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Las cajas de Santa Cruz

Publicado el 31 de Mayo de 2005.

Oberdan Rocamora - 31 de mayo 2005

Artículos Nacionales

losdesaparecidosdesantacruzRío Gallegos (de nuestro enviado especial, Oberdán Rocamora). Aquí, instalado casi de manera clandestina, y de regreso de Puerto Madryn, el cronista envía este primer despacho con intenciones primarias de reportarse.

Desde Gallegos, casi capital moral de la república, una cantera inagotable de dirigencia innovadora. En realidad, si el periodista viajero consigue quebrar la rigidez de la desconfianza, puede percibirse que cualquier duro habitante se encuentra capacitado para traficar la información inquietante más calificada, acerca del conjunto de seres discutiblemente presentables que, después de ocasionar los más graves desmanes en la comarca, por imprudencia de Duhalde se supo apoderar, con voracidad y vehemencia, de las cajas de la administración nacional.

Voltaje cinematográfico en Madryn

Sin embargo en Gallegos se respira un clima un tanto más aliviado que en Madryn. Y por supuesto que no se trata de la uniformidad del frío, que es similar; o del paisaje, que conserva tramos significativamente grandiosos.

De Puerto Madryn, el cronista promete enviar algún próximo despacho sobre la parálisis de sesenta días, por los desvaríos ocasionados por los graves litigios sustanciales de la pesca. Contemplan un completo menú de intereses político- comerciales, conflictivamente interprovinciales entre Chubut y Santa Cruz. Con alianzas que amenazan con deshacerse, y recomponerse entre los gobernadores Acevedo y Das Neves, en triangulación inevitable con intereses conjeturables del propio presidente Kirchner.

Y con una conjunción de empresas claramente vinculadas al negocio del poder, como Conarpesa, de los españoles Álvarez, inexorablemente comprometida con el suspenso de algún asesinato célebre, como el de Cacho Espinoza, ejecutado por encargo de señores honorables, y por asesinos identificados que insólitamente recuperaron su libertad.

En fin, una problemática de alto voltaje cinematográfico, mezcla de entrecruzamientos económicos con el pintoresquismo de rupturas matrimoniales aprovechadas por los enemigos. Y con el marco esplendoroso de una geografía agresivamente bella, ventosamente endurecida, de donde surge un negocio anual de 30 mil toneladas de langostino que se cotizan a doce mil euros cada una.

Sin contar, tampoco, los langostinos marinados, o denominados a la romana, recubiertos de una espesamente valiosa carga blanca.

Por lo tanto vale la pena, Asís, que transfiera al cronista los viáticos por otros quince días.

Caja story

Para empezar la cobertura que se convertirá en un hito del periodismo de investigación, desde Río Gallegos, el cronista decide despachar la muy buscada fotografía de La Caja.

Es una Caja fuerte que guarda, posiblemente, sólo misterios que estimulan la imaginación de los locales. No corresponde tampoco, por nuestra parte, siquiera sugerir lo que determinados confidentes, vocacionales gargantas profundas, sospechan.

Las Cajas, porque son dos las Cajas, de dimensiones más que gravitantes, pertenecían a la sucursal de Río Gallegos del Banco Hipotecario Nacional. Se hallaban empotradas en el viejo edificio que estaba en la calle Zapiola, y como el banco fue trasladado a otro sitio, las pobres Cajas no tenían lugar.

¿A qué se encuentran en condiciones de adivinar entonces quién se quedó con las Cajas?

Por supuesto, fueron los Kirchner. Una de las Cajas quedó para la nueva residencia matrimonial. La misma que le compraron, por un precio irrisoriamente simbólico, a un sobreviviente de los que fueran los poderosos Gotti, de cuyo despedazamiento empresario -con Invernes incluido- se hablará detalladamente en un próximo despacho, si es que llega, claro, previamente, la transferencia.

En este despacho, el cronista prefiere evocar las peripecias que ocasionó aquel traslado de la Caja. Y a la vista, casi azorada, de los habitantes de la ciudad del sur que tiene más desconfiados por kilómetro cuadrado.

Para trasladarla, debieron utilizar trabajosamente una grúa de la empresa de Zalim Kesen. Y aunque desde el edificio antiguo del Hipotecario, situado en la calle Zapiola, hasta la casa presidencial de 25 de Mayo y Maipú, hay sólo seis cuadras, para lograr meterla en el interior, el pobre turco Zalim Kesen debió extremar su ingenio. «Le costó uno y más de la mitad del otro», nos confió un allegado que sabía todo, en la medianoche del Belfast.

La pregunta, que se hacían los hombres duros de Gallegos era: «¿Para que demonios, el Lupo y la Lupina, quieren una Caja tan grande en la casa?»?.

Las respuestas, todas, fueron previsiblemente presumibles.
La otra Caja, en cambio, la de la foto que se envía para ilustrar el despacho, fue trasladada hacia la residencia de los Kirchner en el Calafate. Curiosamente, adonde el cronista se encontrará hacia el final de semana.

Y alojado, de confirmarse una reserva efectuada con otro nombre, en la acogedora posada de Angelita Girometti, viuda de Guatti, una dama sexagenaria que merece, posiblemente, las luces cercanas de la celebridad.

