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Penetraciones brasileñas

Hoy dispara la Esso. Mañana, será la Shell.

Oberdan Rocamora - 8 de enero 2008

Miniseries

Penetraciones brasileñasMerece, la venta de Esso, iniciar otra consagratoria miniserie.
Trátase de la Eastern Seabord Standard Oil, integrada a la Corporación ExxonMobil.
La extraordinaria liquidación fue encomendada al banco de inversión JP Morgan. Para la subasta se moviliza el plantel estable de empresarios argentinos. A los efectos de anotarse, al menos, en la «manifestación de interés».
Asúmese el riesgo de anticipar el epílogo de la miniserie.
Los locales pueden disputar la competencia lateral. Por la categoría de socio doméstico de Petrobrás.

El Paquete

Al hablar de reestructuración, en general, alguien pierde. Queda afuera.
Para la venta de Esso, prefiere utilizarse, en cambio, el pretexto de la «reorganización». Figura que atenúa la decisión empresaria, violentamente racional, de rajarse.
Primero la Esso. Después se irá la Shell.
«Reorganización» significa, traducido, que la Esso parte. Decide rematar los activos de Sudamérica. Región donde crece inquietantemente el fervor. Mientras declina la confiabilidad.
Los valores, por el paquete entero, se calculan en dos mil millones de dólares.
Amontonados en el paquete entran las filiales de Brasil, de Chile. Y la franquicia Argentina, que incluye las sucursales del Uruguay y Paraguay.

Si Petrobrás resulta comprador, como las Gargantas aseguran, de la Esso local, la transacción podrá ser políticamente tomada, en una lectura inicial, como otra derrota del superministro De Vido.
Es decir, de Kirchner, el Presidente R.E.
Por el primer chico, De Vido se impuso sobre Petrobrás. Fue en la anterior miniserie de Transener. Pudo evitar que Petrobrás vendiera las acciones de Transener al Fondo Eaton Park. Valores que Petrobrás debía obligatoriamente desprenderse, en virtud de la colonizadora adquisición anterior. De la Pecom.
Evócase el despliegue del gran combate jurídico, por el premio mayor de convertirse en socios de Marcelito Mindlin. Es el propietario de la otra mitad. Titular del Fondo Dolphin, devenido en Pampa.
Prefería Kirchner que Petrobrás, en virtual acuerdo con Marcelito, no le vendiera Transener al Fondo Eaton Park. En aquel fantástico acné de nacionalismo direccionado, Kirchner decidió que la mitad de Transener debía quedar para próceres de la Patria. Para la dupla de La Casa. El Combinado Nacional. Enarsa, junto a a la imbatible Electroingeniería.
Con el diseño imaginativamente jurídico de El Profesional, el doctor Dromi, aquel Combinado logró ganar la batalla contra el Fondo Eaton Park.
Por lo tanto, Mindlin ya no tiene otra alternativa que soportar, como socio, a Gerardo Luís Ferreira. Y con poder de fuego.
Crédito descubierto por el Portal, Ferreira es El Revolucionario. Al que suelen mezclársele los cables. En especial, durante los momentos tensos del apasionante reparto de glucolines.
Los socios, Ferreira y Mindlin, se dispensan una afectuosa desconfianza recíproca. Hipocresía compartida que anticipa nubarrones ideales para describir, en la primera de cambio, en el Portal.

Atribulaciones

A rodarse en magníficos escenarios, como Houston, Nueva York, y Río de Janeiro, la miniserie Esso tiene el éxito garantizado. Sin olvidar, claro, las escenas de Buenos Aires, en las oficinas de Maipú. Sede diplomática de Petrobrás. Aquí se asiste al dilema existencial del señor Carlos Fontes.
Trátase de El Brasileño Atribulado. Emerge como embajador de Petrobrás en la Argentina. Intenta reemplazar, desde hace un año, al incomparable Guimaraes, que pasó a la superior representación de Nueva York. Fontes, pobre, debe soportar los llamados, cotidianamente arrebatados, de Baratta, el escudero de De Vido.
En tristes tardes con llovizna, Fontes debe soportar hasta los llamados de Moreno. Para apretarlo.
De todos modos, los cholulos empresarios locales suelen considerarlo a Fontes como un funcionario de jerarquía. Con poder de decisión. Por lo tanto, lo cercan con invitaciones.
Pero Fontes, El Atribulado, apenas puede transmitir las inquietudes de los medialuneros. Hacia la central de Petrobrás, Río de Janeiro.

