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Militancia y medios (I)

Página 12, la Secretaría de Estado, encargada de la programación de la kirchnerizada Radio Del Plata.

Oberdan Rocamora - 5 de noviembre 2008

Artículos Nacionales

Militancia y medios (I)escribe Oberdán Rocamora
Redactor Estrella, especial
para JorgeAsísDigital

AmDelPlata.com

Aunque los involucrados, en fila, van a desmentirlo, se cumple la asignatura pendiente de Alberto Fernández, poeta post-romántico, justamente olvidado.

La Secretaría de Estado de Página 12 dispone, por fin, de una radio. El multimediatismo, aleluya, es una aventura posible. En adelante, la dependencia periodístico-gubernamental se encargará de administrar los contenidos de Radio del Plata.
Trátase de la penúltima adquisición, relativamente indirecta, del kirchnerismo en desbandada. Al servicio de la estrategia bartolera del gobierno. Comprada, al águila Marcelo Tinelli, a través de las gestiones iniciadas por Electroingeniería.
Trátase de la empresa cordobesa del comisario. La orienta don Gerardo Luis Ferreyra. Es el antiguo combatiente revolucionario que supo destacarse en las zonas, preferiblemente liberadas, de las licitaciones. Un militante sensible, que supo de mazmorras y suele ponerse melancólico. Sobre todo a la hora egregia del reparto.

Miradas

Desde el 1030, Del Plata se ubica, algo incómoda, en el tercer lugar, que comparte alternativamente con Continental. Después de Mitre, lateralidad del Grupo Clarín, situada en la segunda posición. Y ambas se ubican detrás de la emisora potentemente más amiga de los Kirchner. La inalcanzable Radio 10, del Grupo Hadad.
Del Plata emerge como el sueño oficialista de la casa propia. Una radio para ser enteramente encolumnada en la santa causa recaudatoria. Adquirida, incluso, con la perla cultivada de Nelson Castro adentro. Con su gestualidad eficazmente inventariada.
En sinergia con Página 12, amenaza Del Plata con imponer un cuadro patéticamente patológico de sobredosis kirchnerista.
La conducción intelectual queda a cargo de los funcionarios a designarse. Entre Tieffenberg y Prim, de Página 12, el producto de la prensa militante que supo metamorfosearse, infortunadamente, en Secretaría de Estado.
Para colmo, en materia de rigor ideológicamente oficialista, Página 12 fue superada por los desbordes teóricos de los sobrevivientes que componen «Miradas al sur».
Trátase del semanario de máximo kirchnerismo acelerado que supo producir Sergio Spolsky. Otra águila acaparadora de títulos, que merece un próximo despacho independiente. Prometido.
En este, sólo puede anticiparse que «Miradas» emerge como el modelo de posible prensa militante. Pero necesitada, imperiosamente, de alguna revolución que la justifique. Por el detalle trascendental de la carencia, los imaginativos redactores suelen disponerse a la paciente construcción de la revolución imaginaria. A partir de una visión, severamente tergiversada, de los desmanes del kirchnerismo, e impregnada de la demencia saludablemente creativa que evoca, más que a la racionalidad, al desvarío de la asociación libre.
Ante el desconsuelo de quienes se empeñan, desde el ministerio periodístico de Página 12, en Miradas al Sur abordan la precariedad bartolera de Los Kirchner como si se tratara de una epopeya. Donde los defienden, a los Kirchner, por aquello que precisamente no son. Revolucionarios.
Los progresistas que recrean el kirchnerismo retozan en el laberinto de la hipocresía intelectual. Mientras el jefe que sigilosamente elaboran (Kirchner), se dedica al apasionamiento de la recaudación, y se recuesta sobre el aparato tradicional del peronismo, desde obstinadas interpretaciones de izquierda un conjunto de aventureros se disponen a defenderlo. Por un salario y una esperanza. Aunque nada tengan que ver con las características sustanciales del apoyo principal.
La izquierda desorientada les incorpora, a los Kirchner, a pesar de los pilares anacrónicos del PJ, «La Voluntad» de transformación, de la que ellos carecen. Se explica entonces que el director de Miradas sea Eduardo Anguita, el socio literario del felizmente más alejado Martín Caparrós. Quien hoy los fastidia desde las provocativas contratapas de Crítica, el diario que dirige aquel que fuera el legendario fundador de Página 12.
Jorge Lanata, un periodista notable que se recrea, acaso para preparar otro distanciamiento, como un comediante discutiblemente original. Sólo por el mero hecho de arriesgarse a desafiar el ridículo del escenario.

