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Tirarse con Kirchner (I)

De la devoción resignada al desprecio colectivo.

Serenella Cottani - 20 de abril 2009

Artículos Nacionales

Tirarse con Kirchnerescribe Serenella Cottani
Interior-Provincias, especial
para JorgeAsísDigital

CÓRDOBA (de nuestra corresponsal itinerante, S. C.).- Inexplicablemente ausente en la mesa del debate nacional, a través de las acrobáticas variaciones de su dirigencia, Córdoba se impone como el emblema máximo del fracaso del kirchnerismo.
En «Patio Olmos», miniserie encarada por Oberdán Rocamora, en el segundo tramo del 2005, ya se advertía sobre la persistencia de una extraña competición.
Demostrar quién era más kirchnerista.
Si De la Sota, entonces el gobernador; o Schiaretti, el vice que amenazaba con sucederlo.
O Juez, aquel transversal que construyó una trayectoria equiparable a la de la señora Carrió. Su actual aliada.
Cuatro años después se advierte la misma competencia. Pero de signo adverso.
Demostrar quien es más antikirchnerista.

Torneos y Competencias

Los Kirchner se convirtieron, en Córdoba, en la variable de ajuste de la colectiva degradación.
El «Péguele a Kirchner» se transformó en un deporte culturalmente provincial.
Según Consultora Oximoron, La Elegida mantiene aquí una imagen despreciablemente negativa. El 83 por ciento.
Sin embargo no todo para la pobre está perdido. Es superada por El Elegidor. Alcanza el 86 por ciento de las detestaciones.

En el Torneo «Péguele a Kirchner», que se juega para las primeras elecciones adelantadas -las del 28 de junio-, participan tres críticos principales. Los que pugnan, fervorosamente, por conquistar la adhesión de la gran mayoría que no los quiere (a los Kirchner). Y llegar al Senado, favorecidos por el desprecio popular.
Eduardo Mondino, del conjunto «Unión por Córdoba», capitaliza los méritos de su paso por la «defensoría del pueblo». Representa Mondino lonjas diversas del Partido Justicialista local, el que tiene más escépticos por metro cuadrado del país.
Hasta hoy, que se sepa, Mondino logró cautivar, tan solo, al gobernador Schiaretti. Aunque produjo la polvorienta toma de distancia de la señora Olga Riutort, la Gran Caudilla de la ciudad. La Caudilla se apartó del conjunto, junto a los miles de mujeres peronistas que la siguen. «Adónde la Olga vaya».
También suele pegarle, a Kirchner, Ramón Mestre, de la Unión Cívica Radical.
Es el partido centenario que recupera la vida a partir del símbolo de una muerte.
Mestre es conocido, en el ámbito nacional, por ser el hijo del irascible Mestre. Quien fuera gobernador de Córdoba, ministro del Interior de De la Rúa.
Pero el candidato fundamental, el que anima los tiros a Kirchner, es Luis Juez.
Es aquel intendente que disputaba, en su condición de transversal, el favor del kirchnerismo. Contra el resignado De la Sota, que para existir, y pagar los sueldos, le quedaba la devota alternativa de encuadrarse.
Mantiene Juez el capital, relativamente positivo, de la hilaridad. Las burlerías que le pemiten atenuar, o que pasen directamente al olvido, aquellos tiempos de referente de la «juventud cavallista». De cuando idealizaba a Domingo Cavallo.
O su período de representante, por el estado, en el directorio de Papel Prensa. Merced a la palanca compartida, en los noventa, por Schiaretti y Cavallo.
Sin embargo a Juez lo persigue la mala suerte. En el oficialismo y en la oposición. Tanto para ser kirchnerista, como para volverse antikirchnerista.
En los dos polos, al pobre Juez siempre lo obstaculizó la competencia del peronismo. La superstición (el peronismo) que Juez abandonó cuando comenzó a perseguir implacablemente a los compañeros peronistas «que se la llevaban». Después que De la Sota cometiera el error infantil de habilitarlo, a Juez, como titular de la Fiscalía Anticorrupción. Única labor que Juez, el humorista, se tomó en serio.

El Torneo «Péguele a Kirchner» se encuentra en su esplendor. Porque se le agrega un magnífico complemento. «Tirarse con Kirchner». A los efectos de incorporarle al juego mayor complejidad. Porque las fuerzas en pugna, se atribuyen, recíprocamente, el ser, o haber sido, funcionales a Kirchner. O haberlo favorecido. Lo cual es incuestionablemente cierto.
De algún modo, las tres fuerzas se acercaron al kirchnerismo, cuando parecía que a Kirchner no lo detenía nadie. Ni siquiera la realidad.
Y las tres fuerzas se alejaron del kirchnerismo, cuando Kirchner se convirtió en una brasa que cada uno quiere arrojársela al otro.
Entonces todos se tiran con Kirchner. Las municiones, al respecto, son inagotables.

Mientras tanto, Kirchner profundiza las ceremonias que lo conducen, sin escalas, hacia la sepultura política.
Por lo tanto el «Péguele a Kirchner», con el complemento del «Tirarse con Kirchner», es una modalidad nacida en Córdoba, como la revista Hortensia. Previsiblemente exportable hacia otras provincias significativas, donde el kirchnerismo mira lo profundo de la tierra. Como los rabanitos.

Los duros

En Córdoba, la «sensación del fracaso», se agiganta.
Se trata de la provincia natal de dos integrantes del núcleo duro del kirchnerismo. Según el Portal, lo componen sólo doce personas. Base de la interpretación que el kirchnerismo entero cabe en una Van. O en el avioncito alquilado, que Uberti utilizó para traer la valija sintomática de Antonini Wilson. La que mucho tuvo que ver con la caída de referencia. Porque confirmó la teoría de nuestro director, anticipada en «La Marroquinería Política» (Planeta, 2006).
Son Zaninni, alias El Ñoño, administrador de la firma presidencial y estratega geopolítico –ver «Zanini», en «Patio Olmos (II)»-.  Es Zaninni de los primeros en enterarse de las ocurrencias transformadoras de Néstor. El otro es Jaime, El Señor de los Subsidios, quien -a esta altura- debiera preparar el bolsito.
Pero Jaime, de todos modos, trata de entusiasmarse. Hasta para ponerse una camperita de cuero, y asistir a la patética exhibición de debilidades. De la causa perdida del kirchnerismo.
Justamente la semana anterior, en el Club Hindú, Jaime no vaciló en alentar a los penúltimos créditos, los que disponen del arrojo de presentarse al desafío de la hoguera.
La señora Patricia Vaca Narvaja y Eduardo Accastello. Mártires que se aventuran al acto de la inmolación. Valientemente, para dar la historia por los Kirchner. A los efectos de hurgar entre el miserable 15 por ciento del electorado. Esclarecidos, iluminados que no los detestan.

Serenella Cottani
para JorgeAsísDigital

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