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EL ASIS CULTURAL: Besitos intervaroniles de funcionarios, transmitidos en directo, para la televisión.

Carolina Mantegari - 28 de abril 2008

El Asís cultural

Zappingescribe Carolina Mantegari
editora del Asís Cultural,
especial para JorgeAsísDigital

«Los hombres no se besan», advertía Perón. «Sólo besan a las mujeres».
Se lo evoca al General, más que al filósofo Tomás Abraham, en el Salón Blanco.
Es la previa del juramento de Carlos Fernández. El ministro providencial llega para destrabar el conflicto con el campo. Kirchner, como dice Osiris, arruga. Pero los dirigentes agrarios también tienen ganas de arrugar.
Transcurre la ceremonia extendida de los besos intervaroniles. Se los prodigan, entre sí, los funcionarios mimosos. Y los invitados especiales del coro estable. Ante los camarógrafos de los canales que transmiten la franela ostensiblemente fraternal. En directo.

Para saludarse, en nuestra cultura, bastaba con el simbólico apretón de manos.
En momentos culminantes, con el abrazo varonil.
Para estupor póstumo de Perón. Para desagrado estético del filósofo contemporáneo Tomas Abraham, se modificaron, abusivamente, los hábitos de salutación.
Se asiste a la mayoritaria imposición del ósculo entre hombres.
Aunque aleguen carencia de intención sexual, el baboseo del hábito emerge, ante los observadores extranjeros, como una inconciente desviación, colectivamente sospechosa, del instinto de la virilidad.

Consolidación del fracaso

Carlos Fernández irrumpe, desde Bernal, para suplantar a Lousteau, que se marcha, algo aliviado, hacia su casa de Palermo. Con la desaprensión aparente de aquel Sir Alfred Douglas. El joven aristócrata que atormentara a Oscar Wilde. Un antecedente menor, aunque irlandés, del poeta post romántico, aún invalorado, Alberto Fernández.
A Sir Martin Lousteau habrá que atribuirle, en adelante, las culpas del infortunio presidencial. Con el «relato» de las retenciones móviles, Sir Lousteau provocó una letal desinflamación en las encuestas, de la Presidente Delegada.
Sin embargo, menos de un mes atrás, Sir Lousteau anunció, en el mismo Salón Blanco, con los mismos funcionarios cariñosos e invitados del mobiliario, un estelar «paquete de medidas», a los efectos de resolver el conflicto con «los piqueteros de la abundancia». Y Sir Lousteau supo generar, antes de los aplausos, la misma ansiedad en la ceremonia previa. Con los besitos, colosalmente idénticos, que certifican la consolidación, aún no asumida, del fracaso.

Canales de noticias

Más que el 7, la Televisión Pública de la Lufrano, el Canal de la Casa es C5N.
Llamado, con «sesgos predemocráticos» de mala fe, «Cristina5Néstor».
C5N registra directamente el detalle de los ósculos multiplicados, entre los funcionarios que exhiben deficits afectivos.
Puede verse, además, el show distendido de Los Besuqueiros, por el Canal 26.
Trátase de la influyente emisora matancera del poderoso Alberto Pierri.
Es Pierri el testigo privilegiado, en aquel verano fronterizo 2001-2002, del Misterio de la Devaluación con Pesificación Asimétrica. Para posterior calvario de la sociedad. Y para beneficio encomiable de Techint. Del propio Pierri. Y del Cartel de Clarín (aunque Clarín lo niegue).
A propósito, Clarín planifica elevar, en Piedras y Caseros, según nuestras fuentes, un monumento, en mármol y bronce, al Libertador Eduardo Duhalde, El Bañero y Piloto de Tormentas.
La ceremonia de los besitos también puede captarse en TN. Es la sustancial emisora del Cartel de Clarín. «Todo Negativo», según los cartelitos grotescamente combativos de La Cámpora, expresión infantilizada de la vieja JP. Chiquilinada escogida por Kirchner, como objeto de la diabolización del Cartel.

Una lástima porque de nada sirvieron los esfuerzos, fervorosamente desplegados, por Bonelli y Silvestre. Para facilitar, durante los peores días del conflicto, una salida menos deshonrosa para el gobierno.
El Alto y el Bajo conforman una dupla epigonal. Inspirada, más que en Neustadt y Grondona, en el arrebato de los discípulos. Hadad y Longobardi.
Por último, aquellos besitos intervaroniles de funcionarios pueden percibirse en América 24.
Es la potencia del ascendente caudillo popular Pancho De Narváez. Que suele, en sus raptos de democratismo, hacerse entrevistar, a menudo, por sus asalariados.
Y en Crónica TV. Es la emisora Padre de las cuatro cadenas, generosamente citadas.

Ósculos

Ante el espectáculo siberiano de los besuqueiros nacionales, la cronista, muñida del aparato mágico, aguarda el juramento de Carlos Fernández. Ya ni se asombra, entre el zapping, por tanta torpeza mediática.
Los besuqueiros ya transmiten los gérmenes, a través del exceso de sus ósculos amistosos, hasta en los restaurantes. Donde la educación, noblemente europea, indica que, como cortesía, basta con un gesto.

En fin, entre la monotonía de los ósculos, se espera a la Presidente Delegada.
Desde los canales, próceres como Feinmann y Doman, en C5N, se sienten en la obligación profesional de contarle, a la audiencia, o sea a esta cronista, acerca de los mimosos que identifican.
Desfilan entonces alusiones olvidables a Kunkel, el duro Moyano, Gullo, Viviani (que persigue a Moreno para besarlo). O los enternecedores Jefes de Estado Mayor, que se incorporan a la coquetería. Cinco segundos antes que Cristina, llega Albistur. Con más reparto de besitos que de pautas. Y recibe felicitaciones efusivas el señor Moreno, con su atildado aspecto de dueño de casa. De ganador que acaba de degollar, en la batalla, y con su clásico gesto, a otro funcionario.
Desfilan, aunque impiadosamente, los estelares dirigentes agropecuarios. Son puestos en exhibición, como los esclavos en los puertos del Diecisiete.
Los desgastados dirigentes, pobrecitos, ya no saben cómo hacer para arreglar, de una vez por todas, el diferendo que los desborda. Antes que Alfredito, con el carisma del diente descartable y ausente, se los lleve puestos.
Se lo ve a Luciano, el marido de Mecha Miguens. Y al infaltable Llambías, con la barbita tipo Chupete Manzano.
Kirchner suele insultarlos desde las tarimas. Igualmente, los dirigentes agropecuarios se anexan en el ritual de los besitos similares, en definitiva, a los ósculos televisivos que supo prodigarles, también para la televisión, el poeta Alberto Fernández. En la antesala de una de las doscientas reuniones destinadas a la franela superior.
Besitos del Sonetista a los dirigentes desorientados, que Todo Negativo, en su conspiración para derrocar a Kirchner, supo divulgar hasta el infinito, en sus títulos de cada media hora.
Besitos del Alberto para Luciano, para Buzzi, para el de la barbita. Y hasta para el heterísimo Biolcatti, mientras Kirchner los trata, sin reparos, de incendiarios. Golpistas del 76. Del 55. Desabastecedores que motivan la inflación. Y de otras calamidades que garantizan la proximidad del acuerdo.
La certeza que Kirchner tiene demasiados deseos de arrugar. Como ellos.

Carolina Mantegari
para JorgeAsísDigital

permitida la reproducción sin citación de fuente.

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