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El Berlusconismo

El senador italiano Esteban Caselli se anota para la presidencial argentina.

Oberdan Rocamora - 23 de marzo 2009

Artículos Internacionales

El Berlusconismoescribe Oberdán Rocamora
Redactor Estrella, especial
para JorgeAsísDigital

Brota -para regocijo de los irónicos-, el inquietante proyecto presidencial de Esteban Caselli, alias El Obispo, o popularmente Cacho.
Es actualmente senador italiano. En representación, para arrancar con modestia, de la América del Sur.
A través del Partido «Il Popolo della Libertà», hoy Caselli emerge como la vanguardia continental del berlusconismo. Una corriente de centro derecha que decide, desde Italia, expandirse. A los efectos de colonizar, políticamente, aquellos países condecorados por la presencia, culturalmente masiva, de la inmigración italiana. Argentina, en semejante aspecto, luce como prioritaria. A pesar de la multiplicación de desdichados ahorristas italianos, que se quedaron colgados en la palmera arbitraria del canje.

Sin que aún nadie lo desmienta, se expande, en simultáneo, la atrapante virtud inicial que presenta la agrupación. Veinte millones de euros crocantes, destinados para la campaña de instalación. Virtud que atrae una previsible legión de consultores, de los que viven en estado de encuesta. Y de adeptos potenciales. Severos traficantes de distritos. Deseosos de incorporarse a las huestes -en formación- de Il Popolo della Libertà, del caselli-berlusconismo.

Está por abrirse, en definitiva, otra posibilidad de ventanilla. Diferenciada de las dos únicas ventanillas existentes en funcionamiento.
Primera ventanilla principal, casi excluyente, es la del gobierno. Atendida por Kirchner.
Queda después la raquítica ventanilla que atiende Francisco de Narváez. Con glucolines que el Caudillo se pone, en exclusiva, sólo para él. Porque se coloca encima la totalidad de la ventanilla.

En adelante Macri, Cobos, Reutemann, Carrió, Solá, Scioli, Rodríguez Saa, Romero, Puerta, y sobre todo Duhalde, tienen que aceptar la existencia de otro postulante más. Del berlusconista que se anota en la competencia por el mercadeo electoral. Caselli. El par que se siente, con más seguridad espiritual que ellos, lo suficientemente apto para salvar al país del naufragio. Después del desastre anunciado. Del arrasamiento que pronto, pesadamente, leguen los Kirchner.
Con la inestimable ayuda de Sua Eminenza Berlusconi, Caselli se siente predestinado para erigirse como el hombre providencial. Capacitado, con la colaboración del poder terrenal y del espiritual, para pulverizar la dinámica del fracaso que atribula a la Argentina sin fe. Petrificada por el pecado y el descreimiento.

La Fundación

«Non é un mistero che il senatore Esteban Caselli… abbia anunziato, peraltro, la sua candidatura alle elezioni presidenziali, che si terranno nel 2011».
Quien habló así, el viernes, en la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, en un italiano exquisito que evoca a Moravia, fue el senador italiano Sergio De Gregorio.
Oriundo de Nápoles, De Gregorio preside la Fundación Italianos del Mundo. El hombre viajó especialmente para apuntalar, en nombre del berlusconismo, y de Il Popolo della Libertà, a Cacho Caselli.
Según nuestras fuentes, De Gregorio fue acusado, en la Italia paterna, de mantener algún lazo menos espiritual con la mafia calabresa. La Ndrangueta. Pero debe aceptarse que los mitristas que calumnian proliferan por todas partes.

El entusiasmo napolitano de De Gregorio contagió, también, a los otros dos senadores que lo acompañaron. Junto a un diputado. Legisladores italianos que se desplazaron con De Gregorio a Buenos Aires para inaugurar la sede argentina de la fundación.
Por ejemplo Di Girolamo, es el senador italiano en nombre de los italianos de Bélgica. Aunque, según nuestras fuentes, también fue impugnado por los mitristas, calumniadores italianos, que lo acusaron de no haber residido jamás en Bélgica. O el senador Giardino, que representa a los italianos del Canadá, y el diputado Berardi, de los tanos de Estados Unidos. En honor a la próxima ventanilla, por orden del director de Portal se decidió no indagar en ellos.
Lo importante es que los legisladores acompañaban, en la mesa de la Bolsa, a nuestro Caselli. Con un religioso de ornamentación, que completaba la escenografía en cada punta.
En una, Monseñor Aguer. En la otra, alguien socialmente infaltable en cualquier acontecimiento político de ciertas pretensiones éticas. El rabino Bergman.

Trayectoria

Caselli mantiene las ideas claras. «Frizadas», se diría. Es un partidario asumido de la vida, desde el instante de la concepción. Un enemigo declarado del aborto. Defensor estoico de la familia, como institución básica. Sin embargo, también Caselli está capacitado para decir, como lo dijo en la Bolsa:
«Basta de estar contra el campo».
Para el lanzamiento de la Fundación Italianos en el Mundo convocaban, juntitos, según la tarjeta respectiva, Alberto Balestrini, el vicegobernador de la provincia de Buenos Aires, y el senador Caselli.
La descortés ausencia de Balestrini obedeció, según voceros casellistas, a una decisión arbitraria de Kirchner.
Ocurre que Kirchner se encuentra, según nuestras fuentes, empecinado en obstruir el desembarco del berlusconismo en la Argentina. A través del mascarón de Caselli.

En principio, las veleidades presidenciales del senador Caselli brindaron un saludable material para el jolgorio de las sobremesas. En Punta del Este, en el último enero, según nuestras fuentes el proyecto Caselli Presidente fue el tema obligadamente divertido de conversación. Junto al feroz accidente del duro Marcelo Open. Y los penúltimos romances estivales de Rosendo, el Philip Junot argentino.
Sin embargo Caselli, hasta hoy, logró más de lo que se propuso en la vida.
Se caracterizó, en su trayectoria, por una capacidad de ahorro conmovedora.
Desde los inicios como chofer trascendental de un comodoro, Caselli supo escalar, admirablemente, en la pirámide sociopolítica.
Hasta recalar, durante el menemismo explícito, como jefe de asesores del influyente Premier Eduardo Bauzá, alias El Flaco.
Destacóse, además, en el ámbito encantado de la diplomacia. Con la efectividad de sus mensajes eficazmente espirituales, el embajador Caselli supo realizar una gestión memorable ante el Vaticano. Monseñor Angelo Sodano, entonces Secretario de Estado, lo admiraba hasta la exaltación. «Cacho es Grande», le dijo Monseñor Sodano, alguna vez, al cronista, en Lisboa.
Conste que el Papa Juan Pablo Segundo distribuyó bijouterie a discreción. Porque condecoró, oportunamente, innumerables funcionarios de aquella administración.
Cierta vez, en la Iglesia Argentina de Roma, aquel Papa incomparable se dignó oficiar una misa junto al presidente Menem. Cabe consignar que el Papa supo mantenerse en un respetuoso segundo plano.

«Al fin, Rocamora, una cara nueva, me gusta», nos dijo la señora Patricia C.S.
«Se ve que Caselli es un distinto», agregó.
Mientras tanto, el cronista se disponía, en la Bolsa, a bajar la escalinata de mármol. Acompañado de aventureros de marca, que tenían la metafórica medialuna en la mano, con intenciones de mojarla en algún tazón de café con leche. Uno de ellos, que nos supone erróneamente superinformados, quería averiguar si era verdad que ya estaban los «veinte palos euros, para la campaña».
«Sólo los 20 son para arrancar» se le respondió, con más perversidad conjetural que fuentes. El aventurero entonces decidió enarbolar su medialuna. Para mostrarse inmediatamente partidario de la vida, desde la concepción. Más aún, desde el origen del deseo.

Oberdán Rocamora
para JorgeAsísDigital

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