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A sangre fría

La vuelta del Rescate de Mitre, parte V. A pedido, por tanta obscena acumulación de silencio.

Jorge Asis - 15 de marzo 2006

Miniseries

A sangre fría

El periodismo suele ser una disciplina menos sutilmente gentil que la diplomacia.
Como punto de partida, el honor de los Mitre, en una república, vale tanto como el honor de los Gómez.El crimen de Mitre languidece entre las secuelas pudorosamente silenciosas de la resignación y del misterio.
Sin embargo se asiste al registro de un cierto compendio de irregularidades comparadas.
Para atenuar descalificaciones primarias hacia la identidad de novelista, es conveniente recurrir a la información.

En principio, la tesis del Tercer Hombre continua vigente.
De manera extraoficial, puede asegurarse que la noche del crimen, del 30 de diciembre, Luis Emilio Mitre fue penetrado por dos individuos.
Según nuestras fuentes irreprochables, que se reservan, la autopsia presenta restos de semen diferenciados.

Segundo. Setenta días después, el crimen comienza a ser investigado por la División Homicidios.
Sorprende, el traspaso, pero por lo tardío.
Cuesta admitir que un caso de semejante sensibilidad, de previsible resonancia hasta hoy contenida, haya sido asombrosamente librado a las competencias acotadas de una Comisaría. La 17.
De todos modos, a pesar de la carencia de estructura para asegurar el seguimiento minuciosamente investigativo, y a la multiplicación de tareas simultáneas que se amontonan, desde el ámbito de la seccional, el tema Mitre se manejó con mayor eficacia de la esperada.
Significa directamente sugerir, con el riesgo de cierta perversidad analítica, que el crimen de Mitre se dejó librado a la competencia de la comisaría, con el propósito que evitar, en lo posible, o de diluir, la perspectiva incierta del esclarecimiento.

Un breve repaso introductorio indica que el cadáver estragado de Mitre fue descubierto el lunes 2 de enero, a las 12.30. Alrededor de sesenta horas después del asesinato.
Por la señora Ema, la ama de llaves que carecía, justamente, de llaves.
Y por el doctor Groisman, el psiquiatra personal de Luis, que las tenía (las llaves).
Antes de comunicarse con la policía, el doctor Groisman pudo comunicarse con Bartolomé Mitre.
Entre las 14.30 y las 15, llegaron los tres hermanos Mitre.
Las doloridas mujeres, la señora Kinucha, la mayor, y la señora María Elisa, con su esposo Juan. Y por supuesto Bartolomé, con su esposa, la perceptible señora Nequi Gallotti.
Tampoco los tres hermanos, acaso explicablemente conmovidos por la emoción macabra del patetismo del cuadro, y atenazados por cosmovisiones de acongojante pudor, se comunicaron de inmediato con la Policía.
De manera que siete personas, fuertemente impresionadas, compartieron el espacio del departamento, durante tres horas. Acompañaban el expresionismo del cadáver de Luis Emilio.

Según nuestras fuentes, fue el periodista de la sección Policiales de La Nación, Hernán Cappielo, el que, a una hora incierta, se comunicó con el Jefe de Policía, el Comisario Vallecas. Y probablemente también con el ministro del Interior. Lo cierto es que el ministro se comunicó también después con Bartolomé Mitre. Con su amabilidad funcional característica, y con las distancias del caso, Aníbal Fernández se puso a disposición del afectado director del diario La Nación.
Pudo rastrearse también que el Comisario Vallecas instruyó después, al subordinado de la zona, para que se trasladara al determinado departamento de Posadas al 1400.
Por lo tanto el Comisario Pedace, de la Seccional 17, llegó al departamento del crimen recién a las 18.25.
Por su parte la fiscal, la doctora Krasuscky, llegó a las 18.50.
La cronología desarrollada deja abierto el espacio. Liberado para las aventuras de la interpretación.
Demasiado tiempo, invalorable y decisorio, para entregarse a las bondades previsibles de la emotividad. Y a las acotaciones admisibles del pudor culturalmente social.

