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El Trío

Macri, Solá y De Narváez trasladan a Duhalde al baúl de los recuerdos.

Jorge Asis - 12 de febrero 2009

Cartas al Tío Plinio

El TríoTío Plinio querido,

Macri emerge como el triunfador del trío. Lo desplaza a Duhalde. Del armado que, al Pescador de Tiburones, le pertenecía.
Macri aparece entonces como el convocante. El animador. Anfitrión, en el centro de la escena. Mientras los laderos, De Narváez y Solá, se disponen a menemizar a Duhalde.
Lo transportan, sin mayor culpa, entre los tres, hacia la categoría irremediable del pasado. Coinciden en que Duhalde nada tiene que ver con la nueva política. Que son ellos.

Como si Duhalde, a De Narváez, tío Plinio querido, no le hubiera puesto, para entretenerlo, la eminencia gris de Atanasoff. O el afecto de Ferri, el yernito. O a Christián, el mejor barítono de los Lence.
O como si Solá no contara con el apoyo espiritual del eterno Mercuri. Un homónimo, dígale a tía Edelma para que no se confunda, de Freddy. El cantante que imitó Macri, en su cumpleaños.
O como si Solá no lo tuviera, de hombre sabio, al Tato Brown. O la asistencia multisectorial del Conde Amadeo.

Sin embargo Duhalde, tío Plinio querido, como Menem, pertenece al pasado. Carece de derechos para mojar medialunas en la Argentina que viene.
Conste que El Trío es unánimemente magnánimo. Con decirle que tienen la grandeza de dejarle, a Duhalde, un margencito miserable. Para que le brinde consejos a la humanidad.
La culpa, en definitiva, es de Duhalde. Por sus vacilaciones múltiples. Por sus dificultades para tomar decisiones. Por haberse comprado justamente el espejito que vendía.
El cuento indica que hay que dejarle el lugar a los jóvenes. Porque él ya cumplió su ciclo. Lo más grave es que le creyeron.
Que a Duhalde lo traicione Kirchner, tío Plinio querido, vaya y pase. Pero que se atrevan diplomáticamente a ningunearlo, los dos juntos, De Narváez y Solá, es patológicamente preocupante. En realidad, Duhalde incita a que lo dejen solo. Como Alfonsín y Menem lo dejaron una mañana, con la raqueta y pantalón corto. Pide a los gritos que lo emboquen.

Nostalgias de El General

La cuestión que Macri, el dueño de casa, quién iba a decirlo, demostró que tiene condiciones para integrar el selecto bolillero de los presidenciables. Con Reutemann, con Binner. La Carrió. ¿Aún Kirchner?
Paternalmente supo instrumentar el acercamiento de los dos cuadros ambiciosamente antagónicos.
Solá, que dice que quiere ser presidente.
Y De Narváez, que dice que quiere ser gobernador.
Pero De Narvaéz sabe que Solá, si se le esfuma la candidatura presidencial, va a ir, tío Plinio querido, por los premios. Para repetir la gobernación.

A través de sus inversiones, De Narváez evolucionó. Desde aquel churrasco memorable de El General, cuando participó del apoyo inicial a Lavagna.
¿Se acuerda de Lavagna? Otro prócer rápidamente olvidado. Para la vieja política.
En El General, De Narváez se fotografió con los dos actuales baluartes del felipismo.
Sarghini, al que apodan La Oveja. Y Tito Lusiardo, alias Juanjo.
El restante fue aquel Camaño que se destapó como el único presidente, desde 1983, positivamente irreprochable. El que menos daño hizo.
Camaño, tío Plinio querido, cumplió.

Mito absurdo

De los tres, Solá resulta el menos favorecido. Se lo ve incómodo.
Adhiere Solá a uno de los mitos más absurdos de la Argentina invertebrada.
El lugar común consiste en creer que, para tener chances en el 2011, tiene que ser protagonista en el 2009. Tontería estructural inspirada en la agenda de los medios de comunicación. Pero lo moviliza a Solá, al extremo de aferrarlo a la alucinación de renunciar a la banca de diputado. La que obtuvo en el 2007, con la casaca del kirchnerismo, como cabeza de lista. Para pugnar ahora por otra banca de diputado. Cabeza siempre, pero con la casaca del antikirchnerismo.
La mesa de la chicana está servida.
Como si Felipe fuera aquel Alcibiades, pero sin una Jacqueline de Romilly que pueda explicarlo (Alcibiades fue aquel bello estratega de Atenas que apareció al comando enemigo de Esparta. Tía Edelma lo tiene que saber).
Cuando una acción, en política, debe ser muy explicada, no sirve.
Por el espejito de la legitimidad tampoco Solá tendría que hacerse malasangre. La sociedad ya se habituó a digerir, tío Plinio querido, la traición cultural.
Se acepta el libro de pases del borocotismo. Sin emitir migajas de asombro. Ni conmoción.

Cabalgata en el vacío

De no sumarse al terceto, y aunque aún no haya nada serio adentro, De Narváez podía haberse quedado afuera. Ocurre que El Caudillo también se toma en serio la ley de gravedad.
Tiene que ser cabeza de lista en el 2009, para aspirar a ser gobernador en el 2011.
La verdad rebelada. El circuito cerrado de la política. Una cabalgata en el vacío.

El obstáculo, para el ascenso de Solá, no es De Narváez.
El obstáculo, tío Plinio querido, es Macri.
Aspira Macri a ser tan presidente como Solá. Pero, hasta hoy, le gana la parada.
Emerge Macri victorioso hasta en la foto. Después de todo, es lo único importante.
En su rol de componedor, Macri se lució. Como un maestro de ceremonias. Casi tanto como en la fiesta del aniversario.
Sin necesidad de cantar. Ni de vestirse esplendorosamente de blanco como Faena, Macri trasladó a Duhalde hacia el baúl de los recuerdos. Trastos viejos.
Para resolver transitoriamente el dilema distrital de las ocho secciones electorales de la provincia. Las oficiales.
En adelante, a Macri le resta confiar en que Gabriela Michetti pueda mantenerlo como jefe de la Novena Sección Electoral de la provincia de Buenos Aires.
O sea, la Capital Federal. Donde existe el artificio del gobierno autónomo. Con concejales que se apodan, a si mismos, diputados de la ciudad.
El jefe de la Novena Sección Electoral, al apropiarse del terceto de rock pro-peronista, puede disfrutar de la proximidad de la gloria, siempre corta.
En sus inquietudes artísticas, Macri mantiene perspectivas auspiciosas. Similares a las exaltaciones de otro aspirante a la presidencia. Igualmente sensible.
Trátase de Alberto Rodríguez Saa, gobernador del Estado Libre Asociado de San Luis. Que se desliza entre las artes plásticas con la solvencia con que Macri cultiva los caminos del rock.
El caso del Alberto puede interesarle más a tía Edelma. Porque se inspira en la recreación metafísica de Xilium. Un planeta cercano, acaso, a Ganímedes. En todo caso que le pregunte al Brother Villamil, que sabe. O al Erks Orion, que fluye por la zona.
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