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La «Argentina Profunda»

Mientras la agenda política, de La Elegida, se inspira en Macri, el discurso intelectual, de La Elegida, se inspira en Jean-Marie Le Pen.

Carolina Mantegari - 16 de marzo 2009

El Asís cultural

La “Argentina Profunda”escribe Carolina Mantegari
Editora del AsísCultural,
especial para JorgeAsísDigital

La agenda política de los Kirchner se inspira en Mauricio Macri. Es el Primer Adelantador. Una especie de Pedro de Mendoza electoral.
La densidad ideológica del progresismo de La Elegida, se inspira, en cambio, en conceptos agotados por el derechista extremo Jean-Marie Le Pen. Líder del Frente Nacional francés.

Las claves de Rocamora

«Para entender el adelantamiento, para el 28 de junio, de las legislativas planteadas constitucionalmente para octubre», clarifica un didáctico Oberdán Rocamora, «debe tomarse, querida Carolina, como punto de partida, la sospecha. Deriva en temeraria certeza. Era improbable que el kirchnerismo desangrado llegara, con algún oxígeno, a octubre. Tenía picado el boleto».
Según Rocamora, los Kirchner patentan la idea de Macri, el adelantador que les marcó la agenda. Pero el adelantamiento se impone, para Kirchner, como «la recuperación de la iniciativa extraviada».
«Un proyecto, en suma, Carolina, violentamente antiinstitucional, pero audazmente inteligente».
Como los Kirchner estaban perdidos, según Rocamora nada tenían para perder.
Aparte de recuperar la iniciativa, el gobierno «extraviado», que se pulverizaba antes de octubre, se asegura, ahora, que puede llegar, al menos, hasta junio.

Favorecidos y afectados

Un estiramiento de la agonía, en la interpretación de Rocamora, merece la pateadura constitucional. La calidad institucional, a esta altura de los harapos, importa un «reverendo pepino».
Induce la confección de un «reacomodamiento». Con escasos «favorecidos», de los tantos proyectos individuales, apenas tres. Y con un «torbellino de afectados».
Entre los favorecidos, Rocamora incluye, en primer lugar, al propio Kirchner. Porque renace transitoriamente, con la prepotencia de la respiración artificial. Y se ubica en el primer plano, de donde nunca, ni en sus peores momentos, abandonó.
Pero también puede situarse entre los favorecidos a Francisco de Narváez. El perverso que, después de cargarse a Blumberg (en el 2007), y a Jorge Macri (en el 2009), amenaza con convertirse en algo menos específico que un banco de inversión.
Y favorece al Primer Adelantador, el bajador de línea, Mauricio Macri. Porque Macri les saca, en la coyuntura, metros de ventaja a la conjunción de «afectados». A los que se anotaban en la carrera con obstáculos. Para la sucesión irremediable de los Kirchner.
Entre el lote de «afectados» se destaca, para Rocamora, la señora Carrió. A la que pasan, otra vez, al cuarto de las postergaciones.
Pero la sigue Reutemann, el Cuarto Cobos. Y Binner, que es, curiosamente, con Reutemann, el socio provincial en la afectación.
Embocan también al Tercer Cobos, Felipe Solá. Y por supuesto, colocan en el aro al fundador de la dinastía. El Cleto. Cobos Uno.

La ignorancia no da derechos

Como concepto recurrente de La Elegida, el de la «Argentina Profunda» es elemental. Cuesta sostener, semejante precariedad, desde el progresismo. Porque la base intelectual parte del posicionamiento sistemáticamente opuesto. De pensadores imbuidos por un nacionalismo emocional.
Prendió en la entreguerra, hasta generar la millonada de muertos. Sólo resulta encomiable en su candor, a los efectos de recuperar orgullos e identidades disipadas. Pero es un concepto profundamente reaccionario.
La ignorancia -como la victoria para San Martín- no da derechos.

