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Fierros

PRELUDIOS (II): Para la defensa pueden juntarse 1500 cuadros.

Oberdan Rocamora - 1 de julio 2008

Miniseries

Fierrosescribe Oberdán Rocamora
Redactor Estrella
, especial
para JorgeAsísDigital

En el desgarro del descascaramiento, Kirchner plantea disidencias súbitas con Perón.
Sostiene que nunca, en su lugar, se hubiera refugiado en la cañonera.
Mensaje explícito. Debe entenderse que Kirchner, llegado el caso indeseablemente límite, va a resistir. Con lo que tenga. No lo van a expulsar 25 caceroleros en ojotas, como a Rodríguez Saa. Tampoco, cuatro mil.
Si Parrili, el despachante de los fondos, desde la Secretaría General decidiera convocar, para la defensa real del gobierno, podrían juntarse, con generosidad de cálculo, según nuestras fuentes, entre ocho y diez mil personas. Con convicción, voluntad y palos. Y con algunos fierros.
«Siempre y cuando enfrente no haya nadie. Y no suene ningún estampido», aclara un especialista, algo escéptico en materia de arrojo popular.
El más fríamente temerario de los especialistas consultados, asegura la existencia, oculta en alguna parte, de alrededor de ocho mil armas que aguardan ser utilizadas.
Los fierros proceden de Venezuela, y llegaron, confirma, vía Bolivia.
Adictos a la rigurosa información, los atinados citan la persistencia, a lo sumo, de mil quinientos cuadros. Aunque improbablemente puedan juntarse más de seiscientos. En condiciones personales de «enfierrarse». Capacitados para manejar el estricto lenguaje de los fierros.
Brotan desde distintos centros de irradiación, que conforman un rectángulo.
Jujuy, el Chaco, Rosario, y el suburbio bonaerense, en conjunto con la capital.
Ampliaremos. Pero sólo de evaluarlo necesario.

Los Prioritarios

En la declinante actualidad, persisten dos funcionarios que concilian, según nuestras fuentes, la atención prioritaria de Kirchner.
Prioritarios son Zannini, alias El Ñoño, y Larcher, alias Paco.
Afuera quedan los abnegados declaracionistas precoces. Útiles para el ejercicio frontal de la palabra. Heroicos que van, concientes, al sacrificio, y asumen el riesgo de autodescalificarse. Colocan el rostro, con un discurso medianamente articulado. En la defensa de la posición oficial. La suerte es indecorosamente relativa.
Tampoco La Elegida, en este esquema, es prioritaria. Duele confirmarlo. A pesar de la jerarquía de su investidura. Y aunque le colmen los pasillos, como los baños, con rosas color salmón.
La Elegida percibe que el marido, para colmo su jefe político, desperdició irresponsablemente su gobierno, con inesperada crueldad.
En un acto de explicable grandeza, Kirchner la colocó en el sitial más alto. Con aquella ética de Kane, El Ciudadano, que inmortalizara Orson Welles. En blanco y negro.
Pero para hacerla, en el fondo, fracasar.
Kirchner sorprende. Faena pendiente para los periodistas deportivos de la historia.
Para cualquier analista, transformado en furtivo historiador del presente, debe contrastar la reconocida mezquindad de Kirchner, para administrar el poder, durante su gobierno. Con la dispendiosidad con que suele derramarlo, el mismo poder, durante el gobierno de La Elegida.

Zannini

Kirchner atiende, especialmente, las articulaciones conceptuales del doctor Zannini, aún Secretario Legal y Técnico. Un cordobés profesional que lo conoce demasiado al jefe, como para hacerse cargo de la jefatura de gabinete.
Zannini, El Ñoño, mantiene, hasta aquí, el mérito exclusivo de ser incuestionable. No suele participar del eufórico «clima de negocios». Tampoco se encuentra inmerso en la supuesta ética de las transformaciones, para amontonar propiedades. Ni para llenar cajas de seguridad. En definitiva, para llevársela.
Resulta admirable la epopeya del cordobés profesional. Pasa Zannini, en la peripecia, de la alucinación maoísta, que le deparó encierros, a ser el ideólogo del peronismo caricatural.
Conste que Zannini nunca fue peronista. Tampoco, aún, lo es. Aunque se dedique a construir la literatura de los documentos. Sin embargo, en materia de importancia, para el Presidente, Zannini desplazó al Alberto y a De Vido. A los dos juntos. Los que se enfrentaron, entre sí, estimulados por el menemismo de Kirchner, hasta atenuarse recíprocamente.
Incluso De Vido, que se recuperaba de los desmanes preelectorales del Alberto, viene de fracasar. Junto al devaluado Moyano.
Si se lo debilita aún más, y si Kirchner sobrevive al torrente actual de la adversidad, Moyano es el sindicalista preferible. Para mantenerlo -por frágil- al frente de la CGT.
De Vido y Moyano vienen de rebotar ingenuamente juntos, en una negociación con los dirigentes agrarios. Habilitada, en principio, por Kirchner. Pero que finalmente no se la bancó. Como no se banca nada que huela, hasta ahora, a concesión. Y menos, si la concesión trasciende.
Aflojar es lícito, pero que no se note.
Es Zannini quien lo consolida a Kirchner, según nuestras fuentes, en las posiciones categóricamente suicidarias. Es el que articula algún concepto en medio de los arrebatos.
Si Kirchner aguanta la parada, Zannini le asegura que va a ganar. Una partida tristemente hueca.

