerto Deseado. Donde, desde 1983, siempre se impuso el peronismo.
Pero en las últimas legislativas se perdió por 1200 votos, sobre 6000. Un desastre. Hubiera sorprendido hasta a la Consultora Oximoron, que no fue contratada -por suerte- para medir.
«En Río Turbio se ganó. Pero a la raspa».
Con los aluviones de dinero que se dilapidaron. Tanto por la provincia como la nación. Dos zonas infernalmente kirchnerizadas.

Para colmo Peralta mostró, incluso, según Gargantas, atisbos de novato en el oficio.
Como los encuestadores mercenarios le vaticinaban la victoria incuestionable, Peralta se atrevió a cavar, mediáticamente, su propia sepultura.
Dijo que la compulsa debía entenderse como un plebiscito para su gestión.
Lo plebiscitaron, entonces, contranaturalmente. Por la espalda.
Por si no bastara, desde la olímpica Buenos Aires, y por cadena virtualmente nacional, La Elegida, a Peralta, lo maltrató hasta ningunearlo. Adjudicaba la derrota en Santa Cruz, con altivez inexplicable, a los errores de gestión. A la ausencia, en el territorio, de ellos. Los Kirchner.

Utopía triste

En la plenitud del quebranto, la utopía presenta arrebatos de tristeza.
La utopía consiste en conseguir fondos para pagar sueldos. Con el ministro de Economía, Campillo, alias Gran Pillo, a la cabeza.
Consiste en lograr, para sobrevivir y dilatar la ceremonia de la quiebra, aquello que esta cronista modestamente anticipara, sin gran impacto, en «Relampago herido» (cliquear).
Que la Legislatura local autorice, justamente hoy, lunes 13 de julio, en la sesión extraordinaria, a explicitar el estado de liquidación.
O sea, a tomar un crédito, a través del sistema del Fideicomiso Financiero. De 1850 millones de pesos. Poco más de cuatrocientos millones de dólares. Menos de la mitad de los casi mil millones de dólares que se evaporaron entre el papeleo indescifrable, y que conforman los llamados desaparecidos (fondos) de Santa Cruz.
Se pretende alcanzar el crédito con la garantía de las regalías petroleras, y gasíferas, anticipadas, que debiera recibir la provincia.
«Tanto de la PAE , de la OXI, como de la más popular YPF», se refirió en «Relámpago herido».
En simultáneo, hoy debe aprobarse el segundo crédito. Pero del Banco Nación, por otros 450 millones, que difusamente deben fundirse en los 1850. Pero aquí con la garantía de los fondos federales, coparticipables de impuestos.

Evocación de Del Val

A propósito, por una situación similar, cuenta la Garganta que se le realizó el Juicio Político al extinto gobernador Ricardo Jaime Del Val.
En 1988, pero a pedido de la entonces diputada provincial Cristina Fernández de Kirchner. Cuando Cristina era una pichona de Elegida.
Veinte años atrás, la hiperinflación producía, en la región, estragos parcialmente inferiores a los que produjera la ineptitud contemporánea.
Del mismo modo que desaparecieron, entre el envoltorio del papeleo, aquellos fondos famosos de Santa Cruz, curiosamente desaparecieron, también, los diarios de sesiones destinados al aburrimiento de la historia. Sobre todo los que contenían los discursos críticos. Las intervenciones frontalmente destructivas de La Elegida, quien impugnaba, con fundamentada ferocidad, al debilitado gobernador Del Val. Quien se proponía empeñarse, justamente, para pagar los sueldos, de la provincia hiperpoblada de empleados.
El pobre Del Val pretendía tomar, para pagar los sueldos, los mismos sacrificados créditos a los que hoy recurre Peralta. Con las garantías petroleras.
«Deben tragarse, Serenella, el mismo veneno que prepararon para destruir a Del Val», confirma la Garganta. Con el sereno escepticismo que brinda la sabiduría histórica.
Sin los glucolines de las regalías anticipadas, no puede asegurarse el pago de los sueldos de los próximos dos meses. Ni hablar de los aguinaldos.
La situación arrastraría hacia el proceso de total ingobernabilidad.
«La provincia, Serenella, debe ser empeñada». Sin otra alternativa.

Caucho quemado

Mala prensa abunda en el territorio de origen, salvajemente devastado por El Lupo. Quien, con el irresponsable rostro del inocente, ahora justamente los amenaza, desde Buenos Aires, con el rigor de una cruzada moralizadora. Pretende no mandar, desde la nación, un sólo peso mas de lo que corresponda.
«Lo que llega sirve, apenas, para abonar las obras públicas de Austral», nos dijo un peón anónimo, que procede del norte. Del Tucumán. Desembocó en el sur con el proyecto trunco de hacer la personal América.
Lo dijo por la empresa del cercano Lázaro. Austral, de El Resucitado. Es el considerado socio de El Lupo, alguien que se encuentra culturalmente incapacitado para tener socios.
Como dijimos en Relámpago:
«Si no llega el auxilio desde Buenos Aires, no se pagan los certificados de obra. Los obreros no cobran y la ciudad se convierte en el infierno que huele a caucho quemado».

Futuras generaciones

Para el ministro Campillo, alias Gran Pillo, de los menos conocidos integrantes del núcleo duro del kirchnerismo que entra en la Trafic, los «fondos», los «desaparecidos de Santa Cruz», están vivos. Pero deben preservarse para las futuras generaciones.
Para la mediocridad de la coyuntura se impone, según Campillo, pedir el crédito internacional. Con el formato consagratoriamente kirchnerista del Fideicomiso. Y con el otro crédito del Banco Nación.
Las sospechas indican, en voz alta, que con el tiempo, la estrategia kirchnerista tiende a fundir, hasta absorberlos, los «fondos desaparecidos», con estos créditos.
«Es El Crimen Perfecto que fascinaba, Serenella, a Alfred Hitchcock. Los millones, entre el papeleo, se esfuman. Se funden, entre los sueldos», sentencia la Garganta sabia, tanto en historia como en cinematografía. Mientras atiende, con lentitud, una trucha con vegetales grillados, en el restaurante del Club Británico. Lejos de las programadas movilizaciones que harán, de Río Gallegos, una ciudad abierta, que convive con la sensación de quiebra y el olor del caucho quemado.

Serenella Cottani
para JorgeAsísDigital

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