Gorro Frigio

La ofensiva, mediáticamente inversora, del kirchnerismo, coincide con el avanzado proceso de descomposición que signa su estructura política. La cual, invariablemente, al servicio de Cobos, se estrella.
Antes de derivar en oscura Secretaría de Estado, Página 12 emergía como el instrumento de provocación, del que se valía el señor Magnetto, el CEO, hoy apenas físicamente vulnerable, del Grupo Clarín.
A los efectos de instalar, desde Página, los temas que a Magnetto, para beneficio del Grupo, se le antojaran. Y así legitimar el posterior tratamiento en Clarín, el popular diario de autoayuda.
Durante el menemismo, Magnetto solía recurrir al utilitario Página 12, con el propósito de satisfacer los instintos más perversos del Grupo que aún comanda.
Mientras negociaba con el señor Bauzá, las paulatinas concesiones de la época, Magnetto se disponía a ejercitar la masacre de menemistas, pero desde Página 12. Para esmerilarlos, después de las instalaciones, y ante la desesperación de Granillo o de Bauzá, en el producto principal.
El juego, un «dos uno», resultó burdamente redituable. Inspirador de la paranoia infundamentada de los kirchneristas más intoxicados de información calificada. Los que creen que Clarín mantiene el mismo mecanismo de conducta. Pero que Clarín hoy suple, la jovialidad de aquel Página 12, con la frontalidad actual de La Nación.
El drama mediático merece un próximo despacho. Prometido bis.
Sin embargo, aún algo altiva, La Nación de los Saguier dista, a pesar de los dilemas judiciales que trata la doctora Servini de Cubría, de ser aquella Página 12, que merodeaba la eterna subasta.
Con los dineros del Gorro Frigio, Kirchner se quedó, según Gargantas, con Página 12, que le pertenecía al señor Magnetto. Por la especulativa explotación de los dos nutritivos años de dividendos. Proporcionados, según Gargantas, por la magia sobredimensionada de la pauta publicitaria. Aportada, siempre, por el Gorro Frigio. Como los más idóneos vividores de la diplomacia suelen denominar al Estado.

Felicitaciones

Con enorme regocijo, con generosidad espiritual, deben encararse felicitaciones colectivas. Primero, hacia los funcionarios de Página 12, que se reportan al señor Prim. Cumplen con la vieja reivindicación anhelada por el sonetista Alberto Fernández. Al que también se felicita, mientras el vate ajusta, desde algún lugar de Europa, las penúltimas rimas de los sonetos apasionados que le dedica, según nuestras fuentes, «a la paraguaya enigmáticamente encantadora».
Tendrán que forzar sus inteligencias, desde Página 12, para que el otro crédito del Portal (al que además felicitamos), don Gerardo Luis Ferreyra, de Electroingeniería, obtenga, a través del aún no asumido negocio de la comunicación, un nuevo éxito. Similar al éxito alcanzado con las orgiásticas licitaciones del tendido de cables de 500 kv. Cablecitos con los que sobrepresupuestaron los enchufes de media república. Y que motivaron «El Club de los 500», el histórico despacho que catapultó, a Ferreyra y Electroingeniería, hacia el estrellato.
A Ferreyra lo facturan, en general, al doctor Zannini. Sólo por haber compartido la contemporaneidad de la mazmorra política. Pero Ferreyra está diplomado, según nuestras fuentes, como un «De Vido boy». Es desde el «devidismo» donde Electroingeniería supo contabilizar otros sucesos memorables. Como la captura del traslado de la energía eléctrica de Transener, que le fuera oportunamente soplada al Eton Park, el Fondo calificado de buitre. Al menos por Kirchner, un águila que nada tiene que envidiarle al buitre. Otro suceso lo depararon las centrales hidroeléctricas, en la compañía providencial de la Siemens. A través de las seductoras millonadas de glucolines que permitieron cajonear, en el CIADI, por apretada inspiración de Ferreyra, aquellos juicios que Siemens movilizaba en contra del Gorro Frigio. Consecuencias del viejo litigio de la identidad, salpicador transversal de diversas administraciones.
El empresariado kirchnerista devuelve algo de lo mucho que el kirchnerismo les otorgó. Por lo tanto, hoy compran la Radio del Plata a Marcelo Tinelli. Y sin siquiera la inestimable ayuda del Rudy Ulloa Igor, que igualmente los patrocina. Vaya la respectiva felicitación a Tinelli, porque supo comprar la misma radio, cinco años atrás, a los acosados mejicanos de CIE, quienes también debieron desprenderse de Radio Belgrano. Tinelli compró Del Plata en dos miserables millones de glucolines verdes, para transferirla a los titanes empresariales del kirchnerismo en, según nuestras fuentes, ocho millones de dólares. Para regalársela, envuelta en celofán, acaso a través de los diseños magistrales de De Vido, a la estrategia superior de Kirchner, con el gerenciamiento intelectual de Página 12. A los efectos personales de apropiarse, además, de un ponderable instrumento comunicacional, que pueda brindarle, por ejemplo a Electroingeniería, algún reparo necesario en el destino tan plagado de incertidumbres. Sobre todo cuando los Kirchner, en un próximo envión, amenazan políticamente con estrellarse. Y con preparar meticulosamente la huida, para maleficio de Cobos.
Entre tantas felicitaciones, es de esperar que la perversidad panorámica de esta crónica no alcance a angustiar al inventariado Nelson Castro.
Por las mañanas, desde Del Plata, Castro suele emitir sus medulares recomendaciones hacia la indiferente humanidad. Pontifica Castro hasta que lleguen los dos ejemplares tortolitos de San Pedro. La señora Mónica Cahen D’Anvers y Cesar Massetti, los encargados de ponerle una onda algo experimentada a la mañana de la radio que nunca, infortunadamente, puede rivalizar con la voz melódica de González Oro. Aunque Oro positivamente se dedique, desde la cordial extraversión de la 10, al despedazamiento cotidiano de canciones, en general malas, pero pegadizas.

Oberdán Rocamora
para JorgeAsísDigital

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