Para De Vido, cada vez es más difícil obstaculizar la penetración brasileña.
Cuesta abrirse. Imposible, para colmo, es evitarlo a través de la fraternal marroquinería bolivariana.
En la subasta, el JP Morgan no atiende, una lástima, sólo las pertenencias argentinas. Cotizadas en elementales 200 millones de dólares. Aunque trasciende que Mindlin, El Pampa, acaso para tomar distancias del pelotón, ofertó 325.
Hay 100 estaciones de servicio propias. Alrededor de 450 estaciones «franquiciadas». Un estimable 12% del mercado local. La frutilla apetecible es la sofisticada refinería de Campana, que procesa 90 mil barriles diarios. Y las propinas del vecindario, Paraguay y Uruguay.
Pueden atreverse los presupuestos de cuatro o cinco rescatables empresarios nacionales. Seres que mantienen vinculaciones rotundas con el Cesarismo Conyugal.
Desfilan los infaltables Werthein, que desean entrometerse en cuestiones de energía. Y hasta Brito, el Banquero de la Espuma (de las garzas, de las rosas). Siempre cerca del Sol.
Incluso, don Francisco de Narváez, el severo caudillo popular. Aunque los pares suelen degradar, al caudillo, con patético entusiasmo.
«Sólo quiere salir en los diarios, de ser posible con el tatuaje», lo fulmina un eventual competidor.
Para convertirse en el socio local de Petrobrás, el más aventajado, según nuestras fuentes, es el inflamado Marcelito Mindlin, El Pampa. Por la experiencia en Transener. Sobre todo, por la marcada eficacia de su lobbying con los americanos.
Quienes pueden aún disputarle la posición a Mindlin son los dos titanes de la Corporación América. Don Eurnekián y su escudero, Gutiérrez, El Flaco. Aunque la fuerza, políticamente principal, pueden generarla los cracks, los comprobados, del Combinado Oficial.
La dupla de Electroingeniería, orientada ideológicamente por Ferreira, El Revolucionario, El de los cables (mezclados), a la hora del reparto. Con Enarsa, donde otro cuadro, igualmente atribulado, recibe las instrucciones de De Vido. Es Exequiel Espinoza. El funcionario que suele deprimirse al comprobar el paso indiferente de las valijas. Pasan, orondas, las valijas, a su alrededor. Ni puede mirarlas de frente.
Para colmo, cuentan que el Combinado Nacional no logró retenerlo, como director técnico, a Roberto Dromi. El Profesional.
Mediante el Combinado es donde desea entrometerse PDVSA, la fuente del nacionalismo latinoamericano. Petróleos de Venezuela. Pero imaginar una asociación triunfal con los bolivarianos, es, desde Antonini, tan viable como una utopía.

Colonización inevitable

«Olvídese, la reorganización empresaria de la Esso es mundial». Lo aclara, por teléfono, cierta Garganta de la Exxon. Desde Nueva York.
Si el Jefe se pone con los viáticos, el cronista decide desplazarse.
«La intención, Rocamora, es vender el conjunto. El pacote entero. No se trata de despachar activos por país».

Improbablemente alcance, a esta altura, con Electroingeniería y Enarsa, para evitar la colonización brasileña.
Puestos a elegir, la Exxon, de lejos, va a preferir a Petrobrás. Nada que huela a PDVSA.
Aunque Petrobrás no tenga la menor intención de conflictuar con PDVSA. Y hasta explote, Petrobrás, filones petrolíferos en Irán. Sin baladronadas, ni sobreactuaciones.
Para colmo, en esta partida, se abrió el libro de pases. Y Dromi, El Profesional, estrella sigilosa de aquellos diabolizados noventa, ahora juega, según nuestras fuentes, para Petrobrás. Aventuras de la globalización.

Oberdán Rocamora

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