Larcher

Otro funcionario, que concita atenciones sustanciales, es Larcher.
Es el Espía que viene de «Abril».
Los involucrados, o sea, los sospechados, consideran que Kirchner carece de buena información. Pero Larcher resulta indispensable, en la presente instancia, por los informes precisos. Relativos a los entrecruzamientos de -digamos- ciertos dirigentes. Aluden a la multiplicidad de reuniones. Comunicaciones que incluyen a funcionarios vacilantes, que aguardan el momento propicio para decidir la traición.
La información básica, a Kirchner, según nuestras fuentes, le llega. Tal vez resulte equivocada la evaluación de inteligencia que surge de tanta data.
En los entrecruzamientos, siempre, irreparablemente, aparece Duhalde. Junto a los que despiertan obsesiones, y ya fueron citados en el primer capítulo.
Las conexiones conducen a Duhalde.
Atormenta la certeza de los contactos entre Duhalde, y el vicepresidente Cobos.
Datos que aumentaron, ostensiblemente, la frialdad institucional hacia Cobos. Es que el vicepresidente suele enviarle mensajes a Kirchner, justamente desde la portada de Clarín.
«Consenso y no votos».
Y queda claro que Cobos no es el Chacho Álvarez. Tampoco es ningún Scioli.
Ni renuncia ni humillación.

Gobernadores y Regentes

Para los kirchneristas de paladar negro, el accionar de Cobos es altamente disociador.
Al convocar, por su cuenta, a los gobernadores, marcó otra extraña división.
Entre los Distantes (Schiaretti, Binner, Rodríguez Saa), con los demasiado próximos al gobierno. Dependientes, en realidad, del poder central.
Entonces Cobos, de manera indirecta, agiganta la brecha que existe entre los Gobernadores, así culturalmente definidos, con los Delegados Presidenciales. Son los que actúan, en las provincias, como Gobernadores. Es decir, como meros Regentes. Y aquí no hay federalismo que valga.
En la fila de los Regentes se ubican los políticamente vaciados. Casi deslegitimados. Como Capitanich y Urtubey, dos pecados generacionales. En cambio, el Beder Herrera, nada tiene para perder. O como Alperovich. Y el cada vez más Regente Scioli, un titán, ya casi descolorido, de la Línea Aire y Sol, que se abrevia en las encuestas, pero «con fe, con esperanza, siempre para adelante». Aunque se caiga, por la pendiente.

Escenarios

Evaluación de inteligencia. Si las afinaciones, del improvisado preludio, avanzan hacia algún movimiento superior, y si se debe cumplir, eventualmente, con el mandato institucional, es Cobos quien representa la salida conveniente. Para la larga troupe de sospechados.
En cambio, la señora Carrió se inclinaría, inducida por la desconfianza, según nuestras fuentes, en la alternativa de la Corte Suprema. Para la Coalición Cívica entonces la receta es Lorenzetti-Conducción. Por el llamado a las elecciones anticipadas. Para algarabía numérica de Artemiópolis.

Mates con sacarina

En la penumbra, los movimientos colman la ansiedad de Pampuro, El Pepe. Es el invalorable Crédito del Portal. Presidente Provisional del Senado. Situado en la línea sucesoria.
Cuentan, las Gargantas, que Pampuro se esfuerza, aún sin suerte en el intento, por reencontrar lazos de comunicación con Duhalde. Aquel antiguo receptor de los mates con sacarina.
Solía Pampuro cebarlos, cuando Duhalde se encontraba menos acelerado que en la actualidad. Menos necesitado de refugiarse en un spa, por supuesto brasileño.
Del spa de donde nunca Duhalde debió haber salido.
Pero a Pampuro, según nuestras fuentes, aunque insiste, aún no se lo atiende.
Al contrario, no es por resquemor de Duhalde. En su apertura pragmática, de dureza espiritual, Duhalde recibe, incluso, hasta a Felipe Solá.
El muro que lo contiene a Pampuro mantiene forma de mujer. Consta que es la rigidez de la señora Chiche, quien también fuera la destinataria de aquellos mates con sacarina, que incitan a la nostalgia.
Ocurre que Pampuro comparte la precipitación peronista de determinados intendentes del conurbano. Seres de memoria corta y tropa propia. Con otros fierros, pero permanentes. A los que Duhalde suele decirles lo que ellos, justamente, prefieren escuchar:
«Por ahora, te conviene quedarte ahí. Y mientras tanto, sacale lo que puedas».
Los habilita Duhalde para que los alcaldes, los sobrevivientes eternos de naufragios en mares tumultuosos, hagan lo que, de todos modos, siempre van a hacer. Sacarle lo que puedan. A Kirchner. O al que sea.

Oberdán Rocamora
para JorgeAsísDigital

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