¿Ve, don Asís, que puede ser una inversión informativamente rentable enviar a este cronista al Sur? Y conste que se resistió a poner efectivo para alquilar, aunque sea, una 4 por 4, como tienen casi todos los referentes del kirchnerismo en suave declinación, sobre todo aquí, en Gallegos, donde, porque los conocen, perdieron hasta la intendencia.

Angustias

A propósito, en el Mónaco, el cronista pudo enterarse que la declinación de Kirchner es tan alarmantemente notoria que el Rudy Ulloa Igor, el ejecutivo multimediático chileno, y hombre fundamental en la estructura local de los Kirchner, hoy trata, por todos los medios posibles, «de pedir pista con Acevedo», el Gobernador. Aspira a tirar la toalla después de haberlo combatido con estoicismo, y con su poder mediático, como si se tratara de un Magnetto del sur.

Sucede que el Rudy debe cuidar explicablemente sus posiciones conquistadas, y que es altamente probable que Acevedo sea reelecto en el 2007. Hay quienes sostienen que pactó como consecuencia de un compromiso con Kirchner, para bancarlo en las desprolijidades incandescentes relativas a los fondos desaparecidos de Santa Cruz.

No obstante Acevedo sorprendió, con su firmeza, al peronismo del lugar. Sobre todo al no vacilar desprenderse de varios de los incondicionales de Kirchner que se habían quedado para acotarlo.

A Bontempo, por ejemplo, otro genio que también está en Buenos Aires. Por aquí todos descuentan que Bontempo será el reemplazante de Oscar Parrilli, en la Secretaría General de la Presidencia. Algún Garganta Generosa, de información irreprochable, que el cronista se abstiene de citar con su nombre por motivos obvios, asegura que Kirchner aprovecha las elecciones plebiscitarias para quitarse de encima a varios de los protagonistas que nada tienen que envidiar a los históricos de un film de Federico Fellini. «Il Vitelloni», conocido en Argentina como Los Inútiles.

Por lo tanto, Kirchner planifica liberarse de todos los inútiles que lo rodean, y adosárselos al parlamento, que se convirtió en el espacio monstruoso de máxima inutilidad.

A Parrilli para Neuquén, «que es un gil que se pone a discutir de política con los piqueteros», y «no es capaz de encontrar un taxi a las 11 de la mañana por la avenida de Mayo». Y sobre todo a Rosatti, al que el Lupo contó en la ceremonia del vermucito que ya no lo soporta más.

Porque debe enterarse de lo que pasa en la Justicia por los diarios, y es justamente ahí cuando quisiera disponer de un buen Corach.

«Rosatti es uno de los tantos regalitos que me dejó mi mujer», dice el Garganta que contó el Presidente. Porque la señora Cristina, en apariencias, quedó fascinada con los modos de Rosatti, cuando se encontraba curiosamente tan desenvuelta, tan bien aspectada en la convención reeleccionista de Santa Fe. Y él, Kirchner, a propósito, entonces tan angustiado, y con cierta inclinación al whisky berretón que tanto agredía a la fragilidad de su colon.

Para justificar sus viáticos, don Asís, el cronista desde aquí puede ofrecerle algo más. Ahora el Presidente está igualmente angustiado, pero por el probable fallo de la Corte sobre la pesificación. Es lo que más le preocupa, en apariencias, aunque despotrique en las tribunas contra la impunidad y quiera terminar con la Obediencia de vida.

Final con pavos

Por temor a que rebanen la dimensión del despacho en Buenos Aires, el cronista piensa ya en la tristeza del punto final.
Pronto seguirá con los motivos del pedido de pista del Rudy. Acaso son motivados por el resultado de una encuesta reservada que se hizo en la provincia. Tenga prudencia porque, si se entera Paquito Larcher que difundimos el resultado, se puede enojar.

Primero, por supuesto, está la señora Cristina. La misma que usted, don Asís, denomina La Vampiresa. Aunque aquí suelen valorarla a la Lupina, sobre todo por lo que debió aguantar mientras criaba a sus hijos. Cristina Fernández tiene el 61 de imagen positiva.

Pero la sigue, como segundo, Acevedo, el Gobernador, con 54. Recién, tercero, aparece el presidente, con 42. Y seguido del senador Prades, ostensiblemente menor, con alrededor del 30.

Aquí sólo puede plebiscitarse el Presidente, en la elección legislativa, si la candidata es la señora Cristina. Porque la Alicia, la Bombona, numéricamente no registra. No carga el dínamo.

Para terminar, ahora sí, a Acevedo habían intentado mancillarlo los hombres del Rudy con el mascarón de proa del Pavo Sancho, que es el vicegobernador. Es también el dueño de la Inmobiliaria Sancho, donde tiene una oficina Máximo, el hijo mayor de los Kirchner, en cuyas anécdotas, por una cuestión de códigos que usted impone, preferimos no detenernos. De quien hablaremos, también, con seguridad, es del enigmático Osvaldo Sanfelice, que tiene, en la estructura, una misión fundamental.

La que la señora Carrió, muy bien informada sobre las bajezas de estos pagos, le atribuye a De Vido.

Ah, para cerrar, al Pavo Sancho, la encuesta le da 0,6 de aceptación.

¿Cómo no va a pedir pista a Acevedo, entonces, el Rudy?
Lo que resta de los viáticos, por la noche, el cronista lo invertirá en Belfast.

Oberdán Rocamora
para JorgeAsisDigital.com

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