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Sala de Embarque (I)

El kirchnerismo ya hizo los trámites migratorios.

Oberdan Rocamora - 25 de septiembre 2008

Miniseries

Sala de Embarque (I)escribe Oberdán Rocamora
Redactor Estrella, exclusivo de JorgeAsísDigital

Los decididos a «armar», para la compulsa del 2009, sostienen interesadamente que, sin hacer una buena elección en las legislativas de referencia, es imposible pensar en las presidenciales del 2011.
Primera idea para discutir. Es el dilema. Pero los más fatalistas, a través de la evaluación dolorosamente pesimista de la actualidad, piensan que es preferible prepararse para el 2008. Para ayer.
Por lo tanto, se considera necesario disponer de un plan de lluvia. Un Plan B, mecanismo alternativo. Menos que por la tormenta. Basta a veces con un soplido.
Los pesimistas fundamentados intuyen que el gobierno de la Elegida no aguanta tanta devastación moral. Que la aventura pesadamente se desintegra. En medio de la parálisis patológica que signa la rutina de su administración.
Por suerte, la debacle personal perfectamente puede diluirse. En la vorágine del caos, alarmantemente generalizado, que se registra en la economía universal. Sirve a los gobiernos de mirada corta, para justificar los propios, los intransferibles fracasos.

Giro compulsivo a la derecha

El compulsivo giro a la derecha del kirchnerismo es ideológicamente arrastrado por la realidad.
El gobierno colecciona concesiones. Originadas en las consecuencias de las calamidades que supieron dilatarse, por la aplicación bartolera del llamado modelo.
Pese a la gestualidad, igualmente se autosepulta. Aunque disminuya el lodazal de los subsidios. O se intente el amague claudicante de pagar. Incluso, pagar de más. Como aquel personaje del tango Muchacho. «Como un chabón».
Pagar, a la bartola, al Club de París. A la bartola pagar también a los bonistas que se quedaron colgados, desde la jactanciosa liquidación pasada.
Sin que nadie se postule para reclamarle especial coherencia, cada día, el gobierno se torna menos creíble. E infinitamente más débil. Devastado cotidianamente en su ética. Con el discurso deslegitimado, misericordiosamente sostenido por aquellos que nada tienen para perder.
En este contexto, la extensión del Virus Antonini produce un efecto letal. Supera la frontera del prestigio, irreparablemente perdido.

Llevarse puesto

El desmoronamiento, abruptamente indeseable, del kirchnerismo, condiciona las estrategias -en caso que existan- de las diversas franjas de contestación. De aquello que puede calificarse, con optimismo, como oposición.
También condiciona a los aliados, referentes que participan de las franjas interiores. Las que dependen, para existir, de la caja registradora del oficialismo. «Del chabón que paga».
Aguardan el momento propicio para tomar distancia. O saltar.

Preocupa, tanto a opositores como a aliados, que al gobierno, la sucesión escatológica de escándalos, se lo lleve puesto. Angustia que, en vísperas del naufragio, se ponga solo.
El kirchnerismo se encuentra en la «sala de embarque». Despachó el equipaje hacia la historia, ya hizo los trámites migratorios. Los papeles están sellados, como la suerte. Tiene los documentos en la mano.
Si es por la racionalidad colectiva de la sociedad, la partida debe demorarse. Producirse, convenientemente, dentro de tres años.

Rotaciones

La incertidumbre, la sensación de inestabilidad, que depara la convalecencia del kirchnerismo, se traslada, directamente, hacia la oposición. Donde brotan los amagues de armados. Los esbozos de vanidosas proyecciones. Las imposturas mediáticamente posicionales.
Los protagonistas principales de esta miniserie son alrededor de una docena. Rotan, se entrecruzan en los episodios, se desconfían.
Cada uno supone que el otro es el funcional al oficialismo.
Queda pendiente la duda planteada en el primer capítulo: si los Kirchner aún podrán recuperarse. Y continúan la recaudación más allá del 2011.

Mientras tanto, en la rotación se lo atiende, prioritariamente, a Cobos. Es quien mantiene el privilegio institucional. Sumada a la perspectiva de resurrección, saludablemente celebratoria, de la Unión Cívica Radical.
Pero inexorablemente debe tratarse también, otra vez, a Duhalde. Sobre todo por la alianza instalada, sigilosamente, con Cobos. Unánimemente quiere saberse si el entendimiento es virtual, o si mantiene visos de realidad. Cuando trasciende que Alfonsín lo recibió a Cobos, en su departamento recuperatorio, por expresa sugerencia de Duhalde.
Ingresa además, por prepotencia de presencia, la señora Carrió. Independientemente, asoma Binner. Desfila Solá. De pronto, desde el desastre agropecuario, Solá logró colocarse en el primer plano. Con la inestimable colaboración de una secta de pelafustanes de Bahía Blanca.
Solá comparte el lote de peronistas presidenciables. Con un estancado Rodríguez Saa. Con el inmanente Reutemann.
En menor medida se lo va a atender también al tenor Das Neves. Al insistente De la Sota. Hasta a Gioja. Aunque parecen haberse puesto todos, injustamente de acuerdo, en descartarlo a Lavagna.
Como si Lavagna, desde aquel paseo infortunado por los jardines de Olivos, hubiera cavado, con imperdonable inocencia, su destino político.

Presentados los personajes, desatado el conflicto del poder, es aconsejable mantenerlo, en primera línea, a Scioli, el titular de la Línea Aire y Sol. Es quien más necesita medir el momento justo del salto. Su irremediable lealtad puede alcanzarle para acompañar, a los Kirchner, hasta la sala de embarque. Sin partir, eventualmente, con ellos.
Debe esperarse. además, que se registre alguna reacción, temperamentalmente política, de Romero. Hasta el cierre del primer capítulo, Romero parece conformarse con un rol secundario. Cuando se preparó para ser cabeza de elenco.
Sin embargo, es Macri quien se destaca en el amontonamiento de la madeja. Porque Macri crece, incluso, a través del silencio. Por su guionista ecuatoriano, lo favorece hasta el perfil bajo.
Nadie registró, hasta aquí, una sola frase memorable de su pertenencia. Pero tampoco le entra, a Macri, hasta hoy, ninguna bala. Aunque estratégicamente lo tienen apuntado. Como si Macri fuera, definitivamente, el blanco.

Oberdán Rocamora
para JorgeAsísDigital

Continuará
Manténgase conectado.

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próximos capítulos
«Cobos o la perversidad del perdón»
«La utopía de armar en Buenos Aires»

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