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Tobogán

ESMERILAMIENTO (IV): La miniserie bolivariana se lo lleva puesto a De Vido.

Oberdan Rocamora - 17 de diciembre 2007

Miniseries

TobogánPor Oberdán Rocamora
para JorgeAsísDigital

Crece, entre los empresarios involucrados, los De Vido dependientes, la preocupación por el destino de De Vido.
Surge, la desazón, como consecuencia del desgaste paulatino del superministro de referencia.
La pérdida del poder se percibe en la pérdida simultánea del respeto y del temor.
Ya no es sólo la señora Carrió. Hoy cualquiera se le anima. Y lo impugnan, de manera indirecta, desde los grandes medios.
En la actualidad, Julio De Vido es, incluso, hasta protagonista involuntario de dos libros. Donde se recrea, con detalladas amplificaciones, la atmósfera descripta. La proeza cotidiana que conocen los miles de visitantes del Portal.
Al menos, desde la publicación del texto cordialmente inspirador, «Club de los 500». Fue subido en el 2005 (ver «La marroquinería política», 2006).
Para que conste en actas.

Amateurismo

Por los capítulos que aún faltan, la miniserie de la valija, o la marroquinería bolivariana, puede arrastrarlo al ministro. En un lapso relativamente inmediato.
Téngase en cuenta que desde el gobierno, al menos hasta hoy, manejaron la desbordante miniserie con un amateurismo estremecedor.
Los desorientados corren, detrás de los episodios que condenan.
A los amateurs les instalaron, por si fuera poco, una teoría humillante. Para colmo falsa. Que los ochocientos mil dólares del Gordo Antonini venían para financiar la campaña presidencial de la señora Cristina.
Como si, al vigente Sistema Recaudatorio de Acumulación (creado por Kirchner, instrumentado principalmente por De Vido), le hiciera falta recurrir, para hacerse de fondos, a semejante berretería.
Porque se trata de un monto comparable, sin exagerar, a una propina.
El simulacro del kirchnerismo puede carecer, perfectamente, de ideas. Pero dinero le sobra. Como los multiplicados canales para juntarlo.

Vísperas

Con la pituitaria adiestrada, los «De Vido dependientes», los titanes de las licitaciones, los equilibristas de los artificios cartelizados, suelen percibir el sabor amargo de las vísperas. Del deslizamiento en el tobogán de la desgracia. O de la próxima adversidad.
Asimismo, asisten al sistemático fortalecimiento del adversario interno.
El ascenso de Alberto Fernández complementa el panorama temerario.
Para colmo el Alberto, el irreconocido sonetista popular, sale, como un cruzado, a poner la cara. Y hasta la firma, en la impotencia declaratoria de alguna columna de domingo. Sale en nombre del honor del Cesarismo Conyugal, definitivamente quebrantado en su moralidad.
El Alberto parece sobreactuar la tendencia incendiaria hacia el arrojo. Con las tristes argumentaciones de amateur. Para colmo imitadas, contagiosamente, por la indolencia intelectual de los otros funcionarios, tan solidarios como ineficaces.

Recuadro

Disciplinadamente, sin otra alternativa, De Vido supo tolerar el laberinto del esmerilamiento. Kirchner solía impedirle que saliera, según nuestras fuentes, al cuadrilátero de los medios, para defenderse.
De todos modos, al ser reconfirmado como ministro, asistió a una especie de revalorización. Al extremo de considerárselo, en un momento, para los «De Vido dependientes», como gloriosamente irreemplazable.
Porque: ¿quién podía encontrarse en condiciones de instrumentar tanta cantidad de negocios, como Julito? Nadie.
Pero De Vido arrastra, en su tobogán, el desmantelamiento de la estructura que instrumenta. Confeccionada con elemental eficacia. Para consolidar, desde el poder, la multiplicidad de los negocios.
Sin embargo, después de la jura, De Vido debió darse cuenta que venían, invariablemente, por él. Y que la ofensiva del esmerilamiento no había cesado.
Por ejemplo al consignar que Clarín, desde la expresiva perversidad de un recuadro, pudo registrar la frialdad de la señora Cristina. Cuando le tomó, resignada, el juramento.
Aquel recuadro, para los De Vido dependientes, se debió a la liminar orientación del Alberto.

Cancha inclinada

La sospecha, de hallarse en las vísperas, se extiende y prospera. Fundamentada por los acontecimientos de Miami. Por los capítulos seriales que se avecinan.
Puede asegurarse que no alcanza, a esta altura, para apaciguar, con la cabeza de Uberti, oportunamente rebanada.
Sigilosamente se lanza a rodar la bola de nieve. La de la responsabilidad final. De De Vido.
Por lo tanto, si prosigue en la pendiente del tobogán, con el agravamiento de la cancha inclinada, el Cesarismo Conyugal tendrá que entregarlo. Basta con soltarle la mano.
De la cancha inclinada tampoco podrá rescatarlo el exclusivo protector. Es un poco menos poderoso que Kirchner y Magnetto. Es decir, es Moyano. El Amigo Subsidiado.
Moyano salió a respaldarlo, a De Vido, en la plenitud del esmerilamiento. Y a lo guapo. Por los códigos barriales de los subsidios. Y por otros repartos, frontalmente espirituales.
Pero Moyano tampoco preveía que, en la ceremonia de aquel respaldo, se agudizaba la doble devaluación.
La devaluación de De Vido. Y la propia. La devaluación de Moyano.
Socios, también, en las estratégicas desventuras.

Cercos

A Moyano se lo esmerila, en cambio, con la simultaneidad de diversos cercos.
El cerco más leve alude a la infamia de ciertas puñaladas, registradas en un estacionamiento de Rosario. Sin embargo, el cerco más grave es político.
El reconocimiento que presenta el ropaje de la ingratitud. Con el dramatismo de la traición. Por la personería gremial de la CTA.
Esmerilamiento que se le viene, irreparablemente, encima. Supera la frontera del agravio. Hasta sacarlo de la cancha.

Conste que Kirchner se despidió, formalmente, del gobierno, sin dejar resuelta la máxima reivindicación de Moyano. Resignaba una alianza vital, con uno de los dos hombres que más teme.
La reivindicación de mínima, de Moyano, consistía en lograr el apoyo del Cesarismo Conyugal. Para su reelección, al frente de la CGT.
La falta de apoyo representa entonces la crueldad del tercer cerco. En adelante, Moyano brilla. Radiante, de tanto esmeril.

Por lo tanto se vaticina un 2008, pleno de acción y aventuras.
Porque va a costar arrancarlo, a Moyano, del sitial. Al que tanto le costó acceder.
Kirchner exhibe su vulnerable noción de la virilidad. Al transferirle a su esposa la decisión política de estampillarlo a Moyano. De ponerle límites. Game Over.
Por lo tanto la dama, como la sociedad, debiera estar preparada. Para asumir, presumiblemente, el efecto de los estampidos.

Oberdán Rocamora
Para JorgeAsísDigital

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Llave en mano

El keynesianismo no se detiene.

Mañana, sin ir más lejos, estaremos en Enarsa. En la invención que Romero supo bautizar, con agudeza, Enfarsa.
El festín del conveniente keynesianismo no se detiene. Se abren las ofertas de otra Licitación Pública Internacional.
«Adquisición e instalación, llave en mano, de cinco centrales de generación eléctrica».
La gesta, apenas nominalmente, es controlada por Ezequiel Espinoza. Es aquel funcionario que respondía al ascendente Mario Das Neves, máximo caudillo del Chubut.
Espinoza, por lo que sabemos, participa de una desdicha extendida entre tantos funcionarios del kirchnerismo. Es de los que siempre saben, pero sólo ven pasar, las valijas. Pletóricas de glucolines, que pasan de largo. Sin que se detenga, para la gloria personal, siquiera una. Pobre.

Para la gesta de esta «llave en mano», a Espinoza le dibujaron un presupuesto de tres mil doscientos cincuenta millones de glucolines patrios. Poco más de mil millones de dólares.
Las empresas anotadas, según nuestras fuentes, para atrapar la «llave en mano», son seis. Las que adquirieron el respectivo pliego, por 15 mil pesos, en glucolines de curso legal.
De las seis, cuatro, o por lo menos tres de ellas, mantienen el solapado destino de acompañantes especulativos. Hasta que les llegue la sortija de la próxima oportunidad.
Por lo tanto Ansaldo Argentina, Sadefem Equipamientos, y probablemente los gallegos de Isolux, pueden considerarse dignas acompañadoras. En la espera de patear el penal. Para atrapar la propia llave en mano.
Si se acompaña con el decoro discreto del silencio, la sortija tarda. Pero la llave, en mano, siempre llega.
En cambio, las otras tres, se perfilan como las envidiables empresas del comisario.
La Siemens (versión Power Generation), que es siempre generosamente amplia para las asociaciones. Abierta a la magia de las componendas.
Y otras dos firmas dichosamente funcionales. Pertenecen a empresarios invalorables, definitivamente consagrados por la perversidad del Portal.
Es IECSA, ex del Padrino Macri. Hoy, del sobrinísimo, el señor Calcaterra. Empresario en lícita proyección, que se obstina en negar, a lector del Portal que se le cruce, que es un «calcaterro».
Calcaterra no es, que conste, ningún «calcaterro». Y menos aún del socio mayor. De Lázaro, El Resucitado.
La restante es Construcciones Térmicas. Una variable que controla, en apariencias, la máxima revelación del Portal. Trátase de don Gerardo Luis Ferreira. Estrella, junto con Acosta, de Electroingeniería. Empresa que sobrepasó, desde Córdoba, en materia de acumulación de obras y de glucolines, la barrera del sonido.

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Cables mezclados

En carretilla, pero con mística revolucionaria.

Entre los «De Vido dependientes». Es decir, entre los aventureros transitoriamente identificados con el destino del ministro De Vido, suele comentarse, con mayor perplejidad que malicia, algún aspecto patológico de la conducta de don Gerardo.
Consecuencias, aducen, del pasado revolucionario del sujeto. Por tantos dolorosos años, transcurridos en prisión.
Parece ser que a Ferreira, en determinados momentos, se le mezcla el cablerío. Hasta confundirlos. Conste que no son, precisamente, los cables del Club de los 500, que lo enriquecieron.
Confiesa, cierta Garganta, que en alguna cumbre selecta, se aludía a las rodajas de la colaboración con el socio invisible. Para depositar la ofrenda, hacia arriba. Hacia el Gran Hermano, el protector.
Según Garganta, alguien se quejó de la intensidad de la ofrenda. Entonces Ferreira, en versión de Garganta, se les despachó con una desgarradora interpretación ideológica.
«La plata para la política es la plata para el pueblo. Y con la plata para el pueblo no se j…».
Al margen del desorden generado por la mezcla del cablerío, Ferreira emerge, en apariencias, como el emblema empresarial del kirchnerismo que brinda mayor sustancia para la serena reflexión.
Al combinar la racionalidad de las enormes diferencias gananciales, con las interpretaciones que rozan la mística revolucionaria. Según un prestigioso psicoanalista consultado, Ferreira, al acumular dinero, esfinge del poder en el capitalismo, parece saldar, dramáticamente, algún dilema generacional.
De todos modos, cierto gerente es menos sensible que el estudioso consultado. Pero su veredicto es igualmente ilustrativo: – «Se la lleva en carretilla, pero los humilla a los otros empresarios, los hace sentir culpables, haciéndose aún el revolucionario».

Ocurre que Ferreira amontona obras a granel. Más, incluso, de las que reparte.
Y cuando se reúne con sus pares, con los otros De Vido dependientes, los que también se la llevan en carretilla, Ferreira suele obstinarse en elogiar la política humanitaria del gobierno.
Entre los arrebatos emocionales de la carretilla, les dice, por ejemplo, que ya «recuperaron ochenta hijos».
Pero que les «falta recuperar, todavía, otros 400 chicos más».

Oberdán Rocamora
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