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Rififí

Asalto al Contador de Gallegos. Adquisición del Hotel "Alto Calafate".

Serenella Cottani - 11 de diciembre 2008

Artículos Nacionales

Rififíescribe Serenella Cottani
Interior-Provincias, especial
para JorgeAsísDigital

RIO GALLEGOS (de nuestra corresponsal Serenella Cottani).-  Con un ostensible atributo para la impunidad, comienzan, por aquí, a pisarle los talones al Lupín. Alias Kirchner.
Le soplan, en apariencia, a Kirchner, la nuca de los misterios.
Aparte del robo, estilo Rififí, al Estudio Contable de Manzanares, alias Polo, El Elegidor debiera preocuparse por la insólita prosperidad de las infidencias.
Por las alusiones, casi explícitas, a los secretos de sus bienes. Cuantiosamente innumerables.
Con la tibieza elitista que trafican los iniciados, trasciende la última adquisición. De ser verdad, en nombre de la redacción del Portal, esta corresponsal itinerante lo felicita.
Trátase del Alto Calafate, hotel de cinco estrellas. Como el apelativo de la geografía lo indica, se encuentra instalado en El Calafate. A la entrada. «En un bello entorno que sólo la Patagonia puede ofrecer», según indica el Portal Splendia. Contiene un panorama deslumbrante, que suele emocionar a los turistas. Los cuales, infortunadamente, escasean. Por culpa del descalabro económicamente internacional.
El Calafate se convirtió en el refugio paradisíaco de los guerreros del cesarismo conyugal. Evitan, explicablemente, Río Gallegos. Porque la capital se le volvió tan antagónica como Buenos Aires.
En ambos centros, la popularidad del matrimonio es ingratamente subterránea.
Alto Calafate sorprende con su imponencia. 105 habitaciones. Salones para discursos. Cotillones, copetines y congresos. Ideal para los seminarios privados de kirchnerismo teórico, que organiza el JorgeAsísDigital.
La habitación simple, cuesta, hasta hoy, 180 dólares. La triple, 260. La suite, 350.

Instrumentadores

«La gente es brutal cuando se ensaña». A propósito de la pasión inmobiliaria, la insidia se expande. Al extremo de personalizar a los instrumentadores de la admirable operación, de nunca menos de cinco millones de dólares.
El honorable Escribano Leandro Albornoz. Es el mismo notario que intervino en las adquisiciones de los campos inabarcables de don Lázaro Báez. El Resucitado.
Cuentan que Lázaro atraviesa un período lamentable, signado por los estigmas de la pesadumbre. Fue consignado en el envío «Sábana corta» (cliquear).
Como el gobernador Peralta, por su reconocida sequedad espiritual, dilata los pagos de los certificados de obra, don Lázaro debe padecer la reacción de los proletarios de Austral Construcciones, su empresa madre. Se encuentran, los laburantes, en estado de rebelión. Anteriormente fueron utilizados como «carne de concentración», con cascos incluidos. Pero hoy los proletarios de Carpani se comportan como un conglomerado de desagradecidos, seres que pretenden cobrar la segunda quincena de noviembre. En su rabia, los proletarios insultan, además, al que injustamente, acaso, se sindica como socio de Lázaro. El Lupín.

El otro instrumentador, de la probable compra presidencial del Alto Calafate, es, según nuestras fuentes, el promisorio Contador Berni. Trátase del profesional que encara la majestuosidad del camino ascendente. Felizmente sin hocicar, al menos hasta hoy, ante las tentaciones terrenales. Las que cautivaron, en su oportunidad, al Contador Buti. Trátase del sobrino postizo que los embocó. Al falso tío, don Lázaro, El Resucitado (y por lo tanto a Kirchner). En indescifrables millones de glucolines verdes, multiplicados por la imaginación de los traficantes de información calificada. Según los maliciosos, los que pugnan por sobrevivir entre la crisis, Buti es el causante, en gran parte, de la magnífica desesperación que impregna a don Lázaro. Y del rumor espeso que indica que Kirchner le bajó, al Resucitado, el pulgar. Aunque se trate de uno de los dos precipitados empresarios favoritos. Calificados, por la insidia,  como socios.
Gargantas inapelables nos confirman que el escribano Albornoz, en dupla con el contador Berni, fueron los encargados de instrumentar la admirable compra del Alto Calafate. En una operación que refleja, de ser real, la altísima capacidad de ahorro de El Elegidor. Lupín. El presidente Kirchner. Lo cual, a los vástagos, debiera enorgullecerlos. Sin ocasionar envidiosos resentimientos.

