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La Gran Ruckauf

EL SCIOLISMO DE KIRCHNER (II): ¿Y si Scioli deja la gobernación para asumir como diputado?

Oberdan Rocamora - 17 de abril 2009

Artículos Nacionales

La Gran Ruckaufescribe Oberdán Rocamora
Redactor Estrella, especial
para JorgeAsísDigital

«Si te metés en la orgía, no podés indignarte porque alguien te toque el c…».
Quien metafóricamente habla, en el restaurante Iñaki, con los códigos del «off the record», es una Garganta oficial que no debiera ser chequeable. Traficante de la información más calificada, relativa a la complejidad cultural del kirchnerismo. Como lo califica nuestro director.
«Si la aceptan que baje Michetti, vicejefa de gobierno, como candidata a diputada.
Si bancan que Solá, que llegó como nuestro, vaya ahora por otra banca, en contra nuestro, y sin concluir el mandato.
Si felizmente se bancaron que Maza, cuando era gobernador de La Rioja, se postulara como senador, para ganarle a Menem, y volver a la gobernación. En fin, no se entiende el alboroto. El repentino pudor. De recatados en el medio de la orgía. Para bancar que el gobernador Scioli también baje, como baja Michetti, a la pelea legislativa».

Con programada astucia, La Garganta oficial aguardaba la réplica. Clásica, argumentalmente previsible. No pueden compararse los casos de Michetti y de Scioli.
Porque Michetti va a ocupar la banca. Y Scioli no.
Era exactamente la trampera hacia donde nos conducía la Garganta. Para rematar:
«¿Y quien te dijo que Scioli no va a ocuparla?».

Arrugues

Según apotegma típico del Portal, Kirchner es «un duro en el difícil arte de arrugar».
Por lo tanto, según la Garganta, Kirchner va a arrugar.
Porque, por la provincia de Buenos Aires, por decisión aún no comunicada de Kirchner a Scioli, a la cabeza, va a ir Scioli. Va a anunciarse el 25, en el Congreso predigerido de Tres de Febrero.
Y en diciembre, con el recambio legislativo -siempre según la Garganta-, Scioli va a asumir la banca en Diputados. Para hacer la Gran Ruckauf. Y abandonar las llamaradas de la provincia. Con el déficit creciente de doce mil millones. Con severos nubarrones de patacones que arrasan en el horizonte.
Para dedicarse, desde la banca, a construir la ilusión del proyecto presidencial (si es que se llega al 2011).
O vicepresidencial (si es que Kirchner consigue sobrevivir a las ceremonias de la autodestrucción).
En tal caso, la cuenta de la gestión provincial, queda para Balestrini, el vicegobernador. El titán de La Matanza, al que la historia va a rescatar como el «heroico vencedor de Pinky».
De acuerdo a esta línea interpretativa, Scioli emerge como el nuevo Ruckauf. Y a Balestrini se le reserva el destino regalado, relativamente apreciable. El de erigirse como la emulación de Felipe Solá. Entre las brasas, la violencia estructuralmente irremediable. Y los caramelos de madera, con arraigo de patacones.

Interpretación precoz

Los analistas de interpretación precoz -entre los que se incluye el cronista- fueron precipitados críticos de las llamadas «candidaturas testimoniales». Pero -según la Garganta- pueden pronto toparse con la sorpresa que se anticipa en Iñaki.
Que las testimoniales se transformen en reales.

El líder indiscutido de la Línea Aire y Sol representa el máximo emblema del artificio condenable. Del globo que fue lanzado, como al descuido, por un Kirchner inspirado. Decidido a mantener el control absoluto de la iniciativa. Justamente en la emisión televisiva que merecía el nivel institucional de la invención. En la humorada autoritaria de Caiga quien Caiga.

En la primera entrega de «El sciolismo de Kirchner» (ver) se contó que, el motivo primordial del artificio, fue la inalterable consideración positiva que Scioli mantiene en las encuestas. En severo contraste con la calamidad numerológica de Kirchner, el Jefe. El que le diseña (a Scioli) el destino. El manipulador artesanal de su proyecto de vida. Consecuencias del ya tratado Síndrome de Estocolmo. «En versión aguda, la política».