Mensajes

Resulta ocioso, a esta altura del Rescate, repetir las comunicaciones por correo electrónico de los confesos asesinos. Las que fueron remitidas al Portal, y con posterioridad a dos redacciones de semanarios.
Puede tratarse de un exclusivo remitente, en sus distintos tonos de Jano.
Trátase de una caracterología capitalizada por una sorprendente capacidad de desdoblamiento, que puede confundirse con esquizofrenia. O con mera inteligencia de desesperado que envía mensajes múltiples. Poli direccionales.
A propósito, por iniciativa privada del Portal, se someten, en la actualidad, las diversas comunicaciones a una suerte de Gabinete Psicológico. Capacitado, en el aspecto técnico, para la deconstrucción activa de los textos.
Mientras se aguarda el informe respectivo, que en su oportunidad se editará en el Portal, puede anticiparse que se advierte una extraña superposición de tiempos y sujetos.
Sin embargo, es posible que los textos encierren las claves del asesinato, ejecutado a sangre fría.
Desde la teoría del crimen por encargo, que debía ser presentado con la altiva soberbia de un suicidio. Hasta las contradicciones enmarañadas, las faltas de ortografía demasiado elaboradas, las idas y vueltas de la llamada regla del punto de vista, las imposturas, las cinematográficas fugas.

Surgen nuevas comunicaciones del Ener.
Trátase del ya famoso joven Marcelo Chiappetta, alias el Energúmeno.
O Rivadavio, como también lo llamaba, con ironía creativa, Luis Emilio. Porque el Ener convivía últimamente con un Carlos Ángel, de la avenida Rivadavia.
Los inéditos mensajes también se ponen a disposición, por definitiva vez, de la justicia.
Si es que le interesa aclarar algo a la justicia. Aunque el método investigativo consista en estar conectado, por ejemplo, al Portal, a los efectos de utilizar la información proporcionada, para luego tratar de mejorarla.

Debe aclararse, para evitar precipitaciones interpretativas, que nadie puede asegurar que el Ener sea el asesino.
Sin embargo habrá que convencerse también que su testimonio, por lo menos, puede resultar fundamental para la clarificación del enigma.

Hasta la semana anterior, el célebre señor Chiapetta, que mantiene ya distante la orden de captura, se encontraba localizado. Deambulaba por cierta regocijante región de Córdoba, que alguna vez supo fascinar, por las emanaciones cambiantes de su luz, al gran músico español Manuel De Falla.
Y también se lo detectó, al Ener, en otra pequeña localidad cercana, entre montañas.
No fue entonces apresado, el Ener, por las secuelas del desinterés. Y por inadmisibles trabas burocráticas que instigan a la llamativa carencia de efectividad. Y a la extensión de la impunidad. Por las tramitaciones presentadas como obstáculos. Derivadas de los cambios de competencias jurisdiccionales. Por autorizaciones que se demoran. Por un absurdo sistema de procedimientos. En un ambiente opresivo donde todos tratan de evitar razonables sumarios internos, que permite que puedan escaparse, en la inmensidad del desierto, hasta las tortugas rengas.

POSTALES DE VIAJE

En los nuevos textos, el Ener, ahora, aparte de formularnos algunos reproches puntuales que certifican algún acercamiento con los Mitre, denuncia que «le hicieron una cama».
Y exhibe, en otro mensaje que reenvía al cronista, un conjunto de sospechas sobre su amigo Tomás G.
Como si se arrimara la sospecha, a través del suburbano Tomás, hacia el Tercer Hombre.

Cuenta el Ener que Tomás lo acompañó al viaje cinematográfico, ideal para ser recreado por Leonardo Favio. El colorido relato lo estudia ahora el Gabinete de Deconstrucción.
Se fueron hasta Entre Ríos en remisse. Después en micro hacia Corrientes. Visitaron la Virgen de Itatí, El Ener se conmovió con el espectáculo de la pobreza.
Cruzaron en balsa, hacia el Paraguay, donde residen los padres de Tomas. Pernoctaron en Itarica, conocieron algún chico encantador. Deambularon por la custodiada zona de la triple frontera, pasaron al Brasil.
Relato del viaje detallado, que seguramente ocurrió como lo cuenta.
Aunque con una posible interpolación de tiempos que se estudian.
Lo presenta el Ener como un viaje ocurrido durante los días en que se cometió, en Buenos Aires, el crimen. Del que dice tomar conocimiento en Paraguay, por un noticiero televisivo.
El viaje entonces se convierte, así, en la irrefutable prueba de inocencia del narrador.
Aunque puede tratarse del viaje ocurrido después de la ceremonia del crimen.
Y que fue anticipado en uno de los correos, ya publicados por el Portal Urgente 24. Y por la revista Noticias.

Al ensuciar el escenario con mensajes entrecruzados, el joven Chiapetta se convierte en sujeto más fundamental aún.
Sobre todo ahora, cuando denuncia, acaso para desligarse, que su amigo Tomas, el compañero de viaje, «algo tuvo que ver con la muerte de Luis Emilio».
Aparte, cuenta que Tomás utilizaba su dirección de correo para enviar mensajes a periodistas y enlodarlo. Que le había copiado, al Jano, hasta la clave. Y que Tomás tiene una notable capacidad informática, como para engañar a cualquiera que suponga tenerlo vigilado.

Sin embargo el Ener, a pesar de la potencia del relato, esta «hasta las manos».
Porque debe figurar en la causa un mensaje que tal vez no pudieron borrar los sollozantes parientes y allegados que compartieron tanto tiempo muerto, con el muerto. Un mensaje que quedó registrado en el contestador telefónico de Luis Emilio.
Es del amigo M.G, del sábado 31 de diciembre, a las 13. Dice algo así:
«No atendés, Luis, se ve que el Ener anoche te dejó de cama».
Pero Luis Emilio no atendía, pobre, porque estaba muerto.

PUÑADO DE MILLONES DE DOLARES

Para terminar la primera parte de la vuelta de Mitre, en su nuevo texto el Ener denuncia que un supuesto integrante del gobierno de Kirchner, le habría suministrado, a Tomás, setenta mil pesos.
La vida de Luis Emilio, en todo caso, a cambio de hoy, podía valer poco más que 23 mil dólares.
El nombre del supuesto allegado gubernamental, se encuentra también a disposición de la justicia. Y está previsiblemente oculto, en otras diversas direcciones, como así también lo están otras tantas informaciones recogidas en diversos ámbitos, de altísima sensibilidad, y que se evalúa la pertinencia de publicar.

Al fin y al cabo, la acaso superada Fiscal Krasuscky, y el honorable juez Pinto, mantienen la misión de despejar, hasta clarificar y resolver, el compendio inagotable de irregularidades que salpican la causa, hasta colmarla de enigmas.

Aunque se trate de un asesinato de marca, tanto los psiquiatras y abogados -aunque sean familiares íntimos- mantienen la obligación de conocer la rigurosidad de ciertos procedimientos.
Es decir, son profesionales que disponen de la suficiente preparación cómo para saber comportarse, de manera trasparente e irreprochable, en situaciones horriblemente semejantes.
En realidad, casi como única concesión hacia la literatura, el juez Pinto podría inspirarse en el ejemplo investigativo de Agata Christie, practicado sobre todo en «El Crimen del Expresso de Oriente».
El de encerrarse compulsivamente en el vagón de una pieza con los involucrados en esta historia. Y averiguar, simplemente, sin que sea necesario ningún gabinete de deconstrucción, quienes mienten. Cuánto y hasta adónde mienten. Y sobre todo, por qué mienten.

Persiste en la escenografía un muerto. Trátase de la memoria de una epopeya personal. Un ser que fue humano, que necesita más de la justicia que del olvido.
Persiste, aparte, algún considerable puñado de millones de dólares en juego.
Y un corporativismo de silencio tan estricto como impenetrable. Y deslegitimado.
Vaya entonces una última infidencia imperdonable, que incita a avanzar, en próximos despachos, por otros andariveles.
Según nuestras fuentes, el verdadero hombre fuerte del diario La Nación, Julio Saguier, supo enviar mensajes trasparentes. Ostensibles y directos, hacia determinados responsables de la investigación.
Pudo averiguarse que Saguier transmitió, en persona, que si los encargados de investigar reciben alguna presión, la que fuera, para impedir los avances, que no vacilen en recurrir a él.
Porque Saguier en apariencias aspira, saludablemente, al esclarecimiento total.

Mantenerse, para saber, siempre conectado.

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