De trascender la noticia que celebramos, la Gargangta nos advierte que El Lupín podría fastidiarse. Sin embargo, incomodar al estadista dista de ser la intención de esta corresponsal. Menos aún después del extraño episodio acaecido en Alcorta 76, pleno centro de Río Gallegos. Donde se encuentra la sede internacional del Estudio Contable del Polito Manzanares y Montane. Al que debe agregarse, en la grilla, al contador Pombo.
El robo ocurrió el jueves por la noche. La exclusiva particularidad del asalto reside en que el mentado estudio lleva los papeles personalísimos. Los diseños de las distintas sociedades estratégicas de El Elegidor.
Igual que en Rififí, aquel film inolvidable de Jules Dassin, en el blanco y negro de 1955, los ladrones hicieron un boquete perfecto en el techo.
En Rififí, fue para desplumar una joyería de París. En la calle Alcorta, para alzarse con el contenido de una computadora.

Asalto al Poder

Idóneos, discretamente eruditos, los contables damnificados de la calle Alcorta supieron emprolijar los movimientos numerológicos de los principales hacendados de la zona sur de Santa Cruz. Como de los principales seres holgados del lugar, no necesariamente pudientes.
El Estudio del Polo Manzanares mantiene un cierto prestigio socio-cultural. Por el nivel, supuestamente alto, de los clientes que les confían las numerologías.
Según una Garganta, algunos se entregaban, al arte de Manzanares, sólo para aparentar.
«Son los llamados kerosene blanco», confirma la Garganta.
Por lógica, se le preguntó el motivo. Aclara: «De lejos, parece solvente».

El Polito Manzanares, según Gargantas femeninas, supo ser un seductor incorregible. Recién recibido, en los noventa se incorporó a la dinastía de los contadores de la familia, mientras lucía por las calles toscas de Gallegos los automóviles más sofisticados. Pasados los 40, confirman que Polo Manzanares sentó cabeza. Hasta casi abandonar las disipaciones de las conquistas. Para absorber la clientela más notoria de los nuevos ricos. Los que, durante la epidemia del kirchnerismo de provincia, emprendieron el camino incierto de la fortuna personal. Y debían lidiar con los papeleos de la DGI.
Antes que el kirchnerismo se volviera providencialmente nacional, fue a entregarse, para que le emprolijen presentablemente los papeles, el hombre más poderosamente rico del pueblo. Adivinen.
Seguramente, Kirchner es el causante de esta versión patagónica de Rififí. Sin la máscara expresionista de aquel Jean Servais. Alguien, protegido e igualmente poderoso, hurga detrás de la impertinencia de sus secretos. Le contabiliza, una a una, las costillas. Para otro tipo de balances.

Chorizos

Títulos. Contratos. Declaraciones Juradas. Adviértese que comienza el tráfico siniestro de fotocopias. Por instrucciones del director, la corresponsal se abstendrá de utilizarlas.
Para el Fiscal Giordano, un arcángel Gabriel que atiende la causa, «sólo entraron unos chorizos a la oficina». Es decir, simples chorros.
Conste que, en la oficina de Alcorta, solo se guardan los glucolines de bolsillo. Para gastos de caja menor. Pero los capacitados «chorizos» cortaron las doce alarmas. De las cuales cuatro pertenecían a determinados comercios vecinos.
Los chorizos del arcángel se las ingeniaron para cortar cables de teléfono. Para interrumpir la energía eléctrica. Desactivaron las alarmas. Penetraron, lo más campantes, al despacho donde lucía, sin mayor elegancia, la caja fuerte.
Los chorizos del arcángel abrieron la caja, sin forzar las combinaciones. Porque las tenían. Para llevarse, según nuestras fuentes, documentación selectiva.
Casualmente, en el Rififí santacruceño, los chorizos ingresaron al estratégico despacho del histórico contador Pombo. Que es, precisamente, el que lleva, en detalle, el objetivo. Las cuentas de los Kirchner.
Nadie en Gallegos ignora que estos Rififí solo buscaban la documentación correspondiente a las inversiones de Kirchner. Para pasarle, por lo menos, un mensaje.
Un policía, extraoficialmente, nos lo confirma. Es algo paranoico, porque sabe que en la ciudad se piensa, irreparablemente, en ellos. Pero adhiere a la recitación oficial. A la tesis de los chorritos comunes.
En Gallegos, que se sepa, nunca operaron bandas de profesionales semejantes. Para la ejecución del trabajo digno de asaltar un banco. De ningún modo para llevarse, en función de una beneficiosamente eventual zona liberada, tres mil pesos de bolsillo. Y una computadora.
«A Kirchner, Serenella, alguien le pisa los talones», evalúa la Garganta.
Le soplan la nuca, repite, pero sin el sentido machista del término.

Serenella Cottani
para JorgeAsísDigital

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