Se asiste al turno, para la Garganta, del recurso que pasa, a la historia, como «la Gran Ruckauf». Estrategia liberadora. La divulgación del presente texto, de ningún modo, debería estropearla.

Billiken del futuro

No hace falta tanta memoria para recrear aquel pasado, horriblemente reciente.
Para evocar el tramo patético del agonizante 2001. Epílogo que nos persigue, en su versión patológicamente fantasmal.
De cuando 25 caceroleros en ojotas, y de temibles pantaloncitos cortos, expulsaron, desde Chapadmalal, confabulados con los conspiradores incendiarios de Buenos Aires, al presidente desbordado.
El Adolfo, el perspicaz de los Rodríguez Saa, se marchaba. A los efectos de capitular en la protección del Estado Libre Asociado de San Luís.
La provincia de Buenos Aires, por entonces, era gobernada -una manera decir- por Carlos Ruckauf. Un prócer legendario que brillaba desde la altura de las encuestas. Casi como Cobos. Más que el actual Scioli.
En cierto modo, aunque formado entre las travesuras del atorrantismo peronista, Ruckauf debiera estudiarse como el antecedente, valiosamente prioritario, de la Línea Aire y Sol.
Su positivismo encuestológico venía capitalizado por la sonrisa, siempre puesta y dispuesta. Y por el favoritismo espiritual de Clarín.
El Grupo le había encajado, a la Provincia, en módicos 70 millones de dólares, el clavelito de un Portal, infinitamente menos interesante que el JorgeAsísDigital.
En la época de referencia, el pobre Ruckauf suponía que los tres atributos (la sonrisa, las encuestas y el alquiler de Clarín) podían conducirlo, derechito, hacia la presidencia.
Entonces, en aquel desconcierto, cuando los violentos conspiradores dejaron al Adolfo en la casa de Chapadmalal, sin luz, sin papel higiénico (y sin desagüe siquiera en el inodoro), Ruckauf aguardaba que le cayera, en la mano, la reliquia del bastón. El símbolo del poder, junto a la ornamentación de la banda. Del país en banda.
Sin embargo al Adolfo, el inteligente de los Rodríguez Saa, lo sucedió el presidente menos reprochable de la historia argentina. Porque fue quien menos se equivocó.
«Camaño, el que no tuvo tiempo siquiera para hacer daño».
El estadista Camaño le cedió pronto la reliquia al otro prócer del Billiken indescifrable. El senador Duhalde. Que se diplomaba valientemente como El Piloto de Tormentas (generadas).
Harto del incendio estructural de La Plata -y sin atrapar la reliquia-, el pobre Ruckauf optó por el benemérito patriotismo del renunciamiento. Le garantiza un espacio asegurado en el Billiken del futuro. Porque Ruckauf le arrojó la brasa, del sillón de Dardo Rocha, al vicegobernador, el procer Felipe Solá. Para asumir (Ruckauf) el abnegado sacrificio de ser el Canciller de Duhalde.

Tergiversaciones

A Scioli le planifican, según la Garganta, otra Gran Ruckauf.
Para pugnar por el optimismo explícito, de la Línea Aire y Sol, desde el Legislativo. Y encarar, desde la placidez de la banca, alejado de las quemaduras, «con fe y con esperanzas», el trayecto hacia el Ejecutivo. A través de la consagrada ideología del vitalismo. Y a los efectos de construir, de una vez por todas, la utopía del Estado Social Activo. Un cuento que oportunamente le diseñara el alejado sofista portugués.
Nada puede hacerse, en todo caso, por el estupor de «la gilada». Por la perplejidad de los ansiosos analistas de interpretación precoz, que condenaron frontalmente la «candidatura testimonial». Sin percibir que es, al contrario, real. Salvo que el presente texto desmorone la calculada tergiversación.

Oberdán Rocamora
para JorgeAsísDigital

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