Menú

Pantallas, refugios, chupetes

LA ÑATA Y EL VIDRIO (I): Disputas político-judiciales por el "mobiliario urbano", para voltear a Los Terranova.

Oberdan Rocamora - 20 de mayo 2009

Artículos Nacionales

Pantallas, refugios y chupetesescribe Oberdán Rocamora
Redactor Estrella, especial
para JorgeAsísDigital

La consigna es «voltear a Los Terranova». Llevarlos puestos, por la osadía de haber presentado «antecedentes falsos». Para quedarse con la licitación de gran parte del «mobiliario urbano». Voltearlos representa, aparte, una manera de vencer, comercialmente, al núcleo más duro del oficialismo macrista. El que mantiene la hegemonía política, en el artificio de la Ciudad Autónoma.
Se asiste a una algarabía de denuncias y amparos. Al complejo festival de las apelaciones, con intrigas basadas en sospechas que se entrecruzan. A la dilatación de los sobreseimientos que derivan en posteriores procesamientos, a través de fallos convenientemente arbitrarios, con una dinámica de avances, de sistemáticos retrocesos. Con otras apelaciones que surcan los pases. Los cambios de frente desde Juzgados a Cámaras. Escenarios que signan la licitación, escandalosamente interminable, del «mobiliario urbano».
Trátase del apetecible negocio de 140 millones anuales (aunque los exagerados vocacionales afirman que son muchos millones más). Deriva de las exhibiciones publicitarias. De pantallas, refugios y chupetes. Cartelones incentivadores que colman Buenos Aires, de las invocaciones más dispares.
Por la sorprendente capacidad nacional para la complicación, el negocio del «mobiliario» se transforma en una apasionante disputa política, que se enmarca entre las presiones del conglomerado jurídico. El campo de batalla.
La problemática atañe, al menos, las últimas tres gestiones del artificio autónomo. Llamamiento de Ibarra, dilatación durante el interregno de Telerman, adjudicación conflictiva en tiempos de Macri. Sin embargo son otros los próceres que se destacan. Los que se disputan ardorosamente los glucolines de los carteles a cambio de un canon módico. Los que emergen, en definitiva, como protagonistas principales de esta miniserie de acción y aventuras.
Actores que merecen, luminosamente, una presentación cinematográfica. En cartel francés.

Patriotas

Son los conductores de las empresas favorecidas en la hipersensible licitación. Y son también los que se quedaron enojosamente afuera. Vaya, en primer lugar, mientras suenan las trompetas, la enumeración de los tres héroes de la contienda, condecorados con la adjudicación de los contratos que se encuentran en vigencia. Con la ciudad repartida, por diez años.
Por prepotente adicción a la permanencia, vaya primero el Grupo al Sur. Una empresa afectuosamente familiar, con aspecto de domingo de ravioles, ampliamente vinculada al Primer Adelantado en el negocio. El hombre de las pautas, hoy cercado. Es Albistur, alias El Pepe, eterno funcionario del elenco estable. De inconcebible ausencia entre los gobiernos peronistas.
Con perfil bajo, se va la segunda. Es PC Vía Pública. Una empresita para distraerse que remite al experimentado Gabriel Romero, otro primer actor, sublime pionero en el enriquecimiento admirable de la democracia. El baluarte se enriquece, envidiablemente, desde aquellas honrosas chatarras humanitarias del alfonsinismo. Hasta el crecimiento digno, con la instrumental Hidrovías. Y otras tantas aventuras consagratorias dignas de otro despacho.
Y en tercer lugar, Publicidad Sarmiento, que por fuerza de litigio se transforma en vector principal. La empresa de «los volteados» que resisten. Los Terranova Brothers. Procesados a los que se factura, políticamente, como los carteleros privilegiados del actual oficialismo. Al «caputismo macrista» del PRO. La empresa procede de Mendoza, fuente inagotable de prohombres fundamentales, ilustremente señeros, de la jerarquía moral del vicepresidente Cobos, de Dromi, de Bauzá. Pero también de Manzano, alias El Chupete, quien también tiene que ver, aunque algo tangencialmente, en esta historia. Junto al inigualable Vila, otro adalid de la mediología que también merece el respeto. Y el iluminismo de descubrirse como protagonista, aunque secundario, de la miniserie, que puede trasladarse hacia los superiores escenarios de Mendoza, con combates mediáticos entre canales expresivos de Manzano-Vila, y un medio digital, que respondería, según nuestras fuentes, a Los Terranova. Ampliaremos.

La ñata contra el vidrio

Por cabalgar con los caballos presuntos del «macrismo caputista», o tal vez a pesar de ellos, Los Terranova, o Los Volteados, son, por obvio carácter transitivo, los denunciados del equipo.
El primero que supo confrontarlos fue, según nuestras fuentes, el Pepe Albistur. El millonario que asumen con orgullo los peronistas, aunque hoy se encuentre enrolado, o enlodado, en el peronismo de versión Kirchner. Sin embargo, acaso por la gloria de la adjudicación compartida, hoy Albistur suele convivir, sensatamente, con los Terranova, en la cordialidad racional del armisticio. Paz que garantiza los estipendios del reparto.
Pero brotaron los hongos de otras denuncias. Impulsadas por los desplazados, compungidos que no pudieron mojar la medialuna. Porque se quedaron como aquel chiquilín del cafetín de Buenos Aires. Con la «ñata junto al vidrio» y la bronca contenida. Para mirar «desde afuera». Como a los carteles y chupetes que «nunca se alcanzan». Interferencias judiciales del señor Spinazzola, aletargado empresario al que se lo sindica, sin graves fundamentos, en la proximidad progresista del eterno fiscal Ibarra.
La empresa desairada pertenece a Augusto Spinazzola. Razonablemente, no pudo resignarse a contemplar la fiesta del reparto, con «la ñata junto al vidrio». Es el turno del extraordinario alboroto que instrumenta la solidez profesional del doctor Bergés, junto a la combinada sapiencia de un honorable legislador de la ciudad, como hoy se llama a los concejales. Con denuncias que acentuaron las irregularidades interprovinciales de Los Terranova. «Por presentar antecedentes truchos» confirma una Garganta. Que se analizan en juzgados de instrucción, precisamente en el frío de las cámaras.
De trascender las ventilaciones, ingresarían, con merecidos planos consagratorios, otros hermanitos. Los Piccardo.
Uno de ellos, Juan Pablo, es la víctima principal del fuego cruzado. Un rugbier que tuvo suerte en la vida y llegó a ser el Ministro de Ambiente y Espacio Humano. Del gobierno PRO. Pero otros altos exponentes, que trafican el evangelio del PRO, y con los peregrinos originarios del Newmann, no se encuentran, según nuestras Gargantas, precisamente felices por sus deslizamientos.
De todos modos, las denuncias de Spinazzola, permiten la recuperación, en la grilla, más que del propio Spinazzola, de otros chiquilines de Buenos Aires que tampoco aceptaron la monotonía del destino. De contemplar la fiesta con «la ñata contra el vidrio». Y con un rencor infinito. Sentimiento ideal para encarar alguna obra de arte, a lo Celine. Conduce Viacart.
Viacart es la restante empresa que aspira lícitamente a mojar la medialuna, en el tazón del «mobiliario urbano». La propina tentadora, por diez años.
En el fondo, Viacart resulta estratégicamente más inquietante que el alboroto instrumental de Spinazzola. Porque responde a otro patriota, que suele asumir el apodo ancestral, casi atávico. El Fenicio. Es Daniel Hadad, el poderoso escalador que supo ganarse el derecho de figurar entre los arrabales de la historia. Y que aspira, acaso a su pesar, a erigirse en el próximo Magnetto.
Si es que le alcanza, en su barrilete, el piolín.
Dejarlo afuera a Daniel Hadad, el conductor del caño amplificado de la Radio 10, con «la ñata contra el vidrio», constituye algo más que un problema político. Es un error.

Mientras tanto los chupetes, las pantallas, los refugios, los cartelones luminosos, se distribuyen armónicamente entre las tres empresas que se quedaron adentro.
La del familiero Albistur. El fundacional Gabriel Romero. Y los acosados Terranova, los que se preparan para una desgastante batalla judicial, que pasará también al primer plano, como consecuencia artística de la presente miniserie. Es la hora entonces de brindar la bienvenida a otro patriota del derecho. Mariano Cuneo Libarona. Un titán que sabe deslizarse entre el barro perverso de las operaciones. Que se las rebusca, para colmo, en el fragor del combate mediático, y en el juego fuerte de las instalaciones.
Reserve su localidad. Para la algarabía de instancias judiciales. Jubileos de sobreseimientos, como los del Juez de Instrucción Facundo Cubas. Con revocaciones de la Cámara. Con los procesamientos, también jubilosos, emitidos a Los Terranova, por el Juez Luis Rodríguez, hoy subrogante del enfermito Cubas, al que se le desea un restablecimiento ejemplar. Y oportunamente apelados (los procesamientos), por el hijo de aquel Ideler Tonelli, hoy Procurador de la Ciudad.
La pelota del conflicto mobiliario, que legitima la miniserie, se encuentra, otra vez, en la Cámara de Apelaciones en lo Criminal y Correccional. Sala Seis. De los respetabilísimos juristas Filozof y Lucini. A quienes también se les brinda la bienvenida, y se les agradece por la desventura de participar de la miniserie.
La Cámara de Filozof y Lucini tendrá que pronunciarse, según nuestras fuentes, el 15 de junio.  Acerca del procesamiento de Los Terranova. Y de otros dos funcionarios. Casi extras. Uno es de Mendoza, y otro, una señora del Tucumán. Salpicados, en la historia, por haber colaborado, según las denuncias, en el diseño de los «antecedentes truchos».
Presentado el conflicto, el dramatismo puntual de los intereses, en los próximos despachos la miniserie podrá enriquecerse con el realismo mágico. El color entrecruzado de las operaciones. La paranoia de las sospechas.
La confianza de los impugnadores los induce a asegurar, con énfasis, que se los llevan, a Los Terranova, puestos. Como si fueran calcetines.
«Están en el horno, Rocamora. Hasta las manos», nos confía una Garganta. «Macri no tendrá otra alternativa que soltarle la mano, aunque sean amigos, póngalo entre comillas, del PRO», continúa. Con la perversidad de sugerir que, comercialmente, son algo más que amigos.
Sin embargo Los Terranova distan de prepararse para la concentración en una Iglesia. Aluden, sin reparos, a la existencia de una «mafia judicial». Con vinculaciones perfectamente aceitadas. Unifican, «en la mafia», medios de comunicación. Y hasta servicios de inteligencia.
Uno de los más jóvenes de la dinastía de Los Terranova, sucesor infatigable de los procesados, no vacila en emitir nombres propios. Alude a la indemostrable confabulación del Fenicio con El Chupete. Junto a otras figuras que merecen notoriedad, rigurosamente cercanas al kirchnerismo.
En su fantasía infinita, el Terranova peleador, el más joven, enuncia, según nuestras fuentes, hasta la persistencia del operador misterioso. Del habilidoso jurista que es, en el fondo, un prisionero de su imagen. El producto de una construcción colectiva. Tema para próximos capítulos.
No se los pierda.

Oberdán Rocamora
para JorgeAsísDigital

Continuará
Manténgase conectado.

Relacionados