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Aeropuerto (I)

Los asesinos de los tres policías fueron a robar el DVCRAU. El Aparato chupador.

Oberdan Rocamora - 22 de noviembre 2007

Artículos Nacionales

Aeropuerto (I)LA PLATA (de nuestro enviado especial, Oberdán Rocamora).- «Los asesinos, Rocamora, se robaron el aparato chupador» -nos confía la Garganta.
Trátase de una voz inapelable. Ningún traficante de versiones demenciales.
El «aparato chupador» es el DVCRAU. Fue parte de una compra importante, efectuada en Francia, para la policía provincial. Según nuestras fuentes, fue cuatro o cinco meses atrás, por una alta autoridad del ministerio que tiene fecha de salida. Por la valiosa mercadería, se pagaron cuatro decenas de millones. De pesos.

«Date Voice Call Recording and Acquisition United». Alias DVCRAU.
Trátase del interceptor digital que puede estar conectado desde cualquier punto de la red telefónica. Tal como se nos contó en el Seminario de Seguridad Teleinformática Activa. Fue organizado en la Facultad de Ciencias Económicas, en junio.
El DVCRAU robado mantiene la capacidad garantizada para absorber, en simultáneo, tres mil ochocientas líneas telefónicas. Y otras tantas direcciones de emails. Es un modelo mediano.

Melancolía

Husmear, otra vez, en la zona de La Plata, instiga a la melancolía.
Semejante costados del partido, no los merodeaba, el cronista, desde aquella investigación sobre J.J. López. Tarea que quedó trunca. Pudo avanzarse hasta un caserón, situado detrás de cierta tranquera, en Atalaya. Partido de Magdalena. Y de ahí, la Nada.
Sin embargo el caso J.J. López, casi irresponsablemente olvidado, es de clarificación descartada. Un pobre viejo transformado en la vacía imagen del afiche. Para utilizar, en adelante, en cada onomásticos convenientes. Promovido por los que tienen, antes que manifestar, que explicar.

La Planta

Intersección de la 7 y la 630. Esternón del Barrio Aeropuerto, llamado así, Aeropuerto, como aquel best seller de Arthur Hayley. Con presuntuoso exceso lingüístico, por la cercanía del Aeródromo. En las proximidades espaciosas de Arana.
Con su versión de la historia, la Garganta nos acompaña hasta los alrededores de la Planta Transmisora. El escenario del crimen. Dependiente del área de Comunicaciones del Ministerio de Seguridad.
Según su data, con la discreción lógica de la clandestinidad, se captaban, desde esta planta transmisora, hasta las transmisiones más elementales. Meras conversaciones telefónicas de funcionarios, del presumible entorno, de los adversarios. De los seres habilitados en el ciclo más funesto del fracaso. El contrasentido del delito, que nunca debiera ser combatido por aquellos que viven del mismo.
«Reconocer que la Planta era un chupadero, Rocamora, puede desatar un escándalo institucional».
Implica aceptar, en esta versión de la historia, que la policía provincial interceptaba miles de llamadas de los bonaerenses. Significativas, apenas, para diseñar insustanciales gráficos de contactos.
Como si fuera la Ojota que la adversaria Side, autodenominada SI, mantiene, con legitimidad judicial, en el chupadero de la Avenida de los Incas.

35 días atrás, aquí, en el Barrio Aeropuerto, ocurrió el triple crimen, aún irresuelto. Fue efectivamente conmovedor. Mataron tres valientes policías que cumplieron honrosamente con su deber.
Dos veinteañeros, los oficiales Barbosa y Vatalaro. Fueron directamente ajusticiados, sanguinariamente apuñalados. Y el treintañero sargento Díaz, que se hizo involuntario acreedor de cuatro balazos. Calibre nueve milímetros. A las dos de la mañana.
Con impertinente audacia, los asesinos se llevaron, de la Planta, el DVCRAU. Y huyeron en un móvil policial, con algunos chalequitos protectores, a los efectos de distraer a la gilada. Abandonaron el patrullero a diez kilómetros, en el barrio San Carlos, partido de la Plata.

Argumentación precoz

Los obvios, inflamados de atinada argumentación precoz, señalaron que podía tratarse de un «mensaje mafioso».
Con más criterio que información, otros aludieron a las derivaciones de la hipotética interna policial. Ajuste de cuentas, encaradas, supuestamente, por algunos cuadros de la formidable legión de desplazados. Los purificados, previsiblemente, por el aún ministro Arslanián.
Alguien se aventuró en comparaciones tétricas. Del tenor de La Tablada de Arslanián.
«No me pongan perejiles», vociferó Kirchner, abrumado, con razonable inquietud.
A dos semanas del cambio de autoridades, tanto en la gobernación como en el ministerio, puede asegurarse que la investigación, sobre la carnicería del Aeropuerto, se encuentra paralizada. Acotada en un laberinto.
Los investigadores, en una situación piadosa, porque nada tienen en la mano. Como si acabaran de llegar de España.

Pasiones

Sin embargo las idóneas fiscales avanzaron con la pista pasional. Leyla Aguilar y Cristina Larroca, de la UFI, Unidad Funcional de Investigaciones.
Pudo entonces sorprenderse, la incrédula población, con el caramelo de madera de la detención del novio desairado.
Leandro Colucci, de formidable parecido con el identikit de divulgación.
En el artificio, junto a un conglomerado folklórico de barra bravas de Estudiantes de La Plata, Colucci se habría entregado a la pasión de la carnicería. Ciego de ira, desesperado por el abandono de Noelia. La muchacha que se desplazó, fatalmente, desde los brazos rencorosos de Leandro hacia la musculatura del infausto oficial Vatalaro.
Bastante menos sentimental, el juez Melazo, que tiene recorridos miles de kilómetros judiciales de montaña, decide liberar a Colucci, el pobre Otello.
Ocurre que Melazo conoce de memoria, según nuestras fuentes, la interna policial. Y mantiene sus teorías personales acerca de cómo acabar, de una vez por todas, con el maleficio de ellas.

Internas

«En la policía no hay internas», suele bajar línea el señor Matzkin.
Trátase del Superintendente de Delitos Complejos.
«No va a quedar Matzkin», confirma la Garganta. Se va, junto a Arslanián. «Stornelli, el sucesor, se lo carga».
Asegura la Garganta que también Stornelli se lo carga, por orden de Scioli, a alguien más sustantivo. El señor Amarfil.
Trátase del contador que Scioli se lo vuelve a cargar, por segunda vez.
La primera vez fue en el senado, cuando lo reemplazó por Perelmiter. Contador de Scioli, desde cuando vendía licuadoras.
De Amarfil se cuentan influencias trascendentes. Tareas de transporte de altísima complejidad, ideales para tratar en un próximo despacho.

In memoriam

En esta crónica, cabe apenas un poco de lugar para homenajear a los muertos. Barbosa, Vatalaro y Díaz. In memoriam.
Los desdichados, según la versión de nuestra Garganta, estaban perdidos de antemano. Por encontrarse en el lugar equivocado, a una hora en la que no debían.
Por la desgracia de encontrarse en condiciones de conocer, y de eventualmente reconocer, a los asaltantes. Camaradas que conocían minuciosamente la planta, con detalles de terminación, y que venían por el DVCRAU.
Por lo tanto los asesinos no podían, por defensa propia, dejar testigos. Y menos si se trataba de testigos valientes. Abnegados que intentaron defender los bienes que custodiaban, aunque desconocieran, en el fondo, la abyección patética de su utilidad.

Oberdán Rocamora
Continuará
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