Salvo que el señor José Nun, u Horacio González, carezcan del menor acceso a las orejas decisivas del poder, La Elegida debería descontar que la «Argentina profunda», como idea básica, como idea fuerza, remite a los esquemas plácidos de los antepasados del fascismo. Movimiento igualmente utópico, que se antepuso al comunismo, en la guerra civil de la agotada Europa, que sin embargo se exportó al mundo (Ver al respecto «La Guerra Civil Europea», de Ernst Nolte).

Kirchnerismo lepenista

Es recomendable que La Elegida se abstenga de citar la «Argentina profunda». Que olvide el concepto, con profundidad. Sobre todo si aspira a participar de la máscara progresista.
El concepto de «profundidad nacional» remite a los resabios escasamente presentables de la derecha francesa. La que tanto influyó, sin ir más lejos, en el nacionalismo alemán de entreguerras (Ver al respecto «Lesca, el fascista irreductible», de Jorge Asís).
Una derecha indigna de ser jactanciosamente citada, sin su correspondiente condena, por quien aspire aún a cautivar a los lectores distraídos de la Secretaría de Estado de Página 12. O del resistente reducto dominical «Miradas al Sur», que promueve un kirchnerismo tendenciosamente revolucionario.
A pesar de todo, una parte gravitante de la Europa actual se vuelca, en sus distintas vertientes, hacia los antiguos postulados retardatarios, que se suponían en vías de superación. En Austria, en Italia, en la misma Alemania. Donde prolifera temerariamente una derecha orientada, aunque también bastante inculta. Porque ni siquiera supieron digerir las propuestas fundacionales de Charles Maurras (ver al respecto «Introducción a Maurras», de Enrique Zuleta Alvárez, autoridad superlativa en la materia).

La derecha de referencia, crecientemente corrosiva, mediáticamente degradada, mantiene, como exponente emblemático, a Jean-Marie Le Pen. Trafica sentimientos nacionalistas que en la Argentina, después de Hugo Wast y de Beveraggi Allende, carecen de una representación intelectualmente considerable.
Trátase de una derecha perfectamente manipulable. La hubiera necesitado la izquierda analfabeta. La que aún impregna la cultura fragilizada de los suplementos de la especialidad. Podía, incluso, esa derecha, de existir, hasta haber legitimado el progresismo insustancial de los bienpensantes, que se construyen como revolucionarios por adherir al aborto. Un progresismo entendido como la playa donde naufragó cierta izquierda a la deriva. La que no puede imaginar el delirio protagónico de ninguna revolución social. Aunque alcance a entusiasmarse con la iniquidad autorreferencial de Venezuela. El etnicismo de Bolivia. Y a partir de hoy, con El Salvador.
Después del descalabro de la Alianza, en el segundo lustro de los dos mil, la superstición progresista justamente se apoderó del movimiento político que la anulaba. Mientras, simultáneamente, la contenía. El peronismo. El mismo peronismo que también atenuó, en los noventa, los ímpetus de aquellos liberales fundamentalistas que jamás lograron privatizar siquiera un kiosquito. Como los que solía fundir el ex vicepresidente Álvarez. Debió aparecer el peronismo de Menem para sentar, en la Argentina, los pilares de algo parecido al capitalismo. Pero con destino de tribunales.

Otra Elegida, Marine Le Pen

Lo importante es que la antigualla, insoportablemente derechosa, de la «Argentina profunda», que hoy promueve La Elegida en sus alocuciones, se inspira en el énfasis de la «France Profonde». Inspira el accionar xenófobo, contagiosamente excluyente, del perdurable Jean-Marie Le Pen. El maurrasiano que influiría, después, en el austriaco Haydar, el lepenista muerto que también solía exaltar la «Carintia profunda».
Por lo tanto, como concepto, la «Argentina Profunda» unifica al Frente de la Victoria del kirchnerismo con el Front National francés. El que precisamente hoy coordina otra Elegida.
Esta Elegida no es, como en nuestro caso, la esposa.
Es la hija de Le Pen, Marine Le Pen, que insiste, igual que Cristina, con la «France Profonde».

Carolina Mantegari
para JorgeAsísDigital

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