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Llegar de España

Con el Ener en libertad, todo está como era entonces.

Jorge Asis - 22 de mayo 2006

Miniseries

Llegar de España

Relajados, casi tranquilos, con la certeza que nadie los persigue, los dos asesinos de Luis Emilio Mitre pueden disponerse a participar de las ceremonias cotidianas de la libertad.
Igual que el entregador. El inescrupuloso que les facilitó, a los asesinos, el acceso, al edificio de Posadas al 1400.
De resultar plausible la tesis del crimen por encargo, el autor intelectual también puede dignarse a respirar con cierto alivio.
En su condición protegida de financista del ritual del horror. Del homicidio que amenaza con quedar impune. Tal como fue planificado.
A los socios para el crimen habría, en cierto modo, que felicitarlos.Con el Ener libre, por «falta de mérito», estamos, en el Caso Mitre, «como cuando llegamos de España».
Así se decía, antiguamente, en el barrio. Para ejemplificar que no se tenía, por ejemplo, nada de ropa. Que se estaba en ascuas. En b…banda.
Por lo menos hasta que pueda decidirse, la señora fiscal, a investigar otros afluentes.
Con el riesgo indeseable de averiguar algo inquietante. Objetivo escasamente movilizador, en apariencias, para la profesionalidad de la  doctora Krasousky.
Y para las vacilaciones expresivas del juez subrogante, el doctor Pinto.
Responsables, ambos, en coro severamente afiatado, del concierto de estancamientos que instiga a suponer que acabamos, todos los gallegos, de llegar de España.
Con graves tendencias a la facilidad de las comparaciones, surge, de pronto, el repentino esclarecimiento del crimen del gay español.
Fue bastante similar al asesinato de Mitre. Ocurrió dos semanas atrás en un edificio de Retiro.
Con menos presiones tácitas, sin incandescencias sociales ni superiores poderes ocultos, la celeridad investigativa consiguió el apresamiento de los dos malhechores. Refugiados en un villorrio de Quilmes.

Avivol

Sin embargo difícilmente pueda avanzarse en la utopía del esclarecimiento del Crimen de Mitre.
Salvo que se les ocurra, de pronto, a los planteles aludidos de la Justicia, a las divisiones respectivas de la Policía, lanzarse a consumir, en ayunas, dosis inquietantes de Avivol.

Fueron cinco meses perdidos entre la banda de las imprecisiones.
Mientras la investigación se estanca, en el laberinto de la parálisis, prospera el juicio por la sucesión.
Acaso entonces lo recomendable, para nuestra salud editorial, consista en desinflar el tema que nunca estuvo inflado. Ponerle punto final y aceptar que la vida no es nada bella.
El objetivo principal del raciocinio consiste en asegurar el avance de los trámites sucesorios que conduce el doctor Martínez Seever. Con el agregado, fuertemente moral, del doctor Hope.
Que los dolientes se redistribuyan con fraternidad los considerables bienes millonarios de la víctima.
Y apostar, en adelante, llegados todos de España, por la magia de la integración y del olvido.

Después de todo, con la asombrosa disipación de cualquier atisbo de interés mediático, lo que se escriba aquí, en el Portal, no cuenta. Tiene menos peso que el alpiste.
Perfectamente el crimen de Mitre puede apilarse entre la montaña de asuntos irresueltos. Y todos conformes. Hasta la injusticia.
Total, con semejantes maneras investigativas, y con el fascinante carnaval de las incompetencias, hacerse asesino puede ser, en Buenos Aires, una aventura gratuita. Casi una pasión desdeñable.

Por tendenciosamente inculpatorio, aún no se dará a conocer el informe técnico del Gabinete de Deconstrucción. No le interesa a nadie.
Desde la comunicación se puede influir. Lo que no se debe es juzgar.
El informe se encarga de analizar los dos textos iniciales enviados al Portal.
Textos cruzados con otros envíos similares que pueden atribuirse al inmeritorio Ener. Y con otros del supuesto falso Ener, atribuidos, por este, al tal Tomás.

A pesar de la pasión por la clausura, conste que el primer mensaje, titulado «La verdad sobre el crimen de Mitre», aún resulta fundamental.
Motivó el artículo «Crimen imperfecto» (ver). Es donde se eleva la tesis del crimen por encargo.
Cuenta, en primera persona, que dos personas lo matan a Mitre cuando fracasan en la preparación escenográfica del suicidio.
Porque no contaban con las ganas de vivir de Luis Emilio. Por las dudas se trascribe, al final.

Ahora puede leerse, en los medios tradicionales que se caracterizaron por el silencio, que el Ener sale en libertad porque, en ronda de presos, el vecino del décimo no lo reconoció.

En adelante, a la consolidada eficacia del doctor Stinfale, le bastó con la aparición providencial de una testigo oportuna. Una señora amiga que indicó, bajo juramento, que la noche del 30, el acusado estuvo con ella.
Para que el Ener, con la falta de mérito, sea hombre libre. Y pueda cumplir su anhelo de estampar los trapos de damas estelares. De la cárcel de Marcos Paz, a la consagración.

Justamente, aquel decisivo vecino del décimo, había compartido el ascensor con los asesinos. Circunstancia que -cuentan los asesinos en el mail que se trascribe- casi hace fracasar el plan.
Ahora: ¿cómo se enteran las autoridades de la existencia del vecino testigo?
Simple: Porque el Suscripto, en un café del Patio Bullrich, se lo cuenta, un sábado de enero, a una autoridad policial jerárquica, de la Comisaría 17.
Información surgida del mail de referencia, que se reenvía después a la Comisaría.
El que contiene el relato del crimen por encargo. Y que es, según nuestro Gabinete de Deconstrucción, para tomar con mayor seriedad.
Sin embargo, para la indolencia básica de las autoridades tribunalicias, se trata de portación insalubre de literatura.

Pero la Policía, según nuestras fuentes, antes de entregar el departamento a Los Mitre, se dedicó a constatar cada precisión aportada, por los asesinos supuestos, en el mail de referencia.
La existencia del vecino testigo del ascensor. Hasta la presencia del árbol genealógico familiar, irrespetuosamente ubicado en el baño. Y otros datos debidamente menoscabados que conducían hacia carriles que no se debían, tal vez, desechar.

Gracias al vecino de la literatura, ahora el Ener recupera la libertad. Y se comprueba, otra vez, la astucia del repentinamente desinteresado doctor Stinfale.
Un abogado que merece respeto, al jugar su prestigio en la defensa de un cliente tan económicamente insolvente.
Con la correspondiente felicitación por la austeridad vocacional del doctor Stinfale, desde el Portal se instiga, a sus colegas, para que imiten su ejemplo.
Resulta conveniente, para terminar, prescindir de una caravana interminable de preguntas que caerían en el territorio del vacío.
Para formularlas, en todo caso, cuando se manifieste un renovado interés por hacer justicia.
Cuando alguien, sin necesitar graves dosis de Avivol en tabletas, mantenga el deseo relativo de investigar.
Y decida dejar, de una buena